Una perturbadora película sobre cómo la guerra ha afectado las relaciones naturales entre hombres y mujeres. Para variar del consabido escenario bélico del frente y la exposición obvia de la violencia, Don Siegel elige como epicentro de su drama un colegio para señoritas sureñas, en el corazón de Dixieland. La época en la que se sitúa la acción es la guerra de Secesión norteamericana, 1861-1865. Eastwood es el cabo yanqui John McBurney, McB para sus amigos y para sus jóvenes amigas.

Caperucita encuentra al lobo feroz

Un McBurney agonizante, Clint Eastwood, es encontrado entre los matorrales por la joven Amy, una especie de caperucita recolectando setas. Amy al encontrarse al soldado enemigo, reacciona con una empatía inusual para una niña de 12 años.

Un soldado yanqui es la misma encarnación del mal, según le han contado, pero el hecho de que su padre falleciera desangrado en un matojo, hace que la niña saque fuerzas de flaqueza para ayudarlo. El bello Clint se lo paga con un beso en los labios que deja a la pre púber enamorada incondicionalmente desde el inicio.

Los efectos de la guerra en los sexos

En los ojos del S.XXI resulta extraño el beso de un hombre adulto a una niña de trenzas que se apresura a decir que cumplirá 13 años en Septiembre, pero este beso nos sitúa en el contexto sureño, y sobre todo, en un contexto que, por causa de la guerra, ha quedado desprovisto de las relaciones naturales entre hombres y mujeres.

La frágil niña ayuda al enorme McB a llegar a las puertas del colegio, donde la directora, Miss Martha, decide sin vacilar que hay que curar al moribundo antes de entregarlo a la patrulla de los confederados. Geraldine Page es la apasionada directora del colegio, con una incestuosa relación pasada con su hermano, desaparecido misteriosamente.

Entre seis mujeres cargan al hombre y lo introducen en su particular universo, donde el único vestigio de masculinidad es el nombre de la tortuga Randolph, mascota de Amy. Antes de cruzar el umbral de la mansión, con el hombre en brazos, la directora, una elegante mujer de 45 años, piensa que la guerra le ha hecho olvidar que aún es una mujer.

Un yanqui en manos de mujeres confederadas

McB cree haber caído en el séptimo cielo, ya que ha huido de los confederados, de la muerte y está rodeado de jóvenes mujeres, las únicas que ha visto en meses. Desde el inicio se revela su carácter donjuanesco y hedonista. McB solicita los vinos que Miss Martha reserva en la bodega y cree que puede hacer más liviano su dolor.

McB se propone como instructor de baile y flirtea con todas las mujeres que se le acercan, desde la esclava Hallie, a quien trata de hacer su aliada en nombre de la causa de Abraham Lincoln, hasta la inocente profesora Edwina, que no conoce más mundo que el colegio. Pronto el invasor pasará a ser el objeto de deseo. Miss Martha nunca lo entregará a la patrulla, lo "protegerá" de los besos de las jóvenes, pretendiendo reservarlo para ella.

El cazador cazado

McB se sabe prisionero, pero está decidido a disfrutar al máximo de su encierro, seduciendo a Miss Martha, a Miss Edwina y a dejarse seducir por la fogosa Carol, una de las estudiantes que a sus 17 años es una Lolita que sabe mucho más que sus compañeras y está deseando seguir aprendiendo con McB . El modesto internado para señoritas se convierte en un hervidero hormonal donde una de las alumnas además se preocupa porque es traición albergar al enemigo.

Miss Martha anhela reemplazar a su hermano por McB, ofreciéndole cama y trabajo, y deja abierta la cámara donde McB está custodiado por las noches. El meollo se desencadena en una escena maravillosamente construida, en la que McB ha de ascender al cielo por la escalera y decidir si quiere pasar la noche con Miss Martha, que le ha prometido un futuro, con Miss Edwina, a quien él le ha prometido ese futuro o con Carol, que sólo es una ardiente promesa del presente.

La represión sexual desencadena comportamientos irracionales

McB elige a la adolescente, mientras Miss Martha, en la espera, tiene sus sueños eróticos mezclando a McB, a Miss Edwina y a su hermano dentro de una iconografía religiosa. Miss Edwina acaba de descubrir el deseo sexual, no quiere renunciar al hombre que ha despertado sus instintos, porque las sutilezas de Miss Martha aún no habían despertado nada en ella.

Su ansia la conduce a investigar qué sucede en el piso de arriba y descubre al hombre en su faceta más humana que espiritual, rindiéndose al deseo con Carol. Llena de celos le golpea y McB cae escaleras abajo, rumbo al infierno.

Lo peor de la naturaleza humana sale a relucir: el instinto de posesión, los celos, la mentira, la crueldad y la venganza. Cuidado con el deseo insatisfecho porque produce monstruos.

Puesta en escena ágil y sutil

La película fue dirigida en 1971 por Don Siegel, quien ayudaría a Eastwood a debutar como director en “Resplandor en la Oscuridad” (Play Misty for Me, 1973). “El seductor” tiene una puesta en escena muy delicada, considerando los temas tan complicados que la película trata, y cuenta con momentos visuales muy poéticos y sensuales, no muy frecuentes en el explosivo cine de Siegel, como las ensoñaciones ménage à trois de Miss Martha, y el tratamiento dado a McB prisionero entre ramas, persianas y sombras, e iluminado por el deseo en los rostros que le miran.

Fue fotografiada con suma elegancia por un joven Bruce Surtees, debutando en la dirección de fotografía, que luego realizaría el primer largo de Eastwood, y una de sus obras maestras, El jinete Pálido, 1986, además de la maravillosa fotografía de “Lenny” de Bob Fosse.