Las éticas teleológicas suelen basarse en principios individuales como pueden ser la felicidad o el placer. Así, tanto Aristóteles como Epicuro parten de posiciones individuales, mientras que el utilitarismo supera esta visión individual planteando una visión del bien que tiene como punto de partida el bien colectivo.

El eudemonismo de Aristóteles

Aristóteles considera que una acción es correcta si proporciona felicidad al agente. El objetivo de toda acción es proporcionar felicidad. De ahí que su pensamiento sea considerado teleológico ya que el criterio utilizado para decidir si una acción es correcta o no se basa en las consecuencias que la acción tiene. Aristóteles define el concepto de virtud como el camino para llegar a la felicidad. Ahora bien, la virtud debe ser practicada; no sirve únicamente conocer la diferencia entre el bien y el mal para actuar de forma correcta (a diferencia del pensamiento de Sócrates). Pero quizás la idea más conocida de Aristóteles sea la definición de virtud como el término medio entre extremos viciosos, por exceso y defecto. Así Aristóteles considera que el camino a la felicidad es la moderación.

El placer y el dolor según Epicuro

El pensamiento de Epicuro quiere superar el concepto abstracto de felicidad para proponer como criterio del bien algo más tangible como es el placer. Así, una acción será buena si es capaz de proporcionar placer al agente, y será negativa cuando proporcione dolor. Sin embargo, la posición de Epicuro no es demasiado diferente de la propuesta realizada por Aristóteles, ya que definirá el placer como la ausencia de dolor, y también considerará que la moderación es el camino para llegar a la buena vida.

Epicuro y Aristóteles poseen principios individuales

Tanto el planteamiento de Aristóteles como el de Epicuro poseen principios puramente individuales, ya que tanto la felicidad como el placer sólo tienen valor en cuanto a elementos individuales: el placer o la felicidad del agente son el principio moral.

El utilitarismo supera el ámbito individual

Con el principio de utilidad: proporcionar el mayor bien posible a la mayor cantidad de personas, el movimiento del utilitarismo supera el ámbito individual ya que ahora el bien deja de ser un principio personal para ser un principio colectivo. Nace la concepción ética del bienestar. Toda acción es capaz de proporcionar una cantidad determinada de bien a una cantidad de personas, aunque también puede perjudicar a un cierto número de personas. Una acción debe ser considerada correcta si el bien supera al mal provocado en intensidad y en número de personas. Este es el principio básico del pensamiento de Jeremy Bentham, James Mill y John Stuart Mill, autores que con su visión colectiva crean el pensamiento teleológico contemporáneo.