
- Reyes Católicos - flickr.com
La Corona de Castilla y la de Aragón, con sus respectivos territorios, se encuentran asociados gracias a la unión de sus soberanos . Mantienen una política y una diplomacia comunes pero conservan su originalidad, sus leyes, instituciones y costumbres. Las conquistas que se hacen posteriormente, se atribuyen a uno u otro territorio: las Indias, Granada y Navarra se incorporan a Castilla, Nápoles a Aragón. Es una doble monarquía.
Gobierno del reino
En Valladolid se instala una Chancillería, alta Corte de justicia, encargada de procesos civiles y militares. La ciudad conservará sus atribuciones cuando, tras la conquista de Granada, se crea otra allí.
En las ciudades más importantes se instala un representante del gobierno central, con poderes judiciales y políticos. Las ciudades siguen sometidas a una oligarquía urbana muy restringida, los regidores o veinticuatros, que se transmiten el cargo de forma hereditaria, como jueces o inspectores. Pero su autonomía se vió restringida por la llegada de los corregidores, funcionarios reales con amplios poderes en todas las materias. El reino se divide en 64 corregimientos.
El Consejo Real pierde parte de sus atribuciones y pierde la influencia directa que antes tenía. Los Habsburgo completarán el sistema de consejos especializados. En cambio, los secretarios reales irán cobrando importancia con el paso del tiempo.
Las Cortes se consideran representativas del reino. Formadas por miembros de la alta nobleza, del clero y por representantes de las ciudades, sus reuniones son un privilegio de ciertas ciudades: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada y Murcia. Son reuniones para debatir sobre los asuntos del reino, pero con los Reyes Católicos tuvieron un papel relativamente secundario.
Nobleza
Los Reyes Católicos quitaron a la alta nobleza su influencia política, reforzando el papel de los corregidores, elegidos fuera de ella, y quitándole el derecho de voto en el Consejo Real. Las medidas tomadas en Toledo, en 1480, fueron un duro golpe para la aristocracia, que renunció a numerosos privilegios, pero estaban muy lejos de arruinarla. Los monarcas se niegan a compartir el poder. Los grandes señores obtendrán mandos militares y embajadas, pero nunca responsabilidades políticas. Los consejeros se escogieron entre la clase media del clero, la pequeña nobleza y los juristas. Sin embargo, con las Leyes de Toro en 1505 favorecen la creación de mayorazgos inalienables, perpetuando así el poder territorial de los nobles.
Clero
La actitud de los monarcas hacia este estamento privilegiado fue la de mantener las prerrogativas de la Corona, reduciendo lo más posible el ámbito que se escape de su autoridad. Desde su llegada al trono se mantienen en conflicto con la Santa Sede porque exigen al Papado el derecho a designar los obispos para las sedes peninsulares, según su propio criterio. Excluyen a extranjeros y a miembros de la alta nobleza, pero escogen a letrados y burgueses de moral intachable. No olvidemos que el concubinato hacía estragos en la época.
Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragon apoyan la reformas de las órdenes religiosas para elevar el nivel intelectual y moral de los monjes y frailes, y evitar que las riquezas territoriales de los grandes monasterios supongan un peligro para el Estado. Lo consiguieron en gran parte, ya que de las órdenes religiosas salen muchos de los consejeros y colaboradores de los monarcas.
Los judíos y la Inquisición
Los judíos ocupan un lugar importante en la sociedad. Sus comunidades son activas, dinámicas y próperas. Se especializan en ciertas profesiones: medicina, astrología, comercio y finanzas. Al estar al servicio de los soberanos van acumulando poder y riqueza, lo que alimenta un antisemitismo entre ciertos sectores que provocarán problemas. Se les hace responsables de grandes males y la hostilidad popular, cada vez más violentas, lleva a lgunos a convertirse al cristianismo. Son los llamados conversos, que sin embargo serán acusados de practicar su religión en secreto y se colocarán en el punto de mira del Tribunal de la Inquisición .
El papa Sixto IV concedió una bula a los Reyes Católicos para nombrar inquisidores en su reino. En 1480, llegan los primeros a Sevilla. En su defensa de la fé católica, atacarán a judíos y conversos primero, pero luego también a los alumbrados, protestantes, homsexuales, bígamos, sacerdotes e incluso brujos. Pero los judíos y conversos ocupan un lugar demasiado importante en la sociedad y llegan a denunciar los abusos del Santo Oficio. Sin embargo, se les obliga a llevar un distintivo (Cortes de Madrigal, 1476), se les encierra en barrios o juderías y, finalmente, son expulsados mediante un decreto con fecha de 31 de marzo de 1492. Su expulsión supùso una crisis dura pero pasajera, pues no acaba con el crecimiento económico, relanzado tras la llegada de los tesoros americanos.
Durante los reinados de Enrique IV y Juan II, débiles, la monarquía no tuvo un peso verdadero, pero con los Reyes Católicos esta institución se situó bajo el signo de la grandeza. Supieron reinar, sin aliados, y poner fin al anterior dominio de la nobleza y el clero sobre los destinos de los monarcas y sus territorios. A partir de ellos se aseguraría de forma duradera el prestigio de la institución monárquica.
