Según la perspectiva Psicogenealógica Jorodowskyana, teoría desarrollada por Alejandro Jorodowsky, el nombre que como hijos recibimos de nuestros padres es el primer regalo o herencia que nos otorgan nuestros antepasados; pero también representa el primer contrato que adopta el ser humano que condiciona en gran medida su forma de ser, actuar y conducirse en la vida.

La elección del nombre

El nombre otorga identidad, por tanto hay que evitar nombrar a los hijos como antiguos ex novios, actores, familiares muertos (bisabuelos, abuelos, tíos, padres) ya que éste actúa como un vehículo para la transmisión de conflictos emocionales, psíquicos, deseos reprimidos, proyecciones, traumas, situaciones dolorosas o avergonzantes y carencias no resueltas.

Se debe evitar caer en la trampa para alcanzar la individualidad que permita la construcción de una identidad sana.

Los nombres implican programaciones mentales positivas y negativas

Según Cristóbal Jorodowsky, el nombre tiene un gran impacto en la psique porque trae implícita una serie de programaciones mentales que ocasionan que un individuo que haya sido nombrado como alguno de sus antepasados, como algún familiar muerto, por ejemplo, tienda a repetir su destino o cargue toda su vida con él sin posibilidad de descubrirse a sí mismo. En este aspecto, el nombre pasa a ser una prisión que limita la libertad y la realización personal; en este caso el trabajo terapéutico está enfocado en investigar el modo de vida de la persona que llevó el mismo nombre que el nuestro; sus éxitos, fracasos, relaciones y hasta la forma en que murió, de esta forma la persona logrará tomar consciencia de que él es un ser indivual y un sujeto activo capaz de sanar y construir un destino diferente.

Algunos nombres con carga tóxica según la psicogenealogia son los que hacen alusión a:

  • Solución a situaciones dolorosas: Llevar el nombre de algún hijo muerto, por ejemplo, expresa la negación de los padres a aceptar la pérdida, condenando al segundo hijo a ser éste y no él mismo.
  • Reflejan deseos inconscientes: Aquellos que expresen la versión masculina o femenina del original; por ejemplo, si el primer hijo nace mujer y su hermano lleva por nombre el de la hermana masculinizado, por ejemplo; Antonia- Antonio, reflejan el deseo frustrado de los padres por que sus hijos nacieran del sexo opuesto.
Otro ejemplo es del padre o la madre que nombran a sus hijos como algún amante o ex novio (a) provoca que proyecten en ellos, sus deseos reprimidos.

Si la persona quién nombro al individuo elige para éste alguno de alguien que fue muy significativo para ella, proyectará la carga psicológica de satisfacerlo o darle lo que el otro no pudo.

  • Cargas o complejos: Nombres relacionados a conceptos de pureza, castidad o aquellos de ángeles exigen perfección y generan conflictos sexuales en la etapa adulta. Los nombres que hacen alusión a nombres de santos otorgan cualidades, pero también martirios.
Los nombres de personajes históricos, de estrellas de la televisión, el cine o la música les exige el cumplimiento de las expectativas impuestas por la celebridad, provocando constante insatisfacción y frustración en el individuo si no cuenta con el talento.

Elección del nombre consciente representa la posibilidad de forjar una identidad más fuerte

Jorodowsky sugiere estudiar los nombres de nuestro árbol genealógico, pues nos permite acceder a nuestro inconsciente, asimismo considera que tanto los padres de familia como los expertos en psicología deben prestar más atención al proceso de elección del nombre, pues cree que su conocimiento reincindirá en una labor preventiva y terapéutica que contrarreste los efectos negativos que generan ciertos nombres y se traducen a malestares psicológicos como los complejos; negación, conformidad, inferioridad, inconformidad o culpabilización.

Jorodowsky también recomienda a los padres elegir nombres para sus hijos que no tengan ningún registro en su árbol genealógico ni que éstos hayan pertenecido a personas significativas o ideales de quienes designan el nombre del nuevo ser, de esta forma se le otorga al individuo la posibilidad de que el nombre actúe como un vehículo de transmisión de mensajes más positivos y liberadores que influyan de manera más positiva en la formación de la identidad personal del futuro miembro.

Una persona que no se identifica con su nombre puede llegar a omitirlo u optar por ser llamado por algún apodo. Sin embargo, señala Jorodowsky, es también muy frecuente encontrar personas que aunque sienten que su nombre tiene alguna carga negativa no se atreven a cambiarlo, esto radica en que el sujeto teme que al hacerlo, dejará de ser reconocido por su "clan" , ya que el mayor miedo del ser humano es precisamente el no ser reconocido, identificado y amado.

Nuestro nombre representa de manera metáforica, un archivo de GPS que nos indica la ruta que hemos de seguir en nuestra vida y que es activado al nacer, de esta forma vamos deambulado por caminos que no nos llevan a ninguna parte; tomar conciencia de esto representa la posibilidad de trazar nuevos caminos y construir nuestro propio destino.