De acuerdo a la opinión de varios investigadores, entre ellos la Dra. Rachel Herz, experta en la psicología involucrada en el sentido del olfato, y autora del libro "The Scent of Desire" ("El Perfume del Deseo"), no existen dudas acerca de la supremacía de las percepciones sensoriales olfativas sobre el resto de los sentidos en cuanto a la interrelación con las emociones se trata.

Paralelismos entre el procesamiento de las sensaciones olfativas y la creación de las emociones

La estrecha relación entre el olfato y las emociones estaría dada por la interconexión de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de ambas sensaciones, siendo el sistema límbico -y en especial la amígdala- el centro integrador por excelencia.

En estudios de imágenes cerebrales se ha evidenciado que la amígdala se activa inmediatamente ante una percepción olfativa, acción que no se ha observado al estudiar a los otros cuatro sentidos.

Según estudios realizados en el Hospital "Sfanta Maria" de Rumania, las áreas cerebrales de integración de las sensaciones olfatorias son muy extensas en el ser humano y se conectan de manera importante con las regiones que procesan a la memoria , al lenguaje y que desencadenan acciones involuntarias de respuesta emocional.

Si bien en los seres humanos, explica Sarafoleanu (Rumania), el olfato no cumple una función vital y única en el reconocimiento de objetos y semejantes, sí cumpliría un papel primordial en la modulación de su comportamiento social y afectivo, definiendo inconscientemente sus relaciones íntimas y su atracción a ciertos grupos de personas.

Otros científicos, como es el caso de Zhou Chend de la Universidad Rice (Houston, Estados Unidos), consideran que el sentido del olfato y las emociones involucran dos procesos cerebrales diferentes pero que anatómicamente las áreas involucradas se superponen, posibilitándose de ese modo una intensa interconexión y la influencia de un sistema sobre el otro.

Luego de considerar que no se habrían estudiado suficientemente los efectos precisos del olfato sobre el comportamiento humano; Chend orientó sus investigaciones al reconocimiento químico-sensorial interhumano como una de las formas más esenciales de comunicación social, junto al reconocimiento visual y cognitivo emocional. Los resultados de sus observaciones confirmaron una vez más la existencia de una relación estrecha entre el sentido del olfato y los procesos emocionales.

El sentido del olfato y las emociones asociadas a su memoria

La Dra. Herz realizó, entre muchos otros, un experimento mediante el cual solicitó a diversas personas que expresaran las memorias asociadas a la estimulación particular de cada uno de sus cinco sentidos, utilizando un mismo y único objeto (por ejemplo, cierta fruta o comida); y observó que si bien todos los sentidos funcionaron como un canal para la recolección de datos desde la memoria, únicamente el sentido del olfato trajo consigo las emociones asociadas a ese objeto y memoria en particular.

Nuevamente las evidencias demostraron que sólo ante la percepción olorosa la amígdala (parte del sistema límbico) se activa de manera instantánea.

Un dato interesante a destacar es que las emociones asociadas a un olor o perfume pueden variar con el tiempo de acuerdo a las experiencias o circunstancias que se sumen a esa primera percepción. Por lo tanto un perfume que en sus comienzos hubiese recuperado una sensación placentera, de relacionarse posteriormente a un evento negativo, ya no generaría placer sino tensión o angustia al ser reencontrado. No debe confundirse esta resignificación con la creación de falsas memorias.

Las emociones evocadas se relacionarían con el sentimiento presente hacia la situación asociada en el pasado a dicha fragancia. Este proceso se produce también en la evocación de recuerdos desde los otros sentidos pero nunca con la intensidad y emocionalidad que sucede con el olfato.

El recuerdo de los olores vs. su difícil descripción y recuperación mediante el lenguaje

Trygg Engen (1926-2009), investigadora pionera del sentido del olfato (Universidad de Brown, Estados Unidos) evidenció que si bien las memorias olfativas permanecen intactas en nuestro cerebro, de ser necesaria su descripción, el lenguaje no sería una herramienta adecuada. La "imagen a describir" debiera asociar a la memoria olfativa una imagen visual para así provocar una estimulación directa de las zonas implicadas en su memoria. Si se tratara de recordar una fragancia en su ausencia, no se generaría tal activación.

Lo mismo pasaría cuando dormimos: el sentido del olfato no suele participar en las sensaciones implicadas en los sueños. No se conoce aún la razón por la cual necesitamos estar despiertos y reencontrarnos con un aroma para poder desencadenar su recuerdo emotivo. Será cuestión de esperar nuevos estudios y resultados al respecto.

Conclusión

Como el personaje Jean-Baptist Grenouille de la novela El perfume (escrita por Patrick Suskind), quien se convirtiera en asesino para robar el aroma de ciertas doncellas y hacer con ellas el más sublime perfume, el ser humano, (sin necesidad de llegar a tal extremo, cabe enfatizar), tiende a modificar su conducta en respuesta a los aromas que percibe.

La emocionalidad de las personas se asocia fuertemente a aquello que huelen y su memoria establece la conexión futura a nivel del cerebro, desde aquellos centros que procesan y/o interconectan a los sistemas de percepción sensorial y de creación de emociones.

La supremacía del olfato en nuestros recuerdos emotivos requiere de todos modos más estudios para llegar a ser entendido y explicado cabalmente como un modificador por excelencia de la conducta social del ser humano.