Cultura popular y folclor cuentan con una gama muy variada de alimentos caracterizados por cierto poder afrodisíaco. No todos sin embargo han recibido la misma etiqueta por parte de la ciencia. Especias como pimienta negra, canela, nuez moscada, jengibre, clavo y vainilla gozan de una fama universal por sus propiedades afrodisíacas.

Los farmacéuticos no parecen tan convencidos de eso. Aseguran en cambio que esas substancias, por su efecto irritante, durante la eliminación a través de la diuresis causan un copioso aflujo de sangre a los genitales, con consecuencias fácilmente deducibles.

El secreto del chocolate

Hay alimentos bastante comunes que se consideran afrodisíacos por sus propiedades energéticas y por contener en mínima parte ingredientes que según la psicofarmacología afectarían la esfera del deseo. Entre ellos el más común es el chocolate. Se cree que Madame de Pompadour –amante del Rey francés Luis XIV- solía tomar cotidianamente una taza de chocolate caliente para combatir su aparente frigidez.

En defensa del poder afrodisiaco del chocolate, en los años 80 llegaron los científicos Klein y Liebowitz, los cuales descubrieron que eso se debe a la feniletilamina, una substancia similar a las anfetaminas en cuanto al poder de aumentar el deseo sexual.

Menos conocidas son las propiedades excitantes del bulbo del ajo y de la cebolla, vegetales que parece contengan hormonas sexuales. En este caso puede que los efectos olfativos anulen sensiblemente los beneficios técnicos relacionados con el deseo y la propensión sexual.

El vino, un cómplice fundamental

Luego es el turno del vino. Si a la base existe cierto deseo entre dos personas, es posible que el componente mágico para liberar instintos y pasar a la acción sea la eliminación de ciertos frenos inhibidores. Desde luego uno de los efectos más evidentes de la evolución del hombre es este miedo de enseñar algunos impulsos ancestrales que pertenecen a la esfera del sexo. El alcohol -en dosis moderadas y adecuadas- ayudaría, según muchos expertos, a eliminar un obstáculo absolutamente inconveniente en ciertas circunstancias.

El chef se vuelve maestro de seducción

Fantasías eróticas y folclor, a parte del tema de la seducción en cocina -o mejor del seducir a través del arte culinario- es un asunto que encuentra el favor y el interés hasta de los profesionales del sector. Los históricos tienen evidencias que comprueban la intensa actividad culinaria de los siervos de Cleopatra, cuya fama era la de seducir e infatuar a sus numerosos amantes a través de los placeres de la mesa.

Hoy encontramos el ejemplo de Simone Rugiati, chef italiano que en poco más de un año -a pesar de su juventud y gracias a sus cotidianas apariciones televisivas- se ha convertido en una estrella de la cocina espectáculo y en un maestro de la seducción.

Icono del show-cooking, apreciado por la facilidad y la rapidez de sus recetas, realizadas frente a una cámara que a menudo se focaliza en el personaje y en la elegancia de su toque más que en los platos en sí mismos, Simone es protagonista cotidiano de un espacio totalmente personal dentro del programa televisivo italiano transmitido por Rai1, “La prova del cuoco”, dedicado enteramente a la gastronomía.

¿Su secreto? Estudio, capacidad y profesionalidad. Luego -y sin duda- mucho carisma, una buena dosis de charme y una indiscutible elegancia en las decoraciones de los platos. Verlo en acción preparando alguna guarnición especial y escuchar contemporáneamente consejos prácticos y trucos para sorprender a nuestros invitados mediante recetas simples, rápidas y económicas, es seguramente un triunfo de la vista. Su atractivo está seguramente en ese papel de héroe, capaz de intervenir hasta en las circunstancias más desesperadas y salvar a la reputación femenina basada en el falso mito de la “buena cocinera”.

Su último libro se titula “El gusto de seducir”, editado por la casa Rizzoli, y se compone de una serie de recetas que cubren todas la portadas básicas de un menú tradicional -desde la entrada hasta el postre- cuya simplicidad y gusto por la presentación simplificarán seguramente el papel de las Cleopatras de hoy, en búsqueda de menús fáciles pero al mismo tiempo suficientemente refinados y elegantes para impresionar y seducir a nuestro Marco Antonio con una cena difícil de olvidar.