El trabajo infantil en las calles es una actividad, cuyos miembros bien pueden formar una nueva estratificación social global, la clase de los desposeídos. Pese a eso, producen, desde la calle. Son testigos y víctimas de un proyecto macroeconómico, cuyo afán, instalado en el Estado de cosas que se pueden encontrar en casi toda América Latina.

Los gobiernos no han hecho mucho por este sector de la población. En contraste, sí han fortalecido y protegido el crecimiento de gigantes monstruos comerciales, capital oscuro pero atractivo para cualquier economía en desarrollo. Estas firmas corporativas y transnacionales son ahora capaces de rebasar fronteras políticas, arancelarias , aduanales hasta penetrar profundo en el tejido social, transformando sus usos y costumbres, sin tomar en cuenta a los competidores marginales, que no pueden seguir el paso de la excelencia proactiva.

Niños contra el mundo

Globales. Así han sido también los contrastes y desigualdades en todas las calles de las ciudades del globo; el trabajo infantil es una manifestación más del drama que en gran medida un modelo económico-social.

Es responsable y capaz de mantener viva una maquinaria de muerte y desolación; el caso de los niños que trabajan en las calles para mantenerse a sí mismos y a sus familias y en algunos casos a sus propios hijos, sirve para evidenciar que alguien, un adulto, es ridículamente rico , mientras que un individuo que apenas rebasa el metro de altura y con sus escasos 40 ó 50 kilos y minoría de edad legal , vive con lo que gana de limpiar los vidrios de los coches. No falta quien piensa que esto es un fracaso para la humanidad y sus sociedades, fracaso para el mercado global, fracaso para el Estado y sus políticas y fracaso para los niños y sus familias.

Vivir rápido

De a cuerdo con el censo de población y vivienda en México, en el año 2000, la población de niños entre los 12 y los 14 años, de ellos 16.293 son niños casados,15.265 son niños que viven en unión libre, 1.177 son niños separados de sus parejas, 504 están divorciados y 1.210 niños han enviudado.

Es el bosquejo de la historia del trabajo infantil en las calles, lidiando con las autoridades, que deberían protegerlos, lidiando con la sociedad que los considera ya perdidos y no merecedores de otra atención, lidiando con ellos mismos y la violencia con la que conviven en las sucias calles de día y de noche.

Bocados de realidad

Realidad que a fuerza de costumbre y cotidianeidad hemos aceptado como un suceso negativo pero casi irremediable, natural de toda ciudad cosmopolita y moderna, en el mismo rango que la inseguridad, la contaminación, responsabilidades atribuidas únicamente al Estado.

De esta forma los niños de la calle o en la calle, han constituido una nueva contracultura en forma y fondo, pues no pertenecen a la economía formal, aunque no dejan de ser productivos y ser un eslabón de la cadena dinámica donde se mueve macabramente el capital ; y por otra parte la estructura familiar a la que pertenecen o de la que huyen , o la que pueden construir , los hace distinguirse y desmarcarse de un feliz retorno a casa , o alguna otra salida imaginable y viable desde nuestra cómoda perspectiva, su realidad es mucho muy compleja y frente al futuro, en verdad se encuentran solos.

Niños sin amor

Solos en las calles, sin una legislación que les garantice salud, educación y el respaldo emocional y legal que su trabajo y condición social les merece; solos en medio de una sociedad organizada verticalmente, y que no mira para abajo, solos y sin lugar en las relaciones de poder y conveniencia, solos conviviendo con la violencia, con el trafico, la basura, la mala alimentación, la violencia sexual, el racismo y la corrupción, las adicciones.

El trabajo infantil es una realidad que no puede ignorarse; pese a que la mayoría de los Estados en el mundo liberan recursos para la atención de los niños trabajadores, y que existen organizaciones filantrópicas no gubernamentales que realizan importantes esfuerzos encaminados al alivio de los niños que trabajan en la calle , pareciera ser una realidad que se desborda y no puede contenerse.

En el horizonte postmoderno del mundo desarrollado o en progreso, es posible vislumbrar generaciones de niños, como si fueran predestinadas a ocupar un lugar en los cruceros viales, esperando la luz roja , para tener el espacio laboral y obrar la acrobacia o enjabonar los cristales de los autos cuyo conductor los mira sin verlo, y se lo encuentra en cada semáforo, en cada alcantarilla , en cada plaza publica, ahí están los niños en la calle.