Los libros de texto son una de las partidas más importantes y costosas de la mayor parte de los presupuestos dedicados a la vuelta al “cole”. Los padres con hijos en edad escolar suelen reservar el material en junio para evitar búsquedas de última hora. Saber en esas fechas cuánto se debe ahorrar en verano para el gasto de libros es misión imposible en el caso de los alumnos de primaria y la ESO (de 6 a 16 años). El precio de los libros de texto de la educación obligatoria es una incógnita hasta el momento de pagarlos.

Sin información sobre el precio de los libros de texto al hacer la reserva

Casi todas las familias se preocupan de reservar los libros en junio o julio, cuando los centros educativos facilitan el listado de los mismos para el siguiente curso. Así, las familias pueden irse de vacaciones con la certeza de que tendrán el material de estudio, normalmente al completo, sin quedarse sin ejemplares agotados y sin tener que realizar periplos y búsquedas de última hora.

Para evitar esas incomodidades, los grandes centros comerciales (Hipercor, Carrefour, Alcampo...), las librerías, las Asociaciones de Padres (APA) y los mismos centros escolares que se deciden a realizar la función de intermediarios facilitan el sistema de reserva desde hace muchos años. Sin embargo, entre los distribuidores referidos, muy pocos, sino ninguno, facilitan el precio de los libros en el momento de realizar la reserva. Los padres van a ciegas y reservan sin saber si le va a salir más caro o más barato un distribuidor u otro. Es toda una aventura.

Para evitarse perder tiempo y esfuerzo, la reserva se realiza en un solo lugar. En un centro comercial por las facilidades de pago, en la librería de las esquina por el servicio personalizado, o en el propio colegio por comodidad extrema o compromiso casi ineludible. Así, en septiembre no pueden negarse a adquirir la reserva realizada por mucho más cara que salga, porque a esas alturas ya no van a encontrar los libros con facilidad.

Y no veas la rabia que da llegar al colegio y oír cómo otro padre ha conseguido los libros 50 euros más baratos. ¡Con eso compras medio uniforme o pagas casi medio mes de comedor! Te sientes estúpida”, explica Mar, una madre que se ha pasado el verano buscando los precios publicados y no lo ha conseguido.

Pregunté en los tres centros comerciales que tengo a mano, en dos librerías y busqué en las páginas web de las diferentes editoriales. Imposible saberlo con antelación para reservar con conocimiento de causa. Así que terminé por cogerlo donde más fácil me va a resultar pagarlo”.

La ley indica que la información sobre precios debe estar disponible

El caso de Mar no es único. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha hecho la prueba y ha comprobado que todos los padres se encuentran con esa dificultad y lo ha hecho público a través de una de sus publicaciones. Su responsable de comunicación, Enrique García, explica que para hacer una comparativa y obtener el mejor precio, los padres debemos diferenciar entre la reserva y la compra.

Los padres deberían reservar los libros en lugares diferentes y como consumidores tienen todo el derecho de rechazar de pleno las reservas si comprueban que son más caras que otras”. García insiste en que de entrada “la información sobre el precio completo debe estar expuesta o disponible para los usuarios en el momento de la reserva” según se indica en la Ley General sobre los Derechos de los Consumidores y Usuarios.

El libro de texto es un producto excepcional “con el que se rompe la lógica del mercado. Es el productor, y no el distribuidor, el que fija el precio normalmente, porque aplican descuentos en función del volumen de los pedidos de cada distribuidor”, explica Enrique García. Desde la OCU dejan muy claro que el vendedor tiene la obligación de hacer públicos los precios en el momento en que el consumidor reserva. Si en ese momento, al no conocer el volumen de ventas final, no conocen cuáles van a ser sus márgenes de beneficios, “no es problema del consumidor, quien tiene derecho a saber lo que le va a costar un producto, cualquiera, incluidos impuestos”.

El precio de los libros de texto es libre

Los libros de texto de la enseñanza obligatoria tienen un precio libre. Por esa razón, las principales editoriales de libros de enseñanza (Santillana, Anaya, SM, Edelvives...) no publicitan su precio, ni siquiera aproximado o mostrando una horquilla de posibilidades, ni en sus páginas, ni en ningún tipo de catálogo u otro canal.

Asociadas en ANELE (Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza), las editoriales explican que no hacen público el precio de los libros de texto “porque al ser libre, quién lo perfila finalmente es cada detallista o distribuidor atendiendo sus márgenes comerciales. Cuentan sus gastos de personal e impuestos”, aclara Gerardo Miguel, jefe de comunicación de la Asociación.

Desde Anele reconocen que existen descuentos, que las editoriales los establecen aplicando la libertad de precio, aunque no dejan claro si esos descuentos que realizan a los distribuidores y minoristas tienen que ver con el volumen de pedidos y se establecen a posteriori. “Es complicado explicar lo de los descuentos de las editoriales a los distribuidores –dice Gerardo Miguel- porque tienen que ver con la relación comercial de cada empresa con su proveedor”.

¿Gran almacén o librería de barrio?

Así, los padres entienden que un gran almacén como Hipercor, Alcampo o Carrefour no le va a informar de los precios mientras no sepa la cantidad de pedido que van a hacer a una editorial y qué margen de descuento van a poder conseguir de ella y aplicar después, en septiembre. Y los minoristas más modestos, como las librerías de toda la vida, tampoco los dicen por la misma razón, y como su margen es más pequeño, ofrecen una atención personalizada como contrapartida de la gran competencia que les hacen los grandes almacenes.