Una investigación hecha por neurobiólogos de la Universidad de Nueva York y el Instituto de Tecnología de California ha permitido manipular mecanismos neuronales que se producen en el hipotálamo de los ratones macho para modificar sus comportamientos.

El experimento consistió en aislar a ratones machos en un compartimento. Previamente se les había implantado unos electrodos para registrar la actividad cerebral y una fibra óptica para iluminar el interior del cerebro ya que se había modificado las neuronas de la región del hipotálamo estudiada con un gen, previamente inoculado en las neuronas mediante un virus. Las neuronas con dicho gen al ser excitadas con láser tenían un comportamiento distinto. Esta novedosa técnica llamada optogenética está revolucionando el conocimiento del cerebro.

Sexo y agresividad

Las observaciones realizadas constataron que las mismas neuronas de los ratones macho se activaban durante enfrentamientos con otros ratones y durante la cópula.

Las células del hipotálamo que actúan en la regulación de comportamientos agresivos o de cortejo, hacen que los ratones macho ignoren o ataquen a las hembras cuando estas células son poco activas. Además, un gen presente en esas neuronas actúa directamente sobre la conducta agresiva de los machos. En los ratones donde se expresa hace que estos sean pacíficos.

Los investigadores pudieron observar cómo al excitar con luz de la zona del hipotálamo estudiada, los ratones atacaban a todo lo que entrara en su espacio territorial sin hacer distinción de sexo. Cuando se producía el encuentro con una hembra sin la excitación artificial, el macho iniciaba la cópula y no cesaba aunque se iluminara con láser las neuronas modificadas genéticamente. Tras el coito, la misma estimulación hacía que el animal atacara inmediatamente a la hembra.

Violencia de género

Las averiguaciones realizadas por los científicos estadounidenses podrían ser extrapolables al ser humano. La falta de discernimiento a la hora en la que los ratones macho deciden atacar a un congénere en función del sexo puede tener alguna similitud con la violencia mostrada por los hombres hacia sus parejas. En ambos casos, el mal funcionamiento del circuito neurológico implicado explicaría el comportamiento anómalo de los individuos.

De ser cierta esta hipótesis, los planes para reintegrar a hombres que maltratan a mujeres mediante cursos educativos sería una pérdida de tiempo y explicaría en parte, la reincidencia de los agresores. Sin embargo, no podemos obviar el factor cultural que puede atenuar o potenciar estas conductas violentas.

Las muertes de mujeres por violencia machista es una lacra social de difícil erradicación. Entre los años 2003 y 2009, han muerto 488 mujeres por este motivo. Solo en 2010 el balance fue de 73 víctimas mortales. La mitad de los agresores tenían una edad comprendida entre los 30 y los 50 años con una media de edad de 46 años. El verano y el final del año son épocas que destacan por el mayor número de asesinatos. Por cada millón de varones españoles hubo 3,6 agresores asesinos de media. Un 41,8% estaban casados y un 25% tenían una pareja sentimental.

Una pequeña cantidad de estos hombres se suicida por lo que existe una alto número de asesinos que podrían ser útiles para seguir profundizando en los recientes hallazgos sobre la relación entre el sexo y la violencia. Las nuevas investigaciones ayudarían a conocer mejor la prevención y tratamiento de aquellos individuos propensos a acciones que pongan en peligro la vida de otras personas.