Las personas que practican el intercambio de parejas, los conocidos swingers, normalmente tienen un grado elevado de voyeurs y de exhibicionistas, estas dos fantasías o trastornos van unidos en el ambiente liberal. Pero existen los voyeurs puros aquellas personas que disfrutan o se excitan puramente con el placer de la mirada, observar a las otras personas en actitudes eróticas o directamente sexuales.

El voyerismo en la clasificación de trastornos mentales

La clasificación de trastornos mentales CIE 10 - Criterios de la Organización Mundial de la Salud, clasifica en el epígrafe F65.3 Escoptofilia (voyeurismo) “Se trata de una tendencia persistente o recurrente a mirar a personas comprometidas en una actividad sexual o íntima, como desnudarse, lo que lleva normalmente a una excitación sexual y a una masturbación, que se realiza sin que se sea observado por las otras personas”.

Se debe aclarar que la inmensa mayoría de las personas somos en alguna medida voyeristas y en alguna medida exhibicionistas.

En el movimiento swinger los voyeurs sí son observados por las otras personas o por lo menos las otras personas son conscientes que hay voyeurs observando. Este caso quizás pudiéramos catalogarlo de no trastorno ya que no cumple con este requisito de la clasificación CIE 10 “que se realiza sin que se sea observado por las otras personas”.

Hay voyeurs swingers que no realizan sexo con otras personas

Hay una cantidad no despreciable de personas en el ambiente liberal que practican el voyerismo. Las personas voyeurs normalmente no participan de los intercambios sexuales, y bastantes de ellos nunca se quitan la ropa.

Muchas parejas acuden a los clubs swingers, solamente a mirar, a excitarse con el voyeurismo y luego regresan a sus casas a tener sexo en la intimidad con su pareja, pero ya alimentados con los actos sexuales de sus semejantes.

La mayoría de hombres voyeristas puros se masturban viendo a los otros participantes tener sexo, pero no interactúan con ninguna persona más.

El pasillo francés o glory hole

En los clubs swingers suele haber un lugar, estratégicamente situado en frente y junto al lugar reservado para que las parejas y los grupos realicen sexo, lugar en el que al mismo tiempo pueden ser “admirados” y les permite interactuar con las personas que están al otro lado del pasillo francés, solo separado por un ligero tabique en el cual se han realizado una serie de oberturas o agujeros (hole) que permiten tanto mirar como interactuar.

Se puede interactuar de las más variadas formas, bien introduciendo las manos por los agujeros para poder tocar a las personas que están realizando sexo al otro lado o introducir los órganos sexuales tanto masculinos como femeninos, para que sean tocados o chupados por las personas al otro lado de la pared, incluso en algún caso se puede llegar a la penetración.

El pasillo francés buen lugar para los voyeurs que no quieran ser vistos

El pasillo francés está escasamente iluminado, se mantiene en una tenue penumbra, esa oscuridad permite a los voyeurs mantener su anonimato si lo que les gusta es ver sin ser vistos.

Pueden satisfacer sus fantasías y pueden masturbarse en el pasillo francés sin que nadie los toque, basta con no sacar sus atributos por ningún agujero.

La primera vez en el ambiente swinger siempre se va a practicar el placer de la mirada

Cuando una persona se acerca a cualquier colectivo, empieza mirando, observando a los demás para ver si le gustan o no sus actividades y para aprender las formas de hacer en el colectivo al que se quiere pertenecer.

En el swinger es aún mucho más acentuado, dado que el tipo de actividad alimenta el placer de la mirada. En el ambiente del intercambio de parejas los mirones o voyeurs están bien vistos ya que la inmensa mayoría swinger es exhibicionista y necesitan las miradas furtivas para alimentar su fantasía.