El sueño infantil es un punto en la maternidad preocupante debido a las distintos modelos de crianza con los que convivimos actualmente. Que los bebés se despierten varias veces en la noche, algo normal desde el punto de vista evolutivo, puede convertirse en un verdadero suplicio para algunos padres que no saben cómo conseguir que el bebé duerma más de tres horas seguidas sin recurrir a recursos variados.

Los recién nacidos saben dormir

Todos los libros publicados hasta el momento, a modo de guías para lograr el hito infantil de dormir del tirón, nos lleva a pensar que quizás, cuando nacemos, no sabemos dormir. Algo que parece incómodamente incierto, ya que como explica la psicóloga clínica infantil Rosa Jové, los bebés saben dormir incluso dentro del útero materno. ¿Por qué íbamos a dejar de saber dormir unos días después?

El sueño va ligado en esos primeros meses a las necesidades que tiene el bebé, como cachorro indefenso e inmaduro, de alimentarse frecuentemente y sentirse seguro. Por eso se despierta tantas veces, independientemente de la hora del día, para asegurarse la supervivencia. Necesita tomar leche, que le proporciona idealmente su madre a través de su pecho, y necesita estar presente, para volver a dormirse seguro. Pero este patrón de dependencia puede ser duro.

El método para dormir a los bebés y niños

No es la primera vez que los padres reciben la solución a los problemas del sueño infantil y conseguir así que el bebé no de guerra por la noche. “Duérmete niño”, el best-seller del doctor Estivill, versión española de la sistema Ferber, ha convertido el asunto del sueño en tema de gran dialéctica entre padres y es uno de los métodos más utilizados.

Aunque dicen que los extremos nunca fueron buenos y algunos se intentan identificar con la versión intermedia, parece que la lógica tiene un solo camino. Si la naturaleza nos ha hecho dependientes no es por capricho, porque normalmente lo que es natural siempre tiende a ser lo ideal, seguramente porque es lo que facilita una mejor adaptación al entorno en el que se vive.

Esto nos lleva a asumir que sabemos dormir y que los intentos por educar a un bebé en el sueño adulto es una forma un poco absurda de hacer sufrir a los bebés que no entienden nada de lo que les explicamos con voz firme, pero dulce. Así lo explica Rosa Jové, en "Dormir sin lágrimas", un método distinto para abordar el sueño infantil.

La lactancia materna es la culpable

No es la primera vez que, obviando toda la evidencia científica al respecto, se culpa al pecho de que los niños no saben dormir. Seguramente el biberón de leche artificial proporcione mayores períodos de sueño continuo, ya que el proceso de digestión entre tomas es más largo y las cantidades mayores. Aun así, hay padres que a pesar del biberón no resuelven el problema del despertar nocturno y necesitan más.

El siguiente paso al destete, total o parcial, es la aplicación del Método Estivill, basado en tiempos de espera. Ofrece como única solución para dormir bien hacer llorar al bebé un tiempo y así conseguir que acabe durmiendo solo y del tirón. Para los padres que siguen una crianza más natural, nada más cruel para un bebé que hacerlo sufrir para dormir, sobre todo cuando el pecho sigue siendo la forma ideal de conciliar el sueño infantil sin efectos secundarios.

La leche materna contiene l-triptófano, componente que no han tardado en añadir a algunas leches de fórmula dada su evidencia científica al respecto. El pecho no necesita preparaciones ni levantarse, así que se puede dar cómodamente en la cama sin apenas despertarse, ya que el bebé encuentra el pecho por sí mismo si duerme con la madre.

Lactancia materna prolongada y colecho

Desde el Paleolítico nuestros bebés mantiene el mismo chip que le garantiza la supervivencia: los brazos de su madre, la lactancia frecuente y prolongada, y su constante presencia nocturna. Poco a poco irá adquiriendo el desarrollo suficiente para dormir solo, sin necesidad de recurrir a nadie, ni siquiera al pecho materno. Pero todo lleva su tiempo y los padres necesitan un poco de paciencia y por qué no, alguna herramienta para sobrellevarlo.

Una de esas herramientas sigue siendo compartir la cama con el bebé, de gran utilidad cuando la lactancia se prolonga. Se llama colecho y no tiene efectos secundarios, pero es mirada con recelo por quienes intentan que los niños se adapten al ritmo adulto en pocas semanas, y con miedo a ser criticados. El colecho es para muchos una forma de asegurar el descanso de la unidad familiar, sin necesidad de renunciar a la lactancia.

También se puede compartir habitación, que no necesariamente implica la cama toda la noche, sino solo cuando el bebé es alimentado. Las nanas, los cuentos antes de dormir, habituar al niño al ciclo circadiano del día y la noche, establecer rutinas a fin de cuentas, se puede hacer sin efectos secundarios: sobre todo sin llorar.