
- El triunfo de la voluntad - El triunfo de la voluntad
Este filme es considerado un éxito brutal del cine de propaganda, ya que contribuyó de una forma decisiva a que muchos indecisos se adhirieran a la política de Hitler.
Fue presentado en 1935 y rápìdamente fue reconocida como obra maestra, siéndole concedida la máxima distinción en el festival de cine de Venecia y en la exposición universal de París.
La película fue un encargo personal del propio Hitler a Riefenstahl, fascinado por el genio artístico y creativo en sus anteriores trabajos. La misión consistía en rodar y dar testimonio del Congreso del Partido celebrado en Nuremberg en 1934.
El tema excitó la imaginación de la directora a medida que iba filmando las secuencias de la concentración, organizada en un marco teatral realizado por Albert Speer, el arquitecto favorito del partido, bajo la influencia de "Metrópolis", la película de Fritz Lang: columnas enormes, cruces gamadas gigantescas sobre inmensas banderas, el podio central de los oradores y miembros del partido, y una multitud que, dentro del colosal estadio, es testigo de la solidaridad de la nación y la colaboración entre partido y Gobierno.
Según ha escrito David Stewart Hull en "Film in the Third Reich", “la finaldad de la película era doble: mostrar la solidaridad del partido, y presentar a sus líderes. Además había un empeño más sutil: impresionar a los extranjeros y meterles el miedo en el cuerpo”.
Debido a que era un encargo, Riefenstahl contó desde el primer momento con gran cantidad de medios técnicos y humanos.
El genio de Riefenstahl
Quizá pueda sorprender en un primer momento que una mujer fuese la elegida para este cometido, convirtiéndose a la larga en el máximo exponente del cine de propaganda, teniendo en cuenta el mundo machista sobre el que se movía el nazismo.
Riefenstahl tuvo a propósito de esto enfrentamientos diversos con altos dirigentes nazis, y de sobra es sabida su enemistad natural con Goebbles, audaz e inteligente ministro de propaganda del Reich, problemas éstos que fue solventando debido en su mayor parte a ser la protegida del Führer.
Pero volviendo a este film, conviene ahora que se ha dicho de qué trata, estudiar cómo está tratado, la forma de mostrar el poderío nazi, ejemplificándolo en el Congreso de Nuremberg.
Lo primero que hay que decir y llama la atención con respecto a otras muestras documentales y propagandísticas anteriores es la no presencia de comentarios orales, de voz en off. Riefenstahl consideraba “enemigo del cine” cualquier tipo de comentario.
El impacto viene dado por la coreografía que surge de la combinación de imágenes y sonidos: vítores, aplausos, uniformes, banderas, marchas.
Un trabajo de montaje muy trabajado, tardó varios meses en hacerlo, una cantidad de tiempo bastante mayor a la semana que ocupó la filmación de todas las imágenes.
Siguiendo con lo anterior, los únicos espacios orales del film están reservados exclusivamente para los discursos de Hitler y algunos otros líderes nazis. Todo el metraje muestra a un Hitler como descendido de las alturas para hacer resurgir de nuevo a Alemania y librarla de sus trágicas dolencias sociales y políticas.
Las consecuencias
Algunos nunca perdonarán a Leni Riefenstahl esta película, pues diferenciándose del actual concepto de propaganda, muchos piensan que no era su intención la de convencer, sino la de asustar. También es cierto que los aliados usaron continuamente durante la guerra fragmentos del documental para luchar contra Hitler, en su propia propaganda.
Hay que decir en esto, sobre la actitud de la propia Riefenstahl en consideración a la política nazi, que confiaba en el Führer como el salvador, pero opinaba que estaba rodeado de cirminales. De ahí su enemistad con muchos líderes del nazismo.
Una mujer polémica, pero sin lugar a dudas una de las más grandes artistas del siglo XX. De ahí por ejemplo el paradójico título del documental para la BBC del que fue objeto la directora en 1993: "La maravillosa, horrible vida" de Leni Riefenstahl.
Al final de sus días, Riefenstahl aceptó que el gobierno nazi había sido un engendro maligno, pero nunca se disculpó por su trabajo; a veces haciendo uso de una frase de Winston Churchill para decir que, si éste no pudo imaginarse lo que haría Hitler, cómo podía hacerlo ella. En 1991, publicó una autobiografía, "Leni Riefenstahl: Memorias".
