
- Surrealismo pictórico inconfundible - obra de Salvador Dalí
Rafael Alberti, en su libro La arboleda perdida apunta que los movimientos de vanguardia «se infiltraron por todas partes, se sucedían en oleadas súbitas, como temblores sísmicos», y recuerda el interés que le suscitaban los jóvenes vanguardistas.
Coordenadas artísticas del surrealismo español
En España, el surrealismo llega hacia 1928, preparado para un viaje hacia la fuente del sueño, de la irracionalidad y de la imaginación. Este movimiento tuvo una primera incubación en los movimientos creacionista y ultraísta, puestos en práctica por poetas como Vicente Huidobro, Gerardo Diego o Juan Larrea.
El surrealismo español se expresó de manera particular, hecho que se puede comprobar a través de sus más sobresalientes manifestaciones, que permiten establecer las coordenadas estéticas que lo hacen distinto de la escuela francesa. Además de la expresión peculiar de la poesía surrealista hispana, no hay que olvidar el poema en prosa o composiciones de prosa poética, ni la presencia del drama y la prosa, como tampoco los guiones cinematográficos escritos por Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel.
El “Manifiesto surrealista” y su difusión en España
El 2 de octubre de 1924 aparece el “Manifeste du surrealisme”, en el que André Breton refiere la definición del término: «Surrealismo: Automatismo psíquico por el cual se pretende expresar, sea verbalmente, por escrito o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento en ausencia de todo control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética o moral».
Dos meses después de aquella fecha, el 18 de diciembre de 1924, el número VI de la Revista de Occidente informa de ello con un artículo de Fernando Vela, “El suprarrealismo”, en el que el autor ilustra los principios del nuevo movimiento. Fueron, desde entonces, muchas las publicaciones al respecto. Entre otras: Guillermo de Torre, “Neodadaísmo y superrealismo” (Plural, enero de 1925); César Muñoz Arconada, “Hacia un superrealismo musical” (Alfar, febrero de 1925); José Bergamín, “Nominalismo suprarrealista” (Alfar, mayo de 1925). Finalmente, la revista Alfar (abril de 1926) recoge el primer “Texto superrealista” de André Breton.
El surrealismo español y la generación del 27
Todo esto, unido a los diferentes actos realizados en la Residencia de Estudiantes, hace que los diferentes miembros de la generación del 27 se interesen por el movimiento. Además, se puede decir que prácticamente todos, tenían una información reciente tanto de otros movimientos (dadaísmo, cubismo, futurismo, etc.) como de Apollinaire, Freud, Rimbaud y otros autores que en cierta medida habían influido en el surrealismo, lo que facilitaba evidentemente la comprensión de este nuevo movimiento.
En la Residencia vivían Salvador Dalí, Pepín Bello, Emilio Prados, Federico García Lorca, José Moreno Villa y Luis Buñuel. Todos ellos practicaban ya un lenguaje irracional, como los “putrefactos” o los “anaglifos”, construcciones que oscilaban entre el divertimento y la creación poética.
Algunos miembros de la generación programaron distintas publicaciones y proyectos sobre el surrealismo. Así, Dalí y Lorca tienen prevista la publicación del libro Los putrefactos; Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, José María Hinojosa y José Luis Cano deciden crear una revista de carácter surrealista. Otro proyecto tampoco realizado fue el de Prados, Cernuda y Vicente Aleixandre, consistente en la publicación de un manifiesto surrealista.
Algunas obras representativas del movimiento
Algunos autores representativos de esta generación, como consecuencia de una crisis personal, escriben y publican una serie de obras dentro de la nueva sensibilidad surrealista. Se publican libros caracterizados por el uso de procedimientos asociativos mediante acumulaciones de procesos mentales muy cercanos a la escritura automática, pero con un procedimiento consciente de creación. Algunos ejemplos: La flor de Californía (1928) de José María Hinojosa, Pasión de la tierra (1928) de Vicente Aleixandre, Poeta en Nueva York (escrito entre 1929 y 1930, publicado en 1940) de Federico García Lorca y Sobre los ángeles (1929) de Rafael Alberti.
El surrealismo se infiltró en los miembros de la generación del 27, cuyos protagonistas tendieron, en general, a rechazar la dependencia directa del dogma bretoniano, del automatismo psíquico puro que lo definía, de la escritura automática. El caso español se enfrenta al francés porque éste se basa en una operación inmediata, sin ninguna intervención de la razón, entre el acto de la inspiración y su directa trascripción.
Y esta conciencia resulta evidente en el proceso de la escritura surrealista de Aleixandre, Hinojosa, Prados, Cernuda y Alberti, donde el surrealismo deriva del abandono del poeta a la presencia de las fuerzas interiores que lo dominan en aquel momento.
