Todos, o casi todos, sabemos la historia de San Valentín. O al menos historias que unen al nombre de Valentín con el amor. Algunas seguramente son ciertas, otras, son mentiras, parte de la magia y mitología que rodea al 14 de febrero.

Historias de amor y desamor que se repiten cada año sin remedio y que cada vez más tienen menos que ver con lo que era originalmente.

Un poco de historia

El día de San Valentín, como muchas otras, es una tradición anglosajona adquirida popularmente en casi todo el mundo. Aunque desde 1969 no forme parte del calendario de santos, su vigencia religiosa sigue hoy en día, aunque quizá su sentido se ha desvirtuado.

Entre los "Valentines" famosos, encontramos al Valentín de Roma, un cura que fue ejecutado hacia el año 269 y el Valentín de Terni que nació en el año 175 y murió un año sin determinar. Ambos dos fueron enterrados en el mismo lugar, Via Flaminia, por lo que algunos expertos aseguran que podría tratarse de la misma persona pero que el tiempo ha desvirtuado las fechas.

Lo que era

El Día de San Valentín, siempre ha venido a significar lo mismo. Un dia en el que los enamorados expresaban su amor mutuo. Tradicionalmente, se trataba de regalar una tarjeta, normalmente el hombre a la mujer. Una poesía, una dedicatoria... poco más. Luego se comenzaron a producir tarjetas en serie, desde mediados del XIX, más tarde rosas rojas y chocolates.

Se trataba, básicamente, de demostrar que una persona te importaba, que la querías. Un esfuerzo por hacer saber que esa persona era especial, y aunque fuera un día sacar lo mejor de ti sin esperar nada a cambio. Sin expectativas de qué ibas a recibir o de cuánto se habrían gastado.

Lo que es

Hoy en día, casi que escribir una poesía y hacer tú mismo la tarjeta, se considera cursi y de tacaños. Lo que importa es hacer un buen regalo. Joyas, ramos de rosas comprados por internet y con una dedicatoria estandar, ropa interior sexy... todo para demostrar económicamente cuánto quieres a tu pareja. Mientras más te gastes, más la quieres.

No solo ha perdido gran parte de su sentido y significado, desvirtuándose al igual que la Navidad, sino que se trata de una fiesta muy impersonal en la cual no importa la aportacion personal sino la material.

Cada cual es libre de decidir que hacer con su dinero pero no siempre se aprecia más a una persona por la cantidad de dinero que inviertes sino por la idoneidad del mismo.