El concepto de yo-político está extraído de una charla grabada en casetes bajo el nombre "Extraterrestrial Earth Mission: Living outside your survival bubbles" (traducido como "Misión extraterrestre en la Tierra: cómo vivir fuera de las burbujas de supervivencia") el año 1988 en Sedona (Arizona). Los ponentes se llaman Silarra y Savizar y dicen constituir una encarnación humana de seres extraterrestres cuya misión es facilitar la co-creación del cielo en la Tierra.

Prescindiremos de juzgar la verdad o falsedad de esta afirmación para centrarnos en exponer el término de yo-político y sus repercusiones en la conducta cotidiana, puesto que nos parece extremadamente útil y clarificador a la hora de ayudarnos a vivir con mayor autenticidad y de acorde con nosotros mismos.

El yo-político es una realidad frecuente en la tercera dimensión

En la tercera dimensión, la que nosotros conocemos pero que, según parece, estamos superando en favor de la llegada de una cuarta e, incluso, quinta dimensiones, tendemos a preocuparnos básicamente por sobrevivir, ya que creemos que el mundo está lleno de peligros, carencias y muerte. El miedo resultante de estas creencias provoca que construyamos una especie de burbujas ilusorias con ideas preconcebidas - prejuicios - sobre cómo funciona la realidad. Además aceptamos la realidad de los demás como si fuera la propia pero nos aislamos de la verdad mediante identidades de supervivencia, las cuales pasan a formar parte de nuestro ser como una segunda piel, alejándolo de su realidad profunda.

La persona que reside en una burbuja de supervivencia busca fuera de sí misma el poder - conocimiento, fe y sabiduría - necesario para realizar sus anhelos vitales, su visión, y pretende que el grupo la apoye. Si no es así, el sujeto se siente obligado a manipular, renunciando y negando la fuerza de su propio espíritu, el cual solamente se somete a su propio parecer y considera absurdo compararse a los demás .

El yo-político en el ámbito sexual

Cuando alguien supera su yo-político sexual, rechaza por completo seducir a nadie. Se limita a seguir su espíritu sin dudar y acata lo que éste le tenga guardado para su experiencia, implique intercambio sexual o no. Renunciar a la seducción conlleva confiar plenamente en que somos capaces de atraer a la persona indicada sin forzar la suerte, sin cultivar nuestro ego ni el del otro.

La alternativa, no obstante, entre seducir y tener sexo o renunciar al sexo es falsa. Existe un tercer camino, quizá el más difícil y osado, que consiste en ser devoto y humilde siervo de lo que el espíritu escoja para nosotros, sin temor, ya que obsesionarse con lo que carecemos crea mayores obstáculos a la consecución de lo que deseamos.

La intensidad que encontramos en las relaciones sexuales puede experimentarse en cualquier otro aspecto de nuestra vida cotidiana, si aplicamos nuestro ser espiritual en ello. Por eso, seducir resulta un malgasto de energía y puede conducir a situaciones adversas, como aquella en que el baremo de nuestra vida amorosa consista única y exclusivamente de nuestra pericia sexual.

Aquellos que emplean el sexo como arma de poder o como lazo para cazar a una pareja, en el fondo crean una relación donde el sexo importa más que el amor y en donde el control sobre lo que piensa el otro resulta imprescindible para convivir, hasta que uno de los dos encuentre una pareja sexualmente más atractiva.

Tipos de relaciones según el yo-político

Quienes viven en la burbuja del yo-político construyen relaciones basadas en el karma, es decir basadas en el interés, sin amarse de verdad. En este caso, cada cual actúa a la espera de recibir algo del otro y, a su vez, queda atrapado en lo que el otro quiere de él; por consiguiente esconden su verdadero ser tras una máscara de falsa amabilidad o preocupación por su semejante, cuando, si siguieran a su espíritu, tendrían permiso para mostrarse enfadados, tristes, amedrentados o felices sin preocuparse por lo que pensaran los demás: lo fundamental entre personas sin yo-político es la alineación bajo un aspecto común (un proyecto), a pesar de las diferencias, y no la aquiescencia ni el acuerdo forzoso, por educación o compromiso.

Un ser sin yo-político rechaza someterse a la autoridad de otro ser que viva bajo premisas exteriores a su esencia. Todos los grandes personajes de la historia conquistaron la gloria sin contar con el beneplácito de la sociedad en que vivían; reventaron sus burbujas y dejaron a la humanidad el fruto de su coraje.

La firma energética

Se llama así a la emoción que nos avisa de que lo que estamos experimentando es auténtico y nos conmueve, provenga de la interacción con una persona, una cosa, una emoción, una idea o demás.

Cada uno debe llegar a discernir en dónde reside esa firma, y saber qué está vivo para él, o qué le deja indiferente. Gracias a eso llegará progresivamente a realizar aquello por lo que nació.

A veces sentimos la firma energética cuando reaccionamos sin pensar, a lo loco o sin importarnos los demás. A pesar de que, a ojos del yo-político, suponga una actitud egoísta, en un sentido profundo y más allá de convencionalismos, el ser siente que tiene derecho a esa experiencia, pues dar cabida al espíritu conlleva ser plenamente humano, al contrario de lo que nos pueda parecer, y no vivir en la idealización de la divinidad, como una isla, protegidos e insensibles.

El descubrimiento y definición del yo-político permite rescatar de entre los lazos superficiales que creamos en el día a día nuestra parcela individual del ser más genuino. Desprenderse de este yo enajenado nos conducirá a un mayor bienestar y plenitud, así como a un mejor entendimiento de los valores humanos que todos necesitamos reconocer en los demás y en nosotros mismos.