Entre los tres principales contendientes en la elección presidencial de 2012, Enrique Peña Nieto, candidato del PRI representa, como una vez dijo Mario Vargas Llosa “la dictadura perfecta” de un partido que gobernó durante 70 años. Por su parte Josefina Vázquez Mota, candidata del PAN, representa para los mexicanos la continuidad de un régimen de derecha que durante los últimos 12 años agudizó la miseria en la que se debaten la mayoría de los mexicanos y sembró al país de cadáveres.

Andrés Manuel López Obrador, representante de la izquierda mexicana, que gobierna actualmente a la Ciudad de México --en donde la aprobación de los ciudadanos es de alrededor del 70%--, tiene una larga historia de lucha por las causas sociales y posee la virtud de convocar de igual manera a las masas, los intelectuales, los académicos y al sector nacionalista de la clase empresarial.

2012, una elección plagada de irregularidades

Pese a ser una de las elecciones más observada, la de 2012 parece ser también la que mayores irregularidades ha presentado. La organización Alianza Cívica, acreditados como observadores, ha dado a conocer algunas de las principales violaciones: compra y coacción del voto, intimidación a los electores para que votaran por el candidato Peña Nieto, uso de “niños halcón” para que vigilaran que los votantes lo hicieran en el sentido que se les ordenó. Así mismo, el 28% de los votantes encuestados por Alianza Cívica reportó que fue sujeto de prácticas de compra y coacción del voto, de los que un 71 % dijo haber sido presionado para votar por el PRI.

Por su parte la periodista mexicana Carmen Aristegui ha documentado la compra de 2,924 millones de pesos que los gobiernos estatales encabezados por el PRI en Nuevo León, Coahuila, Durango, Estado de México, Baja California, Sinaloa y Guerrero, realizaron a la empresa Soriana, a fin de cambiar votos por productos alimenticios.

Son múltiples las maneras poco éticas de inducir o coaccionar a los votantes, desde la manipulación y contubernio con los medios de comunicación denunciados en The Guardian, hasta el reparto de monederos electrónicos para viajar gratis que hicieron las compañías de autotransporte, el involucramiento de las cementeras, la “ruleta” implementada por el sindicato de maestros y otras formas de manipular la pobreza para obtener votos.

La izquierda tiene en su poder miles de tarjetas prepagadas de Tienda Soriana, las que fueron distribuidas por el PRI para la coacción del voto; al mismo tiempo, contingentes se manifiestan reclamando al PRI que no les pagó lo prometido a cambio del voto.

Resistencia civil pacífica

La batalla electoral, está dejando una oleada de movimientos sociales, entre ellos el de universitarios #Yosoy132, iniciado en la Universidad Iberoamericana y extendido a la totalidad de los espacios de educación media y superior.

Por lo pronto, la sociedad mexicana, descontenta con “el cochinero” sale a las calles a manifestar su repudio y construye redes para enfrentar el mayor reto de la historia reciente en ésto que se ha dado en llamar “la hora de las masas”, o “la primavera mexicana”.

Una elección seriamente impugnada

Fundamentada en la larga cauda de irregularidades, la elección mexicana del 2012 está en entredicho no únicamente por la impugnación que ante los tribunales electorales y otros organismos realiza la izquierda. Lo que resulta todavía más importante, es la ausencia de ética y disfuncionalidad de las instituciones mexicanas que antes, durante y después del proceso electoral se mostraron incapaces de contener a los poderes fácticos que han intervenido la elección.

Independientemente de la resolución jurídica que el conflicto electoral mexicano alcance, el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, está a la cabeza de uno de los movimientos sociales más significativos en la historia de México. Su capacidad para convocar a todas las clases sociales no debe ser desestimada; está la sociedad tras el candidato.

López Obrador representa a demandantes de un cambio con rumbo y con sentido, quienes hartos del crimen, la violencia, la represión, la miseria, la manipulación de los medios de comunicación, el atraso educativo, la corrupción y el escandaloso enriquecimiento de unos cuantos, buscan trascender la herencia de subordinación e ignorancia, y hacer de México un mejor lugar para vivir.

No olvidar que de los 49 millones de personas que votaron, apenas 18 millones de votos fueron para el PRI. Los 29 millones de mexicanos que votaron por la izquierda, por el PAN, o anularon, esperan que quien asuma la Presidencia gobierne para todos.

Y después de una elección tan escandalosamente manchada, la pregunta que ronda la mente de los mexicanos es ¿De asumir la Presidencia, cómo hará Enrique peña Nieto para gobernar un país tan dividido, sin recurrir a la violencia institucional? ¿Cómo concertará las alianzas que México necesita para resolver la pobreza de 60 millones de mexicanos desde una Presidencia sin legitimidad? Los ojos del mundo están puestos en México.