Los insectos usan diferentes métodos para comunicarse. Éstos pueden basarse en señales auditivas, químicas o visuales, explican Robert L. Dorit, Warren F. Walker Jr. y Robert D. Barnes en Zoology.

Los insectos utilizan el sonido para interrelacionarse. Los representantes más notorios de esta clase de comunicación son los saltamontes, los grillos y las cigarras o chicharras. El sonido que producen los dos primeros se logra cuando frotan el margen frontal de las alas delanteras o las patas traseras actúan como una espátula, la cual es frotada sobre una especie de lima formada por venas de las alas delanteras. Cada especie de grillo tiene su propio sonido, el cual es utilizado para atracción sexual y como forma de agresión. El sonido parecido a la electricidad estática que producen las cigarras o chicharras, que sirve para reunir a los individuos de esta clase de insectos, es realizado por membranas abdominales quitinosas.

Las señales químicas son las más comunes y se dan a través de feromonas. Por ejemplo, por medio de estas sustancias químicas, los machos de algunas polillas pueden localizar a las hembras que se encuentran a una distancia considerable y las hormigas que vuelven de sus viajes en busca de provisiones, utilizan feromonas como huellas indicadoras del camino para otros individuos de la colonia.

Las señales lumínicas, producidas por las luciérnagas, son usadas en la atracción sexual. Por ejemplo, en especies de Photinus, los machos emiten luces a intervalos precisos. Las hembras responderán con otra señal de luz si la distancia a la que éstos se encuentran es corta; luego se producirá el encuentro de ambos.

Los insectos y la emisión y recepción de sonidos

Una de las maneras de interrelacionarse de los insectos es a través de la comunicación acústica por medio de la emisión de sonidos de diferentes formas. La más común es la estridulación, que se produce por frotamiento de dos partes corporales. Esta forma de comunicación es utilizada por muchos insectos pero claramente está más desarrollada en los ejemplares del orden Orthoptera. La estructura corporal que juega un rol importante para el sonido es la tegmina. Los insectos que no poseen un gran tamaño y potencia para emitir sonidos, hacen vibrar la superficie o el material que los rodea para comunicarse con otros individuos. Estas vibraciones, producidas por las patas, son de muy baja frecuencia (1-5.000 Hz). Otros retuercen y relajan zonas específicas del cuerpo que están provistas de una cutícula elástica, denominada timbal, que es utilizada por los machos del orden Hemiptera (especialmente las cigarras) para atraer a las hembras, comentan P.J. Gullan y P.S. Cranston en The Insects-An Outline of Entomology.

La recepción de sonidos en los insectos está relacionada con la reproducción y la defensa. Por ejemplo, los ejemplares machos del orden Orthoptera producen sonidos específicos que son detectados por las hembras para luego elegir a su pareja. Además, la captación de señales sonoras ayuda a muchos insectos a detectar potenciales depredadores. Una forma simple de recepción sonora se presenta en especies que poseen sensilias tricoideas que responden a vibraciones producidas por sonidos de corto alcance.

Por ejemplo, los pelos torácicos de la oruga de la polilla Barathra brassicae miden alrededor de 0,5 mm de largo y responden perfectamente a vibraciones de 150 Hz. Los cercos de muchos insectos, en especial los grillos, están recubiertos por sensilias tricoideas, sensibles a corrientes de aire que les pueden dar información sobre la aproximación de un depredador o un ejemplar para el apareamiento. Otros insectos pueden percibir vibraciones a través del sustrato. Esto se da particularmente en aquellos que viven bajo tierra. Los que habitan en el agua pueden captar señales transmitidas por ondas para comunicar atracción sexual o actuar como defensa. Inclusive, algunos son capaces de detectar la resistencia que ofrece una presa al caer sobre la superficie del agua, complementan los mencionados autores.

Los insectos y las feromonas

Los animales que se comunican a través de olores emiten señales químicas conocidas con el nombre de feromonas. Los insectos las usan con mucha frecuencia, por lo general con fines reproductivos. Entre los tantos ejemplos que existen, se pueden citar a las polillas hembras del gusano de seda, que emiten una feromona para atraer a los machos que se encuentran a varios kilómetros de distancia y al sistema de marcación de las hormigas, a través de olores que liberan las exploradoras que sirven de guía a otras hormigas hacia la fuente de comida, explica Neil A. Campbell en Biology.

El rol de la bioluminiscencia

Los autores de The Insects-An Outline of Entomology mencionan que la emisión de luz en esta clase de insectos está relacionada principalmente con el cortejo previo al apareamiento del macho y la hembra. Cada especie emite luces de distinta duración y frecuencia de repetición. Normalmente el macho emite un par de señales luminosas y la hembra le indica su ubicación respondiendo con otra señal de luz.

La comunicación de las abejas

La comunicación entre las abejas ha sido estudiada con mucho interés hace varios años. La primera persona que se interesó por el comportamiento de estos animales fue Karl von Frisch, quien observó una serie de movimientos de estos animales en relación a la colmena y para comunicar instrucciones a otros ejemplares. Si la fuente de alimento se encontraba a una distancia cercana a la colmena, (menos de 50 m) la abeja que retornaba a ésta lo hacía con movimientos circulares y meneando el abdomen. Si por el contrario la distancia era lejana, (más de 5 km) la danza era oscilante, explica Campbell.

Cuando las abejas hacen este último tipo de movimiento o danza, regurgitan néctar. Así, cuando otros ejemplares salen en busca de alimento, ya conocen el tipo de comida que deben encontrar, la distancia a la que se encuentra y su dirección. Además, se valen de olores y sonidos de la abeja que hace los movimientos de baile para obtener información sobre la fuente de alimento, complementa el autor.