Algunas de las preguntas más frecuentes alrededor del tema del suicidio son las relacionadas con las causas. La familia, por ejemplo, no logra comprender como un ser querido renuncia a todo y “sin más” decide quitarse la vida. A pesar, que el dolor de la familia es comprensible, ese “sin más” que, muchas veces, acompaña la opinión de allegados y curiosos, no es un justo.

Nadie se suicida sin que exista una razón. Y de esto se han convencido los especialistas, quienes han tenido que estudiar a través de cuadros comparativos el tema, el cual es uno de los más espinosos que existe.

Para muchas personas el suicidio es antinatural, en un boletín de la AUPEC (Agencia de periodismo científico y cultural) de la Universidad del Valle, le definen de la siguiente manera:

“El suicidio es una idea que se va gestando y es muy probable que la familia no lo sepa, para los científicos llegar al suicidio o al intento de suicidio implica un problema psicológico grave y no tiene justificación filosófica, pues atentar contra sí mismo no es natural ni lógico”

Un breve análisis del anterior párrafo nos deja vislumbrar una interpretación general sobre el suicidio. Seguramente los científicos no estimen el suicidio como un acto antinatural e ilógico, como lo dice claramente el apartado, ya que ellos son los primeros en intentar explicar cuales son los componentes racionales del mismo.

Aquí el acto suicida se ve estigmatizado negativamente haciendo que, la persona que lo intente o lo haga, quede inmersa en este tipo de semántica de lo perverso. Estigmatizar a una persona que piensa en quitarse la vida es lo peor que podemos hacer para ayudarle.

¿Causas?

La respuesta al por qué es compleja y diversa, influyen elementos tanto socio-culturales como biológicos. Los rangos de edad varían y con ello las causas; de la misma manera según la diferencia de género, o en casos de personas con cuadros clínico referentes a problemas de salud mental.

Esta es la razón de que sea tan complicado determinar un punto de inicio, estos dependen de un número infinito de elementos que se entrecruzan como débiles hilos. Sin embargo, se puede simplificar la ocurrencia del suicidio en dos procesos.

Así lo presentan en su ensayo, El suicidio, conceptos actuales, aparecido en la revista Salud Mental, Anna G. Gutiérrez García, Carlos Contreras y Rosselli Chantal Rodríguez.

“La ocurrencia de suicidio se apoya teóricamente en dos modelos. El primero se apoya en el modelo estrés-diátesis. La segunda está basada en la observación de que el suicidio conlleva un proceso”

Estrés-diátesis

Este modelo intenta explicar porque algunas personas son más propensas a cometer suicidio; tiene en cuenta experiencias traumáticas y elementos que dependen de cuadros clínicos, por ejemplo, las enfermedades psiquiátricas, entre ellas la depresión, la enfermedad bipolar y la esquizofrenia.

En muchos casos el aspecto biológico es determinante. Con esto se quiere decir que, en pacientes con historia familiar de problemas mentales, hay más probabilidad de que se repita el cuadro clínico. Este tipo de pacientes no tienen la fuerza para enfrentar niveles altos de estrés, convirtiendo pequeñas situaciones en momentos decisivos. Aquí el suicidio tiene un aspecto psicosocial.

El Suicidio como un proceso

Este modelo intenta explicar el suicidio como un proceso, que se caracteriza por el rasgo-estado de la personalidad de un paciente y su interacción con la realidad que lo circunda.

En este punto se describe el proceso que inicia en la ideación del acto suicida hasta el punto de su consumación. Además se analizan, según Anna G. Gutiérrez García, Carlos Contreras y Rosselli Chantal Rodríguez, ciertos rasgos de la personalidad del paciente, los cuales hacen referencia aspectos psicosociales. Estos rasgos son los siguientes:

  • Pensamientos de derrota. El paciente se percibe como un perdedor.
  • Percepciones de imposibilidad de rescate. El paciente siente desesperanza frente a momentos estresantes.
Ambos modelos reflejan una interacción entre los aspectos sociales y psicológicos. Para Émile Durkheim, por ejemplo, el suicidio tiene una total dependencia de las circustancias sociales en las que se desenvuelve el individuo.

Sin embargo, la mayoría de los especialistas están de acuerdo en que hay más dependencia de rasgos psicológicos. Más del 50 % de las personas que cometen suicidio tienen un cuadro clínico referente a enfermedades mentales, así lo indica la OMS (organización mundial de la salud).

¿Una enfermedad?

Sí. Y cuando queramos buscar un por qué, iniciemos por ser conscientes que, la ideación suicida y su culminación, son parte de una enfermedad de carácter psicosocial, que lleva a una persona, incapaz de responder, con la misma fuerza de sus semejantes, a aspectos de la vida cotidiana, a buscar una opción distinta.

Lo cual no es ilógico, ni antinatural, el enfermo cree hallar en la muerte una cura, dado que desconoce su enfermedad. La OMS considera el suicidio un problema de salud pública. Según esta organización, cada cuarenta segundos se suicida una persona en el mundo. Entonces, es hora de pensar que podemos hacer nosotros por ellos.