El vampiro es simplemente una representación más del lado reprimido del hombre, de la bestia, que todo humano lleva dentro y que en su forma vampírica, se impone a los tabúes de la religión y a los impedimentos de la Ley y de ahí el monstruo sexual.

La descripción de la criatura varía a través de las épocas y de las distintas culturas, pero sólo la del vampiro como monstruo. Sin embargo, el vampiro sexual se mantiene con su habitual y magnífica apariencia en todas las latitudes.

El vampiro, latin lover, amante villano

En el imaginario erótico femenino, un hombre perverso y sensual al que domesticar supone todo un reto, a la vez que la hazaña del un amor tan imposible como eterno.

Drácula” de Bram Stocker, “Entrevista con el Vampiro” de Anne Rice y la Saga de Novelas de “Crepúsculo” de Stephenie Meyer. En todas ellas, en la figura del vampiro se funden sexo y romanticismo de una forma inquietante. Es imposible no recordar ya en el cine mudo a un Bela Lugosi con aires de latin lover sorprendiendo por la espalda a damas que parecían fingir terror a la vez que le ofrecían tentadoramente su blanco cuello desnudo.

Después de Lugosi, vino Christopher Lee, interpretando a Drácula con ese mismo toque elegante y sensual pero esta vez en el cine sonoro.

De Lugosi a Lee y de Lee a Banderas. Aunque el filme, “Entrevista con el Vampiro”, ofreció una imagen del Lestat de la Novela de Anne Rice de alto voltaje, que lamentablemente no pudo relucir debido a la presencia de Brad Pitt en el papel de otro salvaje nosferatu.

La película " Drácula" de Francis Ford Coppola, muestra a una juvenil Winona Rayder seducida por un vampiro y el tema final de la película "Love Song for a Vampire" de Annie Lennox, refleja el desasosiego de una vida sin fin, que inesperadamente se ve transtornada por la aparición del amor.

En el siglo XXI ha sido Edward Cullen, un vampiro de cien años y de refulgente y eternamente joven apariencia, quien conquistando a una inocente quinceañera, ha vuelto a meterse en la piel del mito erótico del vampiro, del íncubo, colándose en las fantasías románticas de las adolescentes de medio mundo.

La vampiresa, del cine negro al cine X

La vampiresa, debido a las apetencias del sexo opuesto, es más que un mito erótico, una leyenda del sexo.

La “Carmilla” de Sheridan Le Fanú, fue quién inauguró el estereotipo de devora hombres, en este, caso, mujeres. Ya bien entrado el siglo veinte, incluso en el cine mudo, ya hizo su aparición, la figura de la femme fatale, a la que cubrió de gloria el cine negro. Rápidamente pasó a ser llamada, vampiresa o vamp, debido a su asociación con el vampirismo, en este caso sexual.

La vampiresa como diosa del sexo, tuvo su encarnación en las tres novias de Drácula. Quién no recuerda a un aterrorizado Jonathan Harker, acosado en su propia cama por tres imponentes vampiresas. En la película homónima una de estas tres ninfas nocturnas fue encarnada por la sensual Mónica Belucci.

Tampoco pasaron desapercibidas las exuberantes mujeres de “El baile de los vampiros” de Roman Polanski.

Como no podía ser de otra manera, también la industria del porno, ha explotado en gran medida la fantasía sexual de la mujer vampiro, no hay más que comprobar cuantas alusiones al cine adulto ofrecen los buscadores de la red, relacionadas con las búsquedas de palabras como "vampiresa" y "sexo".

El vampiro sexual real

En efecto, el vampirismo sexual existe en la vida cotidiana. El vampiro del sexo utiliza a su víctima, normalmente una persona inocente y vulnerable para conseguir fines distintos a los carnales o simplemente para satisfacer sus ansias de placer físico. Lo que ocurre es que el vampiro, sale siempre beneficiado de esa relación, mientras que la víctima pierde, siendo habitualmente abandonada por el otro sujeto de la relación. No obstante y curiosamente, la mayoría de los vampiros sexuales nunca terminan manteniendo relaciones con su víctimas, simplemente se aprovechan del efecto que su atractivo produce en estos individuos sedientos de mimos y sobre todo de sexo.