El árbol ha sido uno de los principales símbolos de la humanidad y su adoración ha sido practicada en todas las zonas del planeta donde ha crecido. Al tejo, en concreto, se le han asignado valores relacionados a los cultos religiosos y a la inmortalidad. Sus características sagradas se justifican en parte por su gran longevidad y por esta asociación a la larga vida el poeta romántico inglés William Wordsworth escribió las siguientes palabras:

“Hay un tejo orgullo del valle Lorton, que aún hoy, en medio de su tiniebla, se yergue igual que en los viejos tiempos (...) ¡Ser viviente, creció tan lento que morir no puede! Pero aún más notables son los cuatro hermanos de Borrowdale, en amplia y solemne arboleda unidos: ¡enormes troncos! Y cada uno un muro de entrelazadas fibras serpentinas desde antiguo trenzadas, ascendentes.”

Aunque se piensa que el culto al tejo ha sido practicado por numerosas pueblos como los romanos, griegos, germanos, nativos norteamericanos y australianos, es en el mundo celta donde las tradiciones sagradas de este árbol se han conservado con mayor pureza.

Características del tejo

Se trata de un árbol de forma generalmente cónica que puede llegar a los 15 metros de altura y que desarrollan grandes perímetros. Su copa es densa y sus hojas perennes. El crecimiento de estos árboles es lento y algunos llegan a superar los mil años. Se encuentran de forma aislada y no suelen formar bosquetes. El tejo de Fortingall, en Escocia, puede que sea el árbol más viejo de Europa con sus más de 2.000 años y un perímetro que sobrepasa los 15 metros.

La madera del tejo, por sus dureza y flexibilidad, ha sido utilizada para la fabricación de arcos y ballestas, ejes de carros, sillares y productos de ebanistería.

Las propiedades medicinales de los tejos

Al tejo se le atribuyeron propiedades curativas. Se le consideró antídoto para ciertas mordeduras de ofidios como publicó el emperador Claudio en un edicto, además de poseer las cualidades antirreumáticas, antimaláricas y antiabortivas que se le consideraron durante siglo XIII. Incluso más recientemente, en el año 1968, se le descubrieron en el Research Triangle Institute (RTI) propiedades anticancerígenas gracias al taxol que se encuentra en su corteza.

Junto con estas cualidades curativas, el tejo se caracteriza también por su alta toxicidad, circunstancia que utilizó el jefe los Eburones, Catuvolcus, para suicidarse bebiendo una infusión de corteza de tejo como narra Julio César en el sexto libro de De Bello Gallico (51 a.C.).

El simbolismo del tejo

Algunos símbolos relacionados con los árboles son universales, así, mientras los árboles de hoja caduca representan el renacimiento y la regeneración, los de hoja caduca, simbolizan universalmente la inmortalidad y la longevidad. De esta forma, el tejo, por su hoja perenne y su longevidad ha sido observado como un símbolo de la inmortalidad, asociándolo con la muerte ya que el hombre se vuelve inmortal al finalizar su existencia según numerosas creencias.

Estos árboles fueron reverenciados por los druidas, la casta sacerdotal del pueblo celta, en Francia, Irlanda y la antigua Bretaña que lo consideraron un árbol mágico del cual extraían su savia y recogían sus bayas y cortezas para elaborar sus ungüentos y realizar conjuros. Además, con sus ramas fabricaron bastones “mágicos” y con palillos de este árbol predecían el futuro.

La llegada del cristianismo

Con la venida del cristianismo, la espiritualidad y mística del tejo no cambió, incluso las primeras predicaciones se realizaron a la sombra de estos árboles. Se piensa, también, que las primeras iglesias y cementerios cristianos se construyeron cerca de los tejos, lugares sagrados para los celtas, ya que algunos tejos son más viejos que las antiguas iglesias.

Esta circunstancia de considerar al tejo un árbol sagrado la encontramos también en la mitología asturiana, pueblo donde se celebran festividades de origen celta. De esta forma, se observan, igualmente, tejos al lado de los los cementerios y ermitas asturianas en lugar de cipreses. Este árbol que simboliza el paso al otro mundo es además muy importante en las celebraciones del Día de los Difuntos, ya que se lleva a los muertos una rama de este árbol que los guiará en su llegada al País de las Sombras.

Esta asociación de construir los cementerios cerca de este árbol sagrado continuó y de esta forma la plantación de tejos en estos lugares se convirtió en una tradición.

Los símbolos los encontramos en todos los tiempos y culturas ya que son una forma de expresión. Se forman, según el psicólogo suizo Carl Jung, en el “subconsciente colectivo” constituyendo algunos símbolos un lenguaje universal ya que encontramos imágenes con significados parecidos en diferente culturas y a través de los siglos. En el tejo podemos observar un elemento de la naturaleza que los celtas asociaron a la muerte y que ha llegado hasta nuestros días como muestra del poder evocador que tienen los símbolos en nuestras emociones incluso en la actualidad.