
- Barriles de petróleo - ezioman
Las polémicas medidas adoptadas por el gobierno español para fomentar el ahorro energético a raíz de la inestabilidad política que se vive en ciertos países productores del norte de África ha reavivado el debate sobre la sostenibilidad del actual modelo energético. Nuestra economía está basada en la falsa premisa de que el petróleo es un bien inagotable y a un precio más o menos estable, pero en los últimos años, esta idea se está empezando a desmoronar.
Menor oferta y mayor demanda
La crisis política en el Magreb solamente ha agravado un problema que ya viene desde mediados de la pasada década. Algunos expertos creen que ya se ha superado el conocido como pico de producción, es decir, que las reservas mundiales de petróleo han dejado de crecer. Los pozos petrolíferos conocidos han empezado a agotarse y los futuros descubrimientos serán cada vez más escasos y su explotación será más cara debido a la ubicación de los pozos en alta mar y en zonas árticas.
Las propias compañías petroleras han empezado a reconocer que las reservas de crudo son inferiores a las que habían previsto para las fechas actuales. También han empezado a reducir sus estimaciones en cuanto a descubrimientos de yacimientos en el futuro. Según los datos de la red ASPO, en la actualidad consumimos cuatro veces más petróleo del que se descubre.
Sin embargo, la demanda de crudo se ha incrementado debido, en gran parte, al desarrollo de los países con economías emergentes cono India o China. Si a ello le añadimos la especulación a la que se han visto sometidas las materias primas como el petróleo, debido en gran medida a la escasa rentabilidad de otras opciones financieras debido a la crisis mundial, es lógico que el precio del crudo se dispare.
Opciones de futuro y cambio de modelo
La escasez cada vez mayor de petróleo va a impedir que los precios bajen, lo que pone en serio peligro a las economías afectadas por la actual crisis. Las medidas coyunturales se van a revelar insuficientes, ya que el problema de fondo no es la inestabilidad en este o aquel país productor. El cambio de modelo es un objetivo que debe figurar en las agendas de los gobiernos como máxima prioridad.
Pero, ¿qué alternativas energéticas tenemos que garanticen un desarrollo sostenido de las economías occidentales? La respuesta es que realmente no las hay. La energía nuclear puede parecer una opción a corto plazo, pero el uranio es aún más escaso que el petróleo y se nos plantea el dilema moral de qué hacer con los residuos que produce esta vía de obtener energía.
Las energías renovables están evolucionando y se están implantando cada vez con más fuerza en los últimos años, pero aún queda lejos el día en que puedan mantener un modelo económico como el actual por sí mismas. Otras opciones como la energía producida por el hidrógeno o la fusión fría, aún son meras teorías físicas que deben encontrar una aplicación práctica realmente utilizable.
Un futuro incierto
Un petróleo cada vez más escaso y caro afectará sin duda a nuestro modo de vida. La utilización del vehículo particular se convertirá en un lujo, al igual que los viajes en avión. El transporte de mercancías por carretera se hará insostenible. Tendremos que reducir drásticamente el consumo eléctrico en los hogares. El petróleo se destinará prioritariamente a sectores estratégicos y a fines militares.
Ante esta visión poco menos que apocalíptica para los ciudadanos y para las economías de los países desarrollados, la única alternativa es el desarrollo de nuevas fuentes de energía. Es necesario que los gobiernos inviertan en investigación y desarrollo de estas nuevas tecnologías. Todos sabíamos que el petróleo es un bien escaso y que tarde o temprano iba a escasear, por lo que cuanto antes lo asumamos, antes podremos cambiar un modelo económico que ya sabemos que tiene fecha de caducidad.
