Los autores del libro Principios de Ética Biomédica -Tom. L. Beauchamp y James F. Childress- afirman que existen cuatro principios en la bioética: autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia.

El principio de no maleficencia es a veces incluido en el de beneficencia, pero los autores niegan esta postura. Según ellos, la obligación de no hacer daño intencionadamente es totalmente distinta a la obligación de hacer el bien a los demás.

En algunas ocasiones, la prevalencia de no hacer daño y la de hacer el bien es difícil de establecer, y se deben analizar las circunstancias en las que se presenta el dilema para poder afirmar cuál de las dos acciones es la más importante.

El concepto de "daño"

El principio de no maleficencia generalmente se explica a través del concepto de daño. Beauchamp y Childress lo definen así: "la palabra daño refiere a aquella acción de obstaculizar, dificultar o impedir que se cumplan los intereses de una de las partes por causas que incluyen las condiciones autolesivas y los actos (intencionados o no) de la otra parte".

El concepto de daño es bastante ambiguo ya que lo que para una persona puede representar un daño puede no serlo para otra, dependiendo de los puntos de vista desde los cuales se analice la situación y de los intereses que tenga cada persona.

El daño, dentro de la ética biomédica, se refiere a los daños físicos como la incapacidad, el dolor y la muerte y se relaciona con el principio de no maleficencia en aquellos actos que buscan, causan o permiten la muerte del paciente.

El criterio del cuidado debido

El criterio del cuidado debido es una especificación del principio de no maleficencia, establecida por el derecho y la moral en aquellos casos en los que algún agente expone a otro a un riesgo. Lo que debe evaluarse es si los objetivos buscados son tan extremadamente importantes que justifican los riesgos o si se somete a alguien a riesgos irracionales o por descuido, no justificándose de ninguna manera, cometiéndose, en este último caso, lo contrario al cuidado debido, a saber, negligencia.

Establecer los límites del cuidado debido y la negligencia no es una tarea sencilla, ya que no está muy claro el límite hasta donde deben los médicos y profesionales de la salud cumplir con el primero.

Exigencias del principio de no maleficencia

Tradicionalmente, se han establecido ciertas exigencias del principio de no maleficencia.

En cuanto a las decisiones de tratar o no tratar a un enfermo, las discusiones se han centrado entre la omisión y la comisión. Es bastante común que los profesionales de la salud e incluso los familiares de un enfermo, se sientan más justificados a no iniciar un tratamiento que consideran que no generará grandes beneficios al enfermo, que a retirar un tratamiento ya instaurado. Pareciera que las consecuencias de una u otra decisión fueran diferentes.

Con respecto a los tipos de tratamientos, se habla de tratamientos ordinarios y tratamientos extraordinarios. La regla afirma que existe legitimidad para no instaurar un tratamiento considerado extraordinario, pero no existe legitimidad para la no instauración de uno considerado ordinario.

La distinción entre técnicas médicas y técnicas de mantenimiento (alimentación e hidratación mediante sondas, por ejemplo) permite determinar cuándo está justificado utilizar un tratamiento vital y cuándo no.

Finalmente, las exigencias señalan la existencia de efectos intencionados y efectos meramente previstos. Esto da lugar a lo que se llama la regla del doble efecto. Esta regla se utiliza para justificar que un acto que puede tener dos resultados posibles, uno bueno y otro perjudicial, no siempre está moralmente prohibido si el efecto deseado no es el perjudicial.

Sin embargo, todas estas distinciones son moralmente irrelevantes. En realidad, lo que debería plantearse es la existencia de tratamientos optativos y tratamientos obligatorios, en función de los riesgos que insumen para el paciente.

Tratamientos optativos y tratamientos obligatorios

La distinción entre tratamientos optativos y tratamiento obligatorios, parte del respeto por la autonomía del paciente y tiene por objetivo guiar las elecciones y acciones en función de la calidad de vida del paciente.

En esta distinción realizada por Beauchamp y Childress, existen las siguientes categorías básicas:

  • El tratamiento obligatorio (es incorrecto no tratar).
  • El tratamiento optativo (neutral o supererogatorio).
  • Cuando es obligatorio no tratar (el tratamiento no es obligatorio cuando es inútil y carece de sentido. En tal situación, el tratamiento se vuelve optativo, ya que no genera ningún beneficio psicológico ni físico para el paciente).

La calidad de vida

Los juicios sobre la calidad de vida son polémicos ya que para emitirlos se necesitan criterios justificables para que no estén basados en preferencias personales y subjetivas.

Asimismo, la calidad de vida está directamente relacionada con la dignidad de la vida. Este término es difícil de definir de manera unívoca, ya que depende de varios factores cuya valoración también puede ser muy subjetiva.

Como conclusión, podría decirse que estas situaciones complejas, deberían analizarse siempre a la luz del respeto a la autonomía del paciente, para poder establecer un balance entre los daños y beneficios que pueden causar determinados tratamientos.