La sexualidad es imprescindible en el ser humano. Ha sido objeto de estudio, crítica y representación con índole artística en variadas ramas como la literatura y la pintura, motivos que la llevaron a ser considerada un tema tabú dentro de la sociedad en el pasado.

El sexo tampoco fue una excepción. Sin embargo, a raíz de la revolución sexual acaecida en las décadas de los años sesenta y setenta, logró consolidar una mayor apertura en medios de comunicación y publicidad, gozando actualmente de menores restricciones en sus representaciones.

Sumando el erotismo a los aspectos antes mencionados, la meca cinematográfica se ha respaldado en ellos muchas ocasiones, provocando morbo, interés, curiosidad, escándalo, polémica y uno que otro sonrojo a causa de las fantasías y deseos que despiertan las imágenes retratadas en la narración de una historia.

Películas pioneras del cine erótico

Los indicios de algunas de las primeras aperturas en el cine en cuanto a la exploración del erotismo se encuentran reflejados a partir de películas como Cabiria (1914) e Intolerancia (1916). Su paulatino impacto comenzó a cobrar fuerza en la década de los treinta con el nacimiento del cine sonoro.

Considerada en Alemania una de sus mejores obras cinematográficas, El Ángel Azul (Der Blaue Engel, 1930) retrata cómo el profesor Rath (Emil Jannings) sucumbe perdidamente a los encantos de una cantante de cabaret conocida simplemente como Lola- Lola (Marlene Dietrich).

Gracias a este trabajo, Dietrich se convirtió en estrella de corte internacional y uno de los símbolos sexuales del séptimo arte. Si bien el filme tiene 80 años de haber sido estrenado, el uso de la iluminación para dotar un enigmático erotismo fue un elemento que sigue dando de qué hablar en la actualidad.

Basada en la novela de Vladimir Nabokov, Lolita (1962) ofrece la desmedida obsesión de un hombre maduro por una adolescente, representada por el profesor Humbert y la icónica adolescente Lolita. Tanto la adaptación de Stanley Kubrick como el filme de 1997 de Adrian Lyne fueron condenados por la iglesia, tachados de incorrectos y víctimas de la censura, además de seducir a lectores de la obra y seguidores de la versión cinematográfica.

Películas como Y Dios creó a la mujer (Et Dieu… Créa la femme, 1956), La Dolce Vita (1960), El Graduado (The Graduate, 1967) y Bella de Día (Belle de Jour, 1966) trascendieron no únicamente por su aproximación al sexo. Su calidad cinematográfica hizo lo propio, para así ambas características ser enlazadas a manera entrañable dentro de la historia del cine mundial.

El erotismo en los '70

La industria de la pornografía logró su cumbre dorada en los años setenta, siendo Garganta Profunda (Deep Throat, 1972) su filme más identificable y mayor difundido en el orbe. Sin embargo, el destape cinematográfico del sexo y erotismo -sin relacionársele con el cine porno- incrementó notablemente, volviéndose más explícito y alcanzando mayor notoriedad a nivel mundial con obras como Emmanuelle (1974), la japonesa El imperio de los Sentidos (1977), Pretty Baby (1978) y Calígula (1979).

El libro más famoso de Giovanni Boccacio, El Decamerón, vería la adaptación de varios de sus cuentos en 1971, conservando la esencia de las narraciones en una Italia del siglo XX. Su realizador, Pier Paolo Pasolini, se encargaría de mantenerse en la línea erótica con Los Cuentos de Canterbury (1972) y Salo o los 120 días de Sodoma (1975).

Italia continuó realizando destacadas producciones bajo esta índole. Una de los filmes más reconocidos de Bernardo Bertolucci, El Último Tango en París (Last Tango in Paris, 1972), provocó escándalo y polémica, además de consolidarse como referente de los setentas en el cine a nivel mundial. Marlon Brando protagoniza a un hombre viudo que para lidiar con el suicidio de su esposa mantiene relaciones meramente sexuales con una joven francesa (Maria Schneider).

Nueve semanas y media y Bajos instintos, clásicos del cine erótico

1986 sería el año en que una película estadounidense se consagraría como referente necesario para la biblioteca erótica del cine: la entonces controversial Nueve Semanas y media (9 ½ weeks).

Sus protagonistas, Kim Basinger y Mickey Rourke, alcanzaron el estrellato y el simbolismo sexual de dicha década con la historia sobre una pareja cuyo fin es simplemente experimentar con el sexo hasta el punto en que se llegue a un límite. La escena del mítico baile al compás de “You can leave your hat on” de Joe Cocker quedó impresa en las memorias de quienes la atestiguaron.

Para 1992 asaltaría las pantallas una obra que mezcla thriller y dosis de sexo: Bajos Instintos (Basic Instinct). La investigación del detective Nick Corran (Michael Douglas) sobre un misterioso asesinato cuya sospechosa es Catherine Tramell (Sharon Stone), escritora que además de inteligente ejecuta un acertado juego de seducción que termina por hacer caer en sus manos al propio Corran.

Por medio de escenas imborrables como el cruce de piernas en el interrogatorio y el picahielos debajo de la cama, logró el filme rendir a sus pies a los espectadores, llevó hacia el estrellato a Sharon Stone y se le nombró ícono sexual del celuloide.

El erotismo en el cine actual

No hay duda alguna que la sociedad moderna tiene una mente más abierta ante la sexualidad, llevándose a realizar propuestas con cada vez más audacia y pizca de sexo captadas por la cámara de 35 mm, siendo prueba de ello filmes como Jamon, Jamon (1992), Romance X (1999), Viólame (Baise- Moi, 2000), Lucía y el Sexo (2001), Irreversible (2002) y 9 songs (2004).

La red del erotismo continuará cautivando en un mayor o menor grado, sin que caduque su representación dentro de las pantallas cinematográficas, estando así en boca de los espectadores de manera seudo-permanente en la conciencia y en el sigiloso subconsciente.