La enseñanza de los principios básicos de la astronomía debe vencer varios obstáculos. Uno de ellos es la comprensión de las magnitudes de los objetos de estudio, particularmente el tamaño de estrellas y planetas, y la distancia que existe entre ellos, ya que al hablar de años luz o unidades astronómicas no se adquiere un verdadero entendimiento del desafío que el espacio supone para el hombre.

Un ejercicio práctico para aprender las distancias entre los planetas y el Sol

Antes de pasar a los fríos números y las definiciones estrictas, un ejercicio de campo puede ser la mejor forma de acercarse a la realidad del tamaño del Sistema Solar. Una actividad que ha probado su efectividad es el “Modelo de las mil yardas”, de Guy Ottewell, que con algunas modificaciones se puede aplicar perfectamente al sistema métrico.

El ejercicio consiste en representar las distancias y las medidas del Sol y los planetas del Sistema Solar. Las escalas no son exactas, pero sí muy aproximadas, y mucho más realistas que las que se pueden observar en cualquier gráfica o maqueta. La única dificultad radica en encontrar un espacio donde se pueda caminar algo menos de un kilómetro en línea recta.

En este modelo, cada paso debe ser de un metro, y cada metro representa seis millones de kilómetros. Se debe elegir un objeto para representar a cada planeta, que será alejado del Sol con una cuenta de pasos. Luego a esta experiencia se le pueden agregar los datos exactos, pero lo importante es observar a simple vista la escala.

El Sistema Solar en un kilómetro

Para aplicar el modelo de Ottewell es recomendable utilizar a Plutón, ya que, aunque hoy no se lo considere un planeta, se lo asocia inevitablemente a los límites del Sistema Solar. Bastará una explicación posterior de la diferencia entre planetas y planetoides para completar la información.

Los planetas, objetos que los representan y distancias se deben presentar en este orden:

  • El Sol (una pelota o un globo de 23 centímetros de diámetro) es el punto de partida. Una vez ubicado el Sol en el suelo, se deben dar diez pasos en línea recta para colocar el primer planeta.
  • Mercurio (la cabeza de un alfiler, de 0,8 milímetros de grosor). Se puede pinchar el alfiler sobre una superficie que facilite su visión. Hay que alejarse ocho pasos de Mercurio para ubicar el siguiente planeta.
  • Venus (un grano de pimienta negra, de unos 2 milímetros). Tras posicionar a Venus, hay que dar siete pasos hasta el próximo objetivo.
  • La Tierra (otro grano de pimienta). La diferencia entre Venus y la Tierra es casi inexistente en esta escala, aunque se puede aclarar que la Tierra es un poco más grande. Una vez ubicado nuestro planeta, la distancia a su vecino exterior es de 13 pasos.
  • Marte (Otra cabeza de alfiler, esta vez de 1 milímetro, un poco más grande que la que representa a Mercurio). Aquí se puede hacer una pausa y mirar hacia atrás, antes del primer salto sorprendente de la experiencia. Luego se deben contar 92 pasos antes de ubicar al primer gigante gaseoso.
  • Júpiter. Una nuez o una castaña de 2,4 centímetros servirá como representación del planeta más grande del Sistema Solar. Desde aquí las distancias crecen, por lo que se debe repetir ante cada planeta la pausa para mirar el camino recorrido. El próximo destino está a 108 pasos.
  • Saturno (una avellana de 2 centímetros). Desde allí se deben dar 240 pasos hacia el séptimo planeta.
  • Urano (un maní de 9 milímetros). El próximo gigante gaseoso se encuentra a 271 pasos.
  • Neptuno. (un maní de 8 milímetros). Para llegar al último objeto, solo restan unos 234 pasos más.
  • Plutón (una cabeza de alfiler de solo 0,4 milímetros de grosor). Hasta aquí se habrán dados 983 pasos, algo menos que un kilómetro. Para llegar a la estrella más cercana, Próxima Centauri, habría que recorrer 4,24 años luz, lo que representarían unos 6,7 kilómetros desde el Sol.
  • El regreso, la Luna y el hombre. Al llegar a la Tierra nuevamente, se puede colocar una cabeza de alfiler de 0,6 milímetros a un pulgar de distancia (unos 6,5 centímetros) para representar la Luna. El pulgar marca el recorrido máximo que ha alcanzado el hombre fuera de su planeta de origen.

Definición y límites del Sistema Solar

El Sistema Solar no termina en Plutón. Existen otros planetoides, y más allá, en la Nube de Oort, asteroides y cometas que también forman parte de él, como también pertenece cualquier partícula de polvo influenciada gravitacionalmente por el Sol y no por otra estrella.

El Sistema Solar es entonces, por definición, un conjunto de planetas, planetoides, satélites, asteroides, cometas y polvo estelar que giran alrededor del Sol. Su límite es allí donde la fuerza de atracción solar se iguala a la de otra estrella (por lo tanto, no es una esfera perfecta) y se calcula que es algo superior a los tres años luz.

Comparación del Sistema Solar y el modelo atómico

Una representación del átomo (no la más acertada, ni la más actual, aunque sí la más icónica) suele compararse con la forma del Sistema Solar. Pero, además de las grandes diferencias entre los objetos y las órbitas de ambos esquemas, las escalas también son completamente diferentes.

La distancia entre las partículas atómicas es aún mayor. Siguiendo el modelo de Otterwell, se necesitarían 100 kilómetros para hacer la representación a escala del modelo atómico. Aun así el núcleo debería ser 100 veces más chico (del tamaño de un grano de pimienta) y los electrones serían muy pequeños para ser representados por un objeto visible.

Imaginar distancias espaciales es un desafío para la imaginación, y la complejidad aumenta cuando pasamos de las estrellas a los cúmulos, las nebulosas y las galaxias. Pero el reto se justifica no solo por el ejercicio mental, sino por la lección de humildad que conlleva entender nuestro pequeño lugar en el universo.