Cada 21 de marzo, a la llegada de la primavera, los ranchos cinegéticos de México y Centroamérica lanzan sus promociones para atraer a los aficionados a la cacería del venado cola blanca. Por su parte, los grupos organizados para defender la vida silvestre realizan protestas públicas para exigir a las autoridades la prohibición de la cacería como deporte.

El doctor Roque Ramírez Lozano, catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León, publicó el libro Nutrición del venado cola blanca, fruto del trabajo de 15 años de investigación sobre el aprovechamiento racional y sostenible de la fauna silvestre. En uno de sus capítulos hace una propuesta para conciliar la afición por la cacería con la conservación de la naturaleza. Invita a los cazadores a cambiar las armas por cámaras fotográficas.

El riesgo de ser famosos

El continente americano es la casa de 38 especies de venado cola blanca (Odocoileus virginianus). 14 habitan en México y tres de ellas tienen el reconocimiento para ser inscritas en los libros de récords y trofeos de cacería.

Su aspecto dócil y su mirada apacible le dan un aspecto de fragilidad. Su cornamenta y su pelaje, que va del gris al café pasando por el marrón según la época del año, con el vientre blanco y la cola del mismo color, lo convierten en uno de los animales más hermosos de la fauna mexicana.

Por naturaleza, el venado habita las zonas más intrincadas de los montes, donde hierba y pasto le sirven de alimento. Se dice que son ramoneadores, pues para alimentarse sólo desprenden las puntas de las ramas de árboles y arbustos.

La talla de los venados varía según la especie. Generalmente es de metro y medio de alto y llegan a pesar poco más de 200 kilos. Aparentemente sus patas tienen dos pezuñas pero cuando corre o sube por laderas pronunciadas deja la marca de otros dos dedos que los zoólogos llaman "pezuñas falsas". Sólo los machos desarrollan las astas ramificadas que los convierten en un trofeo de caza.

Vida en soledad, vida en paz

Son animales solitarios que rara vez forman una pequeña manada con 5 miembros, frecuentemente un solo macho y cuatro hembras. Se aparean dos veces al año en medio de fuertes berridos y cuando la hembra queda preñada el macho continúa con su vagabundeo, generalmente alrededor de los depósitos naturales de agua.

Mientras tanto, la hembra se repliega en su refugio y tras 7 meses de gestación da a luz una sola cría, aunque se han llegado a documentar nacimientos de venados gemelos. Con amor y paciencia las venadas se encargan del cuidado y amamantamiento de los cervatillos durante 6 meses y ven partir a los jóvenes machos después de tres años de vida familiar. En cautiverio llegan a vivir hasta 20 años mientras que en libertad su vida se reduce en un 50 por ciento debido a los riesgos que enfrenta.

Nobleza salvaje

Los venados cola blanca machos son muy celosos de su territorio y de su grupo. Son frecuentes las escenas donde los vemos tallando sus astas contra árboles y arbustos: no hacen otra cosa que establecer los límites de su hogar, una zona aproximada de 10 kilómetros cuadrados. Las disputas por el territorio y las hembras se resuelven con largos y violentos enfrentamientos donde el choque de las cornamentas altera la paz del lugar.

Sin embargo, el venado es muy dócil y adaptable al momento de ser domesticado. En el norte de México, los rancheros lo alimentan con nopal, mezquites, frijol, maíz y hasta chile. Los ranchos cinegéticos no sólo los aprovechan como piezas de caza, también comercializan su carne, su piel y su cornamenta.

Como sucede con toda la cadena alimentaria, los venados modifican la naturaleza. Al ramonear árboles y arbustos realizan un trabajo semejante al de un jardinero cultivando un bonsái, provocando modificaciones en las plantas; en sus vagabundeos dispersan semillas que logran una mejor germinación al ser depositadas entre las heces del ciervo.

Naturaleza hostil y enemigos

Los principales depredadores naturales del venado en México son el puma, el jaguar, el coyote, el lince, el ocelote y el oso negro, carnívoros que siempre dejan restos de sus víctimas, los cuales son aprovechados por zopilotes, aves rapaces, cuervos y pequeños mamíferos cumpliendo así con el ciclo integral de los ecosistemas.

El otro enemigo del venado no forma parte de la cadena natural de la vida: es el ser humano. La cacería, deportiva o tradicional, merma en mayor medida la población de venados, incluso donde los ranchos cinegéticos afirman tener altas tasas de producción. El futuro es incierto.

La paciencia, la emoción y la perseverancia de un buen cazador, amante de la naturaleza, pueden ser acompañadas por una cámara fotográfica en lugar de un arma. Apuntar, disparar y capturar la imagen de un venado alimentándose, saltando o desplazándose veloz con la cola blanca extendida es un trofeo mayor a cualquier otro porque son un trofeo a la vida.