El mundo de la creación no se ajusta a las limitaciones de la visión burocrática de las demás enseñanzas académicas. Rimbaud revolucionó el mundo de la poesía antes de cumplir veinte años y se dedicó más tarde al comercio de armas en África, sin volver a componer un verso.

La precocidad en el mundo musical

Con sólo cuatro años Mozart tocaba el clavicordio y componía ya pequeñas obras de notable dificultad. Era diestro con el clavecín y el violín a los seis años. Descifraba partituras a primera vista y gozaba de una prodigiosa memoria musical. Se cuenta que habiendo oído una sola vez el Miserere de Allegri —obra conservada en secreto por los Papas y cuya reproducción estaba prohibida bajo pena de excomunión— fue capaz de transcribirlo nota a nota perfectamente. El Papa al enterarse hizo a Mozart Caballero de la Espuela de Oro. ¿Podemos por lo tanto aplicar criterios académicos tradicionales al universo creativo musical? Resulta dudoso.

El caso de Damien Cayro

El pasado día 5 de junio los alumnos de la cátedra de Canto de la Escuela Reina Sofía sorprendieron al público presente con un despliegue de talento y de calidad vocal difícilmente olvidable. Los alumnos de Tom Krause y Manuel Cid deslumbraron a los asistentes
interpretando arias, dúos, tríos y cuartetos de gran dificultad. Sus nombres no son ya los de promesas sino realidades del universo vocal: Virginia Blanco, Anna Moroz, Anna Pardo, César Augusto Arrieta, Damien Cayro, Juan David González y Federico de Michelis.

Damien Cayro (Miami 1994) llamó la atención por su juventud. Recién cumplidos 19 años disfruta de una voz de bajo natural poco frecuente a tan temprana edad. A su precocidad como bajo, el Sr. Cayro une un gran nivel como pianista y excelentes disposiciones para la composición.

Compuso su primera obra a los diez años. Tras un curso de acelerada formación en la prestigiosa Escuela madrileña, el Sr. Cayro nos abandona y prosigue su Grand Tour formativo. Con tal motivo le entrevistamos.

Pregunta: Sr. Cayro, ¿cómo llegó Vd. a Madrid?

Respuesta: Me formé en Miami con Kathleen Bell y Kathleen Wilson, a las que debo mi vocación. Kathleen Bell apostó por mi voz y me acompañó a Madrid. Siempre recordaré mi audición de ingreso en la Escuela, delante de la profesora Bell y de su madre, de Helen Donath y Klaus Donath…

P.: ¿Qué puede contarnos acerca de su experiencia madrileña?

R.: He pasado un año extraordinario en la Escuela Reina Sofía. Mis compañeros son grandes artistas, personas que están dando ya conciertos como profesionales, en la línea de la Escuela Reina Sofía que sólo quiere a los mejores. Y he tenido profesores de la categoría de Tom Krause, para la voz, maestros como Jorge Emilio Rodríguez y Ángel Cabrera al piano y Sebastián Mariné para la composición… ¿Se puede pedir más

P.: ¿Cuáles son ahora sus planes?

R.: Quiero aprender más. No hay que descuidar nunca la propia formación porque cuando empiezas a trabajar como profesional ya no tienes tiempo para nada.

P.: El hecho de ser tan joven, ¿alguna vez le ha supuesto más inconvenientes que ventajas?

R.: Sin duda. La burocracia es incompatible con las enseñanzas artísticas.

P.: ¿Recomendaría Vd. a un joven español que se jugara la vida a la carta musical?

R.: No puedo hablar por nadie. Sólo decir que la música es mi vida y me gustaría poder dedicarme a ella como profesional. Pero es duro. Hay que tener aptitud y trabajar mucho. Además la enseñanza musical es muy singular, los maestros tienen pocos alumnos, y lógicamente es una enseñanza cara, vedada a quien carezca de recursos. La crisis que estamos viviendo amenaza las ya escasas becas en este ámbito.

P.: Pianista, cantante, compositor… En España decimos que quien mucho abarca poco aprieta. ¿Se decidirá Vd. por alguna de sus vocaciones?

R.: Me gustaría dedicarme profesionalmente al canto, pero sin abandonar mis otras vocaciones. Eso no depende sólo de mí sino del mercado, de las oportunidades profesionales.

Sólo nos queda desearle suerte al Sr. Cayro esperando que las expectativas que ha levantado no se frustren. Le auguramos una larga y brillante carrera.