En el arte de la actuación hay preguntas que nunca encontraron respuestas precisas, tres de ellas son: ¿hasta qué punto influye la personalidad del actor en su composición de un personaje?, ¿puede un actor transmitir una emoción que jamás sintió en su propia vida?, ¿tiene valor artístico un personaje al que el actor compuso recurriendo sólo a la técnica?

Este es el planteamiento que el autor español Rodolf Sirera toma como base de la trama de su obra El veneno del teatro que se estrenara en 1983.

En 2012 el director Mario Gas la repuso en España en versión de José María Rodríguez Méndez con los actores argentinos Miguel Ángel Solá y Daniel Freire en temporada de seis semanas. El 9 de enero de 2013 la misma compañía la presentó en el teatro Maipo sumándose a la nutrida cartelera veraniega de teatro en Buenos Aires.

¿De qué se trata El veneno del teatro?

Gabriel De Beaumont (Daniel Freire) espera en la mansión de un adinerado Señor (Miguel Ángel Solá) que, aparentemente sin ningún motivo, lo invitó a visitarlo.

El tiempo pasa sin que el visitante sea atendido por su anfitrión lo que comienza a exasperarlo y presenta sus quejas al mayordomo que todo el tiempo estuvo presente en la sala.

El sirviente trata de calmarlo y comienza a hablarle de la profesión del actor demostrando muchos conocimientos sobre teatro, el visitante reclama nuevamente que el Señor que lo invitó se haga presente y cuando eso sucede se llevará la primera sorpresa de las muchas que tendrá esa noche.

El Señor, ya en la sala, le comenta que es el autor de un texto donde el único personaje es Sócrates un momento antes de morir y le propone que lo interprete para que él pueda evaluarlo.

El actor, luego de una rápida revisión de la letra, actúa la escena y el Señor comenzará a cuestionarle el sistema que usó para jugarla.

“No puede morir en escena quien nunca murió”, “los muertos en escena se levantan para volver a morir en la siguiente función” son las dos posiciones con las que se enfrentan el Señor y De Beaumont.

Pero el dueño de casa ha tramado una red en la que ya atrapó a su visitante sin que éste lo haya percibido.

Crítica a El veneno del teatro

La versión de esta obra que presenta Mario Gas está situada temporalmente poco antes de la Segunda Guerra Mundial, una época de inestabilidad social que resulta perfecta para el cuestionamiento de los límites entre lo real y lo ficticio.

Al abrirse el telón, el espectador ve como ámbito escénico una gran sala que gracias a la excelente puesta de luces de Juan Cornejo y la despojada escenografía de Paco Azorín da una inquietante sensación de frialdad tal como si fuera un laboratorio donde se realizará un cruel experimento.

Salvo la ropa del visitante todo es oscuro, hasta la botella del licor que se le ofrece carece de brillo aunque sea transparente, a lo largo de la representación el relato del espectador puede llegar a cambiar su visión de la sala de visitas por la idea de una sala de tortura.

Los diálogos y la acción suben a lo largo de la representación su nivel de violencia hasta llegar a que las situaciones se desarrollen con un personaje dominante y otro sometido.

Toda la obra plantea cuestiones al relato del espectador pero a pesar de ser propuestas interesantes el autor las trabajó con poca profundidad.

Gracias al oficio teatral del director y los dos actores se logró que la representación no pierda el ritmo y mantenga el interés del espectador.

Dos actores argentinos

Miguel Ángel Solá y Daniel Freire no actuaban en teatro en Buenos Aires desde finales de la década de los ´90, ambos están radicados en España a donde volverán con esta pieza en septiembre de 2013.

El regreso de Solá a las “tablas porteñas” causó gran expectativa ya que goza de gran prestigio profesional en la Argentina a lo que se sumó algunos episodios de su vida personal que fueron muy comentados.

No defraudó a su público con la composición del Señor al que le dio todos los matices, con ajustada precisión, de un ser frío, implacable, calculador y sumamente peligroso.

De Daniel Freire el recuerdo profesional más reciente que se tenía era su participación en la película El niño de barro, ahora en la obra El veneno del teatro se lo ve transitar por diferentes actitudes y estados de ánimo y además afrontar el difícil juego de hacer teatro dentro del teatro, del que sale airoso.

La puesta en escena de Mario Gas es muy cuidada, con una extrema medida para no llegar ni siquiera al límite del desborde al que podría haber inducido una trama que continuamente roza el thriller.

Programación de funciones

La obra El veneno del teatro con dirección de Mario Gas y la actuación de Miguel Ángel Solá y Daniel Freire se ofrece de miércoles a viernes a las 21, sábados a las 20 y a las 22,15 y los domingos a las 20, en el teatro Maipo ubicado en la calle Esmeralda 443 de la ciudad de Buenos Aires. Las entradas, con un valor a partir de $ 115 (en pullman), pueden adquirirse por boletería todos los días a partir de las 10 en efectivo o con tarjeta de crédito. También hay venta telefónica y por internet con el sistema PlateaNet.