Pese a que el objetivo básico de Amnistía Internacional no ha cambiado: difundir y trabajar por los valores de los Derechos Humanos, hay que reconocer que el mandato y la forma de trabajar de Amnistía Internacional ha cambiado mucho en los últimos años, con el objetivo de ser más efectivo y ambicioso en este trabajo por la extensión universal de los derechos humanos.

Prioridad inicial de los derechos políticos

Amnistía Internacional nace a partir de un artículo publicado por Peter Benenson en el diario The Observer motivado por el hecho de enterarse de que unos estudiantes portugueses habían sido detenidos por hacer un brindis por la libertad. Así, el origen de Amnistía Internacional está en la lucha contra la detención de personas por su ideología política. De ahí que surge el concepto de preso de conciencia que Amnistía Internacional define como preso de conciencia a toda persona encarcelada o sometida a otras restricciones físicas por sus convicciones políticas, religiosas o cualquier otro motivo de conciencia, así como por su origen étnico, sexo, color, idioma, origen nacional o social, situación económica, nacimiento, orientación sexual u otras circunstancias, siempre que esa persona no haya recurrido a la violencia ni propugnado su uso.

La tortura y la pena de muerte

Poco a poco este interés por los presos de conciencia va extendiéndose a la lucha contra la tortura o la pena de muerte. Estos fueron durante muchos años las máximas preocupaciones de Amnistía Internacional en un momento en que estos elementos eran clave en la lucha por los derechos humanos ya que las dictaduras de América Latina, en los años 70 utilizaban las detenciones arbitrarias, la tortura y las ejecuciones extrajudiciales para reprimir a la oposición.

Los grandes cambios

La llegada a la Secretaría General de Amnistía Internacional de Pierre Sané, y, posteriormente de Irene Khan ha provocado un auténtico terremoto en la organización. Tras relativizarse una norma interna sobre la prohibición de actuar en el propio estado, para la protección de los activistas, se prioriza el trabajo en Educación en Derechos Humanos. Posteriormente se amplia el mandato y se empieza a trabajar contra la violencia contra las mujeres, para dar el gran salto al trabajar también por la defensa de los derechos económicos y sociales (Derechos de 2ª Generación). Otra cuestión, ya de estrategia, consistirá en abandonar el trabajo en solitario, para así entrar en cooperación con otras ONG, organizaciones, universidades… sin perder nunca la independencia, y, por lo tanto, no aceptar nunca subvenciones procedentes de gobiernos, y tener a la cuota de los socios como la fundamental fuente de ingresos.

El futuro

El futuro de Amnistía Internacional pasa por apostar por la Educación en Derechos Humanos como herramienta de difusión de los derechos humanos, aumentar el trabajo en los llamados derechos económicos y sociales, sin olvidar los derechos políticos que fueron el origen de Amnistía Internacional a principios de los años 60 del siglo XX.