El chileno Alejandro Jodorowsky cultivó desde los inicios de su carrera artística diversas disciplinas: cine, teatro, cómic, literatura, lectura del tarot... caracterizándose todas ellas por una personalísima y transgresora visión de la vida y el arte, que mezcla esoterismo, surrealismo y poesía simbólica, y en las que no escatima en sexo y violencia explícitos como forma de alcanzar la iluminación. La receta ideal para que a principios de los años 70, con esta película mexicana, consiguiera contra todo pronóstico llenar oscuras salas de cine de los Estados Unidos, en las que el consumo de marihuana y el gusto por lo innovador y lo bizarro eran denominador común en un público reunido a medianoche, ávido de nuevas experiencias fílmicas.

Jodorowsky, artista del escándalo

Nacido en Chile en 1929, Jodorowsky se empapó desde su infancia de literatura y cine. Su introducción en el teatro fue una revelación que lo llevó al emigrar al París surrealista y finalmente a México en 1958, donde despuntaría como uno de los principales precursores del teatro de vanguardia. Influenciado por el misticismo zen, el psicoanálisis y el misticismo que caracteriza la idiosincrasia del país azteca, el artista fue construyendo un complejo y fascinante universo con el que salpicó toda su obra.

No tardaría en dirigir sus primeras piezas cinematográficas en las que ya dejaba claro que su arte era toda una declaración de intenciones. Un arte pionero y visionario que no gustó a casi nadie, sufriendo incluso conatos de linchamiento en sus estrenos.

Sin embargo, con “El Topo” (1970), su segundo largometraje, consigue un rápido reconocimiento internacional, en parte por el apadrinamiento de John Lennon, que queda fascinado por la bizarra y estética violencia del film.

La primera película de culto

Este western, dirigido y protagonizado por el propio Jodorowsky cuenta la historia de un pistolero que vaga por el desierto con la intención de acabar con los cuatro maestros del revólver. Los personajes que pueblan la película son seres deformes y la atmósfera es desde los primeros fotogramas absolutamente bizarra. Durante toda la película hay una extrema violencia precursora del gore, mezclada con imágenes surrealistas prestadas de los universos creados por Luis Buñuel y un uso de la sexualidad extremada para la época. Todo unificado bajo el género del Spaghetti Western. Tanta sangre, mezcla de religiones, humor surrealista y sexo lésbico dejaron noqueada a una audiencia de finales de los 60, que nunca había imaginado llegar a ver imágenes tan poderosas en una pantalla.

Jodorowsky hace uso en todo momento un simbolismo arquetípico con múltiples interpretaciones, que pretendió desde el principio ser un viaje personal del propio artista y al mismo tiempo, un viaje espiritual para el espectador.

Éxito en los pases de medianoche

En un inicio, los distribuidores y exhibidores independientes norteamericanos decidieron proyectar esta extraña rareza en las sesiones nocturnas de sus cines, conscientes de la poca ambición comercial del film, pero también de su importancia artística. Rápidamente, y por medio del boca a boca, el público fue llenando paulatinamente las salas, extendiendo rumores a su salida sobre la misteriosa película que no había que dejar de ver.

Entre los fanáticos que fueron acudiendo semana a semana a estas proyecciones nocturnas, destacaban grandes nombres de la cultura como John Lennon y Yoko Ono, Polanski y posteriores cineastas que obtendrían éxito en este tipo de pases underground como John Waters o David Lynch.

La audiencia, mayoritariamente hippie, acudiría a estas sesiones varias veces a la semana, descubriendo nuevas lecturas en la obra, y embriagadas por la psicodélica estética del film y el humo de la marihuana que se permitía fumar de forma extraoficial en los pequeños cines underground de aquellos años.

De lo marginal al gran público

Visto el éxito de la película, muchos exhibidores decidieron proyectar “El Topo” en salas más grandes, siendo paradójicamente una maniobra negativa para el éxito del film, pues el gran público no supo entender, quizás por no consumir estupefacientes durante los pases, el críptico argumento y la sobredosis de simbología de la obra.

Pese a todo, Jodorowsky, se erigió como el gran cineasta underground de la época y el representante de los Beatles, Allen Klein, accedió a producir la siguiente gran obra del chileno, la también película de culto “La montaña sagrada”. Incluso estaba previsto que George Harrison protagonizara la película, pero al leer este el guión que incluía escenas de sexo explícito y hasta una secuencia en la que se mostraba un primer plano de su orificio anal, decidió rechazar tales innovaciones cinematográficas.

Jodorowsky, revalorizado y estancado

El chileno siguó fabricando películas de culto, y estuvo preparando durante años la realización de la colosal producción de “Dune”, película de ciencia ficción que finalmente iría a parar a manos de David Lynch. En todas ellas destaca su personalísima factura en la que introduce la diversidad de su fértil pensamiento, y el discreto éxito de un público minoritario que ya había evolucionado desde esos primeros años 70 en los que se estrenó “El Topo”. Poco a poco, el chileno fue perdiendo apoyos financieros para llevar a cabo sus locuras.

Jodorowsky sigue luchando actualmente por sacar adelante la secuela de su obra más conocida, “Los hijos del Topo”, en la que participarían artistas como Marylin Manson o Johnny Depp, pero sorprendentemente todavía no consiguió la financiación necesaria para llevarla a cabo.

Hoy en día, todas sus obras cinematográficas son consideradas obras maestras del cine de culto por varias generaciones de inadaptados, aún maravillados por el misterioso universo mostrado en ellas.