Si a una persona estresada, emocionalmente confundida o alterada, y que busca comprender qué le está pasando o cómo salir de ello, le dicen que para regular y modificar su estado de ánimo precisa que su IE (Inteligencia Emocional) ponga en marcha cuatro componentes, según el modelo de habilidad que proponen Jack Mayer y Peter Salovey, los científicos que acuñaron el término “inteligencia emocional”, concepto que desarrollaron en sus estudios, y que son :

  1. Percepción y expresión emocional: reconocer conscientemente las emociones e identificar los sentimientos, y ser capaces de darles una etiqueta verbal
  2. Facilitación emocional: capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento.
  3. Comprensión emocional: integrar lo que sentimos dentro de nuestro pensamiento y saber considerar la complejidad de los cambios emocionales.
  4. Regulación emocional: controlar y manejar las emociones tanto positivas como negativas de forma eficaz
La persona de nuestro supuesto se sentirá más confundida aún, no se verá identificada en esos parámetros que le parecerán incomprensibles o costosos, y no podrá concentrarse en la solución que se le ofrece.

Si a esa misma persona le explicamos que solo tiene que concentrarse en lo inmediato, en sus necesidades más prioritarias, darse tiempo, cuidarse y relajarse y que la consigna es pensar qué puede hacer con su problema “aquí y ahora”, estaremos simplificando la cuestión. Ese es el primer “secreto” de la autoayuda, que no tiene que ser un manual exacto de psicología, ni adecuarse concretamente a la problemática de cada persona, pero que funciona. Y, ¿por qué?

Primer paso, credibilidad. Segundo paso, inmediatez

Lo primero que en los libros de autoayuda se hace plantearse al lector es qué emociones generan su sentimiento de descontrol, pérdida o vulnerabilidad. "¿Sientes tristeza?, ¿sientes ira?, ¿te sientes perdido?", plantean las cabeceras de casi todos los manuales, para añadir posteriormente que, con esa guía, se podrá encontrar la calma que lleve a la solución. Quien así se siente, se identifica inmediatamente con el enunciado y buscará el mensaje en las páginas siguientes. Sin darse cuenta, están poniendo en práctica su inteligencia emocional, tal como dicen los doctores Meyer y Salovey, identificando sus emociones.

Cuando el estado de ánimo está alterado, se siente urgencia de calmarlo ante todo. Las palabras “aquí y ahora” transmiten esa inmediatez que parece dar la clave a nuestro cerebro para prestar atención. “Aquí y ahora” se nos va a ofrecer una solución para hallar la calma, ¿quién puede resistirse a eso? Nada de largas terapias, nada de paciencia con nuestro sufrimiento; el mensaje es “aquí y ahora”, y eso, de por sí, ya tranquiliza. Todos podemos asumir que debe haber una solución “aquí y ahora”. Y, sin saberlo siquiera, estamos integrando el segundo concepto de la metodología de Mayer-Salovey; recordemos:

Facilitación emocional: capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento.

El sentimiento de ir a conocer una solución de forma inmediata, facilita poder pensar.

Mantener la serenidad, aquí y ahora

La tercera parte del mensaje es: “¿qué puedes hacer aquí y ahora?”. Se nos aclara, prácticamente en todas las guías de autoayuda, que lo siguiente que podemos hacer es recuperar nuestra calma, nuestra serenidad. Apenas lo lee, la persona preocupada o emocionalmente dolorida, intenta comprobar si realmente queda calma en su interior. La desea tanto que descubre que sí, que puede sentir un poco más de tranquilidad y pararse a pensar, a observar el problema que le inquieta.

Esa es la fase tres del método de la habilidad de la IE: comprensión emocional, integrar en el pensamiento los sentimientos y empezar a asumir la complejidad emocional que sufrimos.

Cuarto paso, controlar las emociones, hallar la paz interior

Una vez el “aquí y ahora”, la concentración en el momento presente, nos ha traído un poco de la serenidad necesaria, el mensaje de autoayuda nos indica que “nosotros podemos tomar el control de nuestras emociones, y no dejarnos llevar por ellas”. Algunos autores lo llaman “buscar la paz interior”, otros “tomar el control de nuestra mente”, y algunos “acallar al ego, en beneficio del yo”. Da igual la visión más o menos espiritualista, filosófica o científica con que se imparta la enseñanza: todos aciertan, porque lo importante es que se pueda ser consciente del control de las propias emociones, antes de que dominen la situación.

De ese modo, aprendemos a elegir emociones positivas, porque nos damos cuenta de que nos benefician más que quedarnos centrados en las negativas que las circunstancias adversas nos inspiran. Justo lo que recomienda el cuarto principio deducido por los psicólogos Mayer y Salovey en su método de la habilidad para la evaluación de la inteligencia emocional.

Autoayuda vs. Psicología

Así pues, podemos concluir que los métodos de autoayuda y los de la psicología moderna- o la inteligencia emocional- no solo se complementan, sino que se retroalimentan. Los primeros ponen los medios más sencillos para acceder al paciente, mientras los segundos son la base empírica en la que apoyarse.

Con cierta ironía, un profesional de la medicina mental comentaba entre amigos que, la llamada autoayuda, es “la psicología para el pueblo llano” y añadía que, si así la hacía más comprensible y practicable, bienvenida sea.