Para José Ortega y Gasset (1883-1955), el pensador español más representativo del siglo XX, los comienzos de la década de 1920 supusieron un período especialmente intenso.

Colaboraba cada semana con el periódico El Sol, impartía ásperos cursos de metafísica en la Universidad Central de Madrid, fundaba la Revista de Occidente, promovía traducciones al español de las principales obras científicas y filosóficas y también participaba en los cursos que personalidades como Einstein o Keynes dictaban en la Residencia de Estudiantes.

Raciovitalismo

En ese contexto de actividad febril, encaminada a equiparar culturalmente a España con el resto de Europa, se publica El tema de nuestro tiempo (1923), un libro que supone el inicio de la trayectoria intelectual madura de Ortega.

Allí formula por primera vez el raciovitalismo, un sistema de filosofía que toma como punto de partida la circunstancia humana y que se sigue desarrollando en lecciones posteriores, como las del curso 1928-1929, reunidas bajo el título ¿Qué es filosofía?

La realidad radical no es ni la existencia de cosas alrededor, ni el pensamiento individual, sino la vida humana: un todo formado por la persona más su circunstancia inmediata, donde se establecen perspectivas entre las cosas y nuestros pensamientos. El problema fundamental de este planteamiento, no resuelto por Ortega en 1923, es la capacidad del pensamiento subjetivo para acceder a verdades objetivas.

Aunque Ortega no saca en El tema de nuestro tiempo todas las consecuencias del raciovitalismo, sí llega a un planteamiento general sobre las exigencias de la filosofía. Defiende que a la verdad le complementa la sinceridad; al bien, la impetuosidad; a la belleza, el deleite. Tal es el complemento vital de aquellos imperativos culturales que la tradición había atribuido durante siglos a nuestras facultades de pensar, querer y sentir.

Cronología de "El tema de nuestro tiempo"

El capítulo sexto de El tema de nuestro tiempo concluye con esta frase: "La razón pura tiene que ceder su imperio a la razón vital". Si la razón es función de la vida humana, y la cultura un producto suyo, razón y cultura deben someterse a las exigencias de la vida. Lo contrario sería pervertir la estructura vital sustituyendo una parte por el todo.

El dónde y el cómo de la frase que acabamos de citar nos sirven para deteminar la cronología del texto entero. Empecemos por el dónde: la frase cierra el capítulo sexto de los diez en que se divide El tema de nuestro tiempo. Y el capítulo sexto culmina lo que se podría denominar primera parte de la obra, pues esos seis primeros capítulos fueron antes lecciones universitarias en el curso 1921-1922 y poco más tarde una serie de artículos en El Sol a finales de 1922 y comienzos de 1923.

La frase que cierra esta primera mitad podía ser la que cerrara un ensayo independiente. Pero Ortega prolongó sus pensamientos en cuatro artículos más publicados en La Nación de Buenos Aires que se corresponden con los capítulos siete a ocho de aquella misma obra. Tras leves modificaciones, ordenó estos diez artículos y añadió dos apéndices, uno sobre política y otro sobre física, para publicar en agosto de 1923 lo que hoy conocemos como El tema de nuestro tiempo.

Esta es la historia de su primera edición. Ortega y sus colaboradores más directos saludaron esta obra como un acontecimiento de primera magnitud en la vida cultural española. Por lo nuevo de algunos pensamientos, no obstante, hubo malinterpretaciones. Ortega trato de responderlas en su breve ensayo Ni vitalismo ni racionalismo, de 1924.

Si el dónde nos dejaba en 1923, el cómo de la frase inicial nos emplaza hasta la tercera edición revisada de 1934. En ella Ortega examina a fondo su obra, realizando pocas pero profundas modificaciones. Sustituye "raza" por "pueblo" en alguna ocasión, seguramente para desvincularse del lenguaje fascista de la época. Y subraya con cursiva las frases que le parecen más importantes; entre ellas, la que daba comienzo a nuestro comentario.

En 1934 escribe Ortega un Prólogo para alemanes, que iba a preceder la traducción de la obra al alemán. Sin embargo, la deriva política de Alemania le hace abandonar ese proyecto. En 1958 se publica póstumamente en español, reimprimiéndose ahora en la edición crítica que tenemos entre manos.

Edición crítica manejada

La edición que recomendamos es la publicada por Tecnos, en Madrid, el año 2002. Ha sido preparada por el profesor Domingo Hernández Sánchez, de la Universidad de Salamanca. Incluye una introducción y una serie muy completa de anexos.

En la preparación del aparato crítico, el editor no ha tenido más que acercarse a su propio Índice de autores y conceptos de la obra de José Ortega y Gasset (Fundación José Ortega y Gasset, Madrid, 2000). Pero lo que convierte este trabajo en una auténtica edición crítica son las abundantes anotaciones a pie de página que informan al lector sobre la historia literal del texto, como también sobre sus conexiones con otros lugares de la obra orteguiana.