En Caldes de Malavella, Girona, España, se encuentra este interesantísimo yacimiento paleontológico de una conservación excepcional. Se han recuperado una gran cantidad de fósiles que hacen de este yacimiento un lugar imprescindible para recopilar los últimos 4 millones de años de nuestra historia, ya que la información que nos está proporcionando este peculiar lugar nos relata como era el medio ambiente, el clima y la fauna, justo en el momento antes de eclosionar la era Homo.

Además, también nos permite descubrir el antes y después que marcó el porvenir de la evolución humana, pues hace unos 2 millones de años, la historia geológica nos dice que la Tierra entró en la llamada dinámica glacial-interglacial. Asimismo, alrededor de este maar –que es como se le llama a este tipo de lagos-, se han hallado restos de una laurisilva (bosque de laureles similar al que existe hoy día en las islas Canarias occidentales), gracias a que por aquellos tiempos existía en la zona un clima de tipo subtropical.

Breve historia del yacimiento

El ingeniero de minas y geólogo Dr. Lluís María Vidal fue quien localizó unas arcillas lacustres de edad cuaternaria que se apoyaban sobre una base de origen volcánico, en el año 1882. Entonces, el Camp del Ninots era denominado Can Pol. Durante todo el siglo 20 este yacimiento Plioceno fue estudiado por distintos autores que se ocuparon del vulcanismo y del termalismo de este interesante municipio catalán.

Entonces, la Associació Arqueològica de Girona (AAG), estuvo realizando una intensa investigación a partir de los años 70 en la zona. Así, por aquellos tiempos, se descubrieron más de 120 estaciones paleolíticas solamente con industria lítica en superficie en toda la comarca de La Selva. La Universidad Rovira i Virgili, y más tarde, el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), retomaron en el año 1999 el estudio englobando la depresión de la Selva y el mediano del valle del Ter con un nuevo proyecto.

Y en el año 2003, se inició la excavación del Camp dels Ninots con el ímpetu de localizar nuevos yacimientos en estratigrafía y con restos de fauna. Por lo consiguiente, cada año el IPHES realiza una campaña de excavación durante un mes. En la actualidad, en Caldes de Malavella, se han encontrado restos arqueológicos de termas –pues ya era conocido en la época romana-, varios balnearios y aún se siguen explotando algunos de sus famosos manantiales.

Un volcán que escupe historia

El volcán de Camp dels Ninots fue descrito en el año 1999 por la geóloga Montserrat Vehí, quien atribuyó los sedimentos lacustres al relleno de un cráter de un antiguo volcán que tuvo erupciones freatomagmáticas. Durante su investigación, Montserrat descubrió, por casualidad, varios fragmentos de huesos que pertenecieron a grandes herbívoros.

En 2003, fue cuando se reanudaron los estudios del yacimiento que incluyeron una aproximación geológica, basada en la aplicación de nuevas técnicas de investigación y arqueológica , ya que la riqueza de industria paleolítica que se encuentra en los niveles cuaternarios del yacimiento lo requería, si bien más adelante, y debido al descubrimiento de abundantes restos fósiles del Plioceno en los niveles lacustres, estos estudios se extendieron también al ámbito paleontológico.

Las investigaciones del Camps dels Ninots comenzaron aparecer en los medios de comunicación en 2004, cuando aparecieron los primeros restos esqueléticos de grandes mamíferos que estaban en conexión anatómica. Se halló el esqueleto de un bóvido ya extinto que podría formar parte del conjunto de los antepasados de los actuales toros, búfalos y bisontes. Era el Alephis tigneresi, un animal con un dimorfismo sexual, pues las hembras no tenían cuernos.

Probablemente, se alimentaba tanto de hojas como de hierbas, y tuvo un comportamiento territorial: un macho defendería un territorio habitado por un grupo de hembras. Se han encontrado cuatro esqueletos completos de esta especie.

Además, se han descubierto dos tapires y un rinoceronte. El tapir pertenece a la especie Tapirus arvernensis. Son animales actualmente extintos en Europa, y que están relacionados con la especie actual que vive en el sudeste de Asia y la isla de Sumatra. Son típicos de bosques húmedos y se alimentan de frutos y hojas.

Por su parte, el rinoceronte es posiblemente un espécimen juvenil de la especie Stephanorhinus jeanvireti, ya que no tiene incisivos en la mandíbula y que, por lo tanto, podría relacionarse con los rinocerontes actuales de África. No sólo se han hallado restos de estos grandes animales sino también peces, fundamentalmente del grupo de los ciprínidos, ranas, tritones, aves, roedores y tortugas. Entre los invertebrados, se ha encontrado un miriápodo, estos artrópodos son muy escasos en el registro fósil.

Otras joyas de Camp dels Ninots

Respecto a la vegetación, en el yacimiento se han encontrado en diferentes capas lutíticas, una enorme cantidad de impresiones estampando las rocas, correspondientes a plantas que vivieron alrededor del maar. Los estudios revelaron que existió una vegetación acuática en aguas poco profundas y someras. Otra vegetación típica de ribera, estuvo constituida por chopos, alisos y sauces. Finalmente, una laurisilva en donde se integraron laureles, encinas, acebos y algunos árboles caducifolios del tipo de los nogales o arces.

Y si bien la existencia de elementos óseos de macrovertebrados es relativamente frecuente en yacimientos ibéricos del Terciario y Cuaternario, es inusual que estos huesos se encuentren conectados anatómicamente.

Normalmente, los animales mueren por distintas causas, son desmembrados tanto por depredadores como por carroñeros, y los elementos que quedan son arrastrados a las zonas de fosilización por efectos azarosos como lluvias torrenciales, inundaciones o corrimientos de tierra. Entonces, una de las teorías que pudiera explicar tales acontecimientos es que es posible que el volcán no estuviera del todo extinto y produjera gases capaces de eliminar gran parte de la biota.

Los directores del proyecto de investigación son Gerard Campeny Vall-llosera y Bruno Gómez de Soler, miembros del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), quiénes coordinan un equipo multidisciplinar de especialistas de diferentes universidades (Rovira i Virgili de Tarragona, Autónoma de Barcelona, Burgos, Granada, Montpellier) e institutos de investigación (ICREA, CSIC, IGME).