La locución radiofónica es uno de las actividades más importantes que se trabajan de manera muy constante en la preparación de profesionales de la comunicación. En la formación universitaria, se le invita al estudiante a reflexionar acerca de la gran responsabilidad que implica el ponerse ante un micrófono y se trabajan aspectos que en su locución resultan fundamentales.

Perder el miedo al micrófono

Lejos de lo que parece, éste es quizás el aparato más difícil de manejar en una cabina radiofónica. El micrófono como tal impone por la falta de costumbre que se tiene y porque es un instrumento que difundirá lo que dice el estudiante a un número desconocido de personas.

Los nervios son inevitables, por lo que se trabaja el uso de la respiración diafragmática (que no es otra cosa más que expandir el diafragma y abdomen a la hora de aspirar, de modo tal que los pulmones adquieran mayor capacidad), la lectura en voz alta de textos escritos para la radio, como son promocionales, cuñas, cápsulas entre otros. Aquí es importante reflexionar que la radio es un medio personalizado, es decir, que le habla a la persona al oído, por lo que se necesita transmitir confianza al radioescucha.

Colocación del micrófono

En el trabajo radiofónico existen dos errores de locución muy comunes, estos son el popeo y el seseo, que no son otra cosa más que el golpeteo de las palabras cuando el micrófono está muy cercano. Este problema se puede evitar manteniendo una distancia de mínimo 15 centímetros entre la boca del locutor y el micrófono.

La voz en la locución

Es una preocupación común en los estudiantes universitarios de la comunicación el pensar que su voz es inadecuada para radio, debido a que la consideran “fea”. Lo que deben entender es que lo atractivo de una voz no es necesariamente su timbre, sino más bien lo que dice, lo que le expresa al radioescucha.

Si lo que comunica el locutor de radio tiene una línea de interés e informa, la tesitura de su voz llega a ser irrelevante. Si bien es cierto que existen voces más agradables que otras, lo importante es cómo se vocalizan, su énfasis y lo más importante, el mensaje. No hay que olvidar que la radio llega solamente al oído, los demás sentidos los tiene restringidos, por lo que la voz debe comunicar el mensaje y la emotividad.

Respecto a la voz, al estudiante se le instruye a que no grite ante el micrófono a menos que la producción lo amerite, el gritar en la radio resulta bastante molesto para el radioescucha.

Las palabras de un locutor

El idioma español es rico en expresividad, lo que implica la necesidad de que el estudiante busque su propio estilo, el no usar frases que ya son parte de otras personalidades, pues eso demerita su personalidad y cultura. El estilo propio lo determina sin duda la lectura constante y el conocimiento de sinónimos para encontrar las palabras más adecuadas antes de entrar a la cabina de radio.

Por supuesto hay que trabajar en el estudiante que en la radio debe hablarse más lento de lo normal, para que el mensaje sea comprensible para cualquier tipo de auditorio.

La naturalidad en la locución

Hablar en radio, es hablarle al oído a un amigo, y como en cualquier conversación se pueden tener errores al pronunciar ciertas palabras u ocurrir un inesperado ataque de tos, por ello, el futuro profesionista de la comunicación debe saber hacer a un lado esos bemoles y si le llegan a ocurrir siga adelante con su locución sin ningún tipo de bochorno. Además, la autocrítica es el primer paso de la superación, por lo que resulta fundamental que el estudiante grabe sus locuciones, y detecte aquellas palabras que le cuesta trabajo pronunciar y las muletillas que suele repetir en su locución.

Todas estas recomendaciones, resultan necesarias si lo que se pretende es egresar profesionales con las competencias suficientes que requieren los medios de comunicación, que actualmente carecen de profesionalismo gracias a la improvisación y a que se encuentran saturados de gente poco especializada, lo que demerita su calidad y contenidos.