El sexo determina. Marca lo que será la experiencia existencial en todos los sentidos. Hace que un individuo defina un género u otro.

Se nace varón o mujer, ese hecho no puede ser obviado. El saber quién se es, desde la perspectiva de la identidad sexual, define a los individuos. No es algo adicional a las personas, es parte constitutiva de su intimidad más esencial. Por esa razón, el sexo define.

No obstante, el asunto es más complejo que lo meramente corporal, hecho que ya evidenció Sigmund Freud (1856-1939), cuando revolucionó la concepción que se tenía hasta su época al decir que la sexualidad no acaba en lo corporal, ni se iniciaba en la pubertad. Al contrario, abarcaba todo el espectro de la vida de un individuo.

La sexualidad y el otro

El ser humano, además de su constituyente sexual, no está solo, y es innegable la influencia que tienen los otros en la identidad sexual de los individuos. De un modo u otro los demás influyen para tener un buen o mal concepto de la sexualidad personal.

La realidad biológica es un aspecto relevante, no obstante, la identidad sexual pasa por otros factores psico-culturales y sociales, que condicionan lo que el individuo puede o no entender de su sexualidad personal.

Los factores condicionantes pertenecen a tres órdenes:

  • El primero es el más obvio y se refiere a lo biológico. Se nace varón o mujer (a excepción de quienes padecen de hermafrodismo y son intersexuados). Ese indicador define nuestra manera de ser e interactuar en el mundo.
  • El segundo elemento es más complejo y está en el ámbito del imaginario del individuo, las respuestas que elabora se configuran a partir de las ofertas y condicionamientos que recibe de su entorno.
  • El tercer factor es simbólico y se configura a partir de las leyes, expectativas, normas morales y discursos que circulan en la familia y la sociedad en donde el individuo se forma.
Establecer qué factor es el más determinante es una de las discusiones que la psicología social no ha definido nunca, precisamente por la complejidad de elementos que están en juego.

Construcción de identidad

El individuo construye su identidad sexual con los elementos que recibe, no sólo lo biológico, y con ello ubica su lugar en el mundo. En muchos sentidos se configura a partir de los modelos similares que se le presentan que de alguna manera lo identifican como individuo. De allí la importancia de los modelos que la persona recibe, especialmente en los primeros años de su vida.

El discurso social, las expectativas y los condicionamientos sociales contribuyen a que el individuo forme su propia identidad a partir de lo que recibe como elementos objetivos y enseñanzas directivas, especialmente de la familia.

Es un proceso íntimo, complejo y altamente subjetivo, donde no basta decir "es varón" o "es mujer". El individuo debe procesarlo como un acto propio e individual.

Padres e identidad

Los modelos más influyentes son los padres, y en especial la madre. Eso implica que las expectativas paternas tendrán un valor subjetivo tremendamente importante en la sexualización del individuo.

Si los padres, por ejemplo, reciben un hijo, pero hubieran preferido tener una hija y lo hacen ver directa o indirectamente, eso tendrá influencia en la percepción que dicho niño tendrá sobre sí mismo y su identidad.

Por eso es tan importante que los padres, o en su caso, quienes sirven de modelo a un niño o niña en su primera infancia, no condicionen al infante con sus sueños, fantasías y expectativas, sino que acepten la realidad biológica del hijo o hija, sin agregar otro tipo de elemento que podría ser perjudicial en la aceptación de la identidad propia.

Conclusión

La sexuación, es decir, el proceso mediante el cual un individuo se constituye como varón o mujer, se inicia con el nacimiento y culmina con la muerte. Es decir, acompaña todo el espacio vital de la persona. Esa identidad condiciona todo lo que la persona es y será en su vida.

La sociedad contemporánea ha sufrido una especie de vacío estructural en cuanto a identidad sexual, debido a la crítica que se ha hecho desde diversos sectores al modelo estructurado en torno a la familia. Sin embargo, aunque pueda ser criticado como modelo, es imposible obviar la influencia que tiene. El sexo define a la humanidad, más allá que sea criticable o no la forma en que se adquiere la identidad.