A 55 kilómetros de la ciudad de México, rumbo al sureste del país, se encuentran los volcanes Iztacihuatl y Popocatépetl. Cuando las lluvias y los vientos limpian la atmósfera, es posible verlos desde la capital de México.

Alrededor de estos picos imponentes, en una superficie de 7 kilómetros cuadrados, se encuentra el Parque Nacional Popo, una zona convertida en refugio de especies animales cuya sobrevivencia esta amenazada como es el caso de los tecolotes moteado y llanero.

Volando en la oscuridad

Sus ojos grandes y redondos brillan en la oscuridad de la noche: es el momento de salir a buscar su alimento. De manera intempestiva emprende el vuelo con un aleteo violento y emitiendo un graznido agudo, casi un chillido. La presa sorprendida cae fácilmente en sus garras y muere despedazada por su fuerte y afilado pico.

Los tecolotes pertenecen al grupo llamado Strigiformes. Se pueden ver volar en los cielos de todo el planeta con excepción de la Antártida y de algunas islas oceánicas. Sus plumas son suaves y esponjadas con tonos grises o cafés y rayas oscuras a la altura de su pecho. Algunas especies como el tecolote cornudo tienen plumas muy puntiagudas en las orejas.

La mayor parte de ellos son depredadores, es decir, se alimentan de aves y pequeños mamíferos como los conejos y las ardillas. Se dividen en dos grandes familias:

  • Tytonidae, a la que pertenecen las lechuzas, que se distinguen por tener un disco facial claro en forma de corazón alrededor de los ojos. Son los parientes que viven en las ciudades y hacen sus nidos en iglesias y edificios.
  • Strigidae, donde se incluyen a los búhos y a los tecolotes. La diferencia entre ellos es el tamaño; los búhos miden alrededor de 45 centímetros y los tecolotes no crecen más allá de los 20 centímetros,

Tecnología de punta

Los tecolotes son una especie poco conocida. Su extenso hábitat no permitió a los viejos ornitólogos documentar sus costumbres y sólo hasta la segunda mitad del siglo XX investigadores del Servicio de Vida Silvestre de Canadá apoyados con radiotransmisores, equipos de monitoreo, sistemas computarizados y laboratorios ambulantes lograron seguir su vuelo, registrando sus movimientos, revisando sus nidos, analizando sus heces fecales, utilizando isótopos para contar el nivel de átomos de sus plumas y realizando autopsias a sus restos mortales.

Los estudios ayudarán a calcular la población de tecolotes existente y permitirán confirmar sus hábitos de alimentación, las regiones donde se mueve, su longevidad natural y las causas de su muerte prematura.

Con los collares de radiocomunicación, los biólogos canadienses documentaron la migración anual del tecolote desde sus nidos en Canadá y el norte de Estados Unidos para pasar el invierno en el sur de Texas y en México,

Vuelo en peligro

Un recuento iniciado en el año 2002 estimo en 10.000 el número de tecolotes que viven en Canadá, México y Estados Unidos. La situación es alarmante por lo menos en dos sentidos: uno, el descenso anual de esta población se calculó en un 22 por ciento y, dos, sus causas están ligadas a las actividades humanas realizadas en las zonas de pastizales y bosques, lo que implica graves consecuencias para flora, fauna y seres humanos.

En México las amenazas para tecolotes, búhos y lechuzas son el uso extensivo de plaguicidas, el tráfico de especies para mantenerlas como mascotas, las colisiones con cables de luz, cercas de púas y automóviles, la cacería y la creencia popular de que estas aves atraen la mala suerte.

Un faro durante el vuelo

La presencia cada vez mayor de tecolotes en el Parque Nacional Izta Popo se debe en gran medida al éxito obtenido con la protección a los teporingos, "conejo zacatuche" o "conejo de los pastos". Este animalito, en la base de la cadena alimenticia, es la causa de una renovada explosión de la vida silvestre en la zona.

Muchos pueblos del mundo lo consideraron el animal más inteligente de la creación, y los pueblos prehispánicos plasmaron su imagen con las garras cubiertas de plumas, como si fueran las de un gato montes. En su naturaleza carnívora encontraron las cualidades de un guerrero valeroso, en su actividad nocturna vieron la conciencia despierta en todo momento y aseguraban que era la única ave en superar en vuelo a la águila dorada. Los viejos pueblos de México también le llamaron "águila de la noche".