El sistema político debe verse como un ente parecido a un organismo, ya que de observársele como un instrumento acartonado corre el riesgo de caer. La historia no nos dejará mentir, ni el nazismo, ni el estado de bienestar ni el comunismo lograron su cometido al anquilosarse y convertirse en instrumentos de poder inamovibles y por ello, caducos.

Easton concibe al sistema político como el único organismo con la capacidad suficiente para adaptarse al cambio y persistir. De aquí que al concepto de vida política se le añada la capacidad de ser responsivo. Al concebir al sistema político como reactivo, Easton abre la puerta para realizar un análisis general de aquellas situaciones que le permiten subsistir a pesar de las exigencias que él mismo o su ambiente le imponen.

El sistema político como un organismo vivo

Así pues, el sistema político, al ser reactivo, debe encontrar las condiciones que le permitan la persistencia a los procesos y a las estructuras asignativas. Para entender el concepto de tensión, nuestro autor introduce la noción de persistencia, que, según él, es compatible con el cambio y la continuidad, que se manifiesta en dos sentidos: a) los miembros actuales creen en su identidad histórica, cuestión que permite configurar un sentimiento de identificación, y b) cada sistema permite una continuidad material genuina.

En Easton, para que “un sistema cumpla con la función política básica de adopción y ejecución de asignaciones obligatorias, es preciso que los miembros estén preparados para enfrentar las perturbaciones que llevan a la tensión, cualquiera que sea su origen”. De aquí que los miembros deben poseer una capacidad crítica desarrollada potencialmente que les permita optar por el cambio o la estabilidad.

Según nuestro autor, algunos sistemas que se encuentran estructuralmente más desarrollados poseen órganos especializados de adaptación, como lo pueden ser las elites políticas, quienes, a través de los partidos políticos, llevan estos mecanismos de ruptura o adaptación a la acción. Desde la óptica de Easton, la tensión que debe analizarse para poder comprender al sistema político en cuestión, es aquella que “constituye una amenaza para el sistema y pone el peligro su capacidad de sobrevivir, aunque no lo destruya forzosamente". Es necesario entender también que la tensión puede generar o contribuir un cambio en la organización anterior, que sin embargo, sea necesario para la persistencia.

La perturbación

Para poder identificar aquellos sucesos o elementos que vienen del sistema o del medio ambiente y que impacten en el funcionamiento del primero, es necesario introducir el concepto de perturbación, entendido como “todas las actividades del ambiente o del interior del sistema que cabe esperar que desplacen a un sistema de su pauta actual de funcionamiento, prescindiendo de si tal desplazamiento es o no tensivo”.

En Easton, las perturbaciones se clasifican en neutrales, benignas y tensivas. De esta clasificación, para nuestro autor, se deben estudiar dentro del análisis sistémico las últimas. La perturbación es entendida desde esta óptica, como una amenaza antes que un hecho consumado. Es el elemento que de alguna manera tiende a tensar al sistema sin destruirlo completamente.

Así pues, en Easton las variables que distinguen al sistema político son: la adopción y ejecución de decisiones relativas a la sociedad; y la frecuencia relativa de aceptación como autoritarias u obligatorias por parte del grueso de la sociedad.

Para este autor, “si la perturbación introduce cambios que impulsan a las variables esenciales más allá de su margen crítico, podemos calificarla de tensiva, como también si se le considera dotada de potencial suficiente para lograrlo, es decir, si constituye una amenaza o presión en esa dirección.” Así pues, podemos concluir que lo característico de los sistemas políticos es la capacidad de sus miembros para decidir y dirigir su determinación hacia el cambio o la persistencia.

La reacción del sistema

Es esta continua contingencia tensiva del sistema y su interrelación con la capacidad de decisión, lo que determina si la decisión será o no aceptada por los miembros del mismo. Ya que al ser aceptada se estará tendiendo hacia la continuidad, mientras que de ser rechazada tajantemente, esta nueva tensión, podría degenerar en el surgimiento de un sistema político totalmente nuevo.

Hasta aquí hemos reconocido que el sistema político se encuentra en tensión gracias a las perturbaciones que surgen desde el exterior y del interior, de la misma manera hemos puesto especial énfasis en la importancia de que los miembros tengan la capacidad para responder a este tipo de situaciones novedosas, ya que de lo contrario, la destrucción del sistema anterior pareciera inminente.

Debemos aceptar también que cualquier situación social posee, como un elemento que la define, la modificación (pronta o tenue) de las interacciones que le conforman. En el análisis sistémico se concibe a la estabilidad como el proceso más lento de cambio, casi imperceptible, que ocurre dentro de un sistema político. Easton parte de la idea de que, aunque el cambio se encuentre estable y sedentario dentro de la sociedad, sigue ejerciendo una presión continua dentro del sistema, que se vislumbra en la perpetuidad de ciertas pautas de conducta.