La beneficencia se refiere a aquellas acciones que benefician a otros. El principio de beneficencia, es el principio moral que otorga obligatoriedad a dichas acciones.

En la ética médica, el principio de beneficencia señala que el objetivo del médico siempre debe ser el bien de su paciente, es decir, el cuidado de su salud como primera y única ocupación.

Beneficencia y no maleficencia

Existen autores, como William Frankena, que consideran que los dos principios (beneficencia y no maleficencia) pueden unificarse, tomándose el principio de no maleficencia como parte integrante del de beneficencia.

Sin embargo, se los puede diferenciar pensando que el principio de beneficencia es el que guía las acciones de los profesionales de la salud, mientras que el principio de no maleficencia hace referencia a la abstención de una acción (hacer daño) por parte del profesional.

El rol del médico y su relación con la beneficencia

Existe una concepción implícita de beneficencia como base de la profesión médica y las políticas sanitarias en general. En cuanto al médico en particular, el Juramento Hipocrático impone que su deber principal es el cuidado y el bien de la salud del enfermo. Mientras que las políticas sanitarias también son guiadas por este principio ya que promueven campañas de prevención y educación sanitaria con el objetivo de cuidar la salud de la población.

Comúnmente, se interpreta que las acciones del médico se basan en la filantropía, obligándolo a actuar siempre y en todo momento con beneficencia hacia los demás. Sin embargo, esta interpretación implica una profunda responsabilidad para el profesional.

Si bien es cierto que la profesión médica es muy distinta a otras profesiones y oficios, también es verdad que adjudicarle tal condición, coloca al médico en un rol social especial, le otorga poder y se presentan situaciones donde el límite de ese poder no es claro y se cometen actos de paternalismo.

Cambios en la medicina

Tradicionalmente, se concibió a la beneficencia como guía de las acciones en la medicina, por lo que se interpretaba que el médico era capaz de entender y decidir acerca de lo que era bueno para la salud de su paciente. El paciente -y se podría decir la sociedad en general- confiaba únicamente en el juicio del médico para determinar las necesidades de un tratamiento.

Esta concepción se vio replanteada debido a la declaración de los derechos de autonomía del paciente. Con el paso del tiempo, la concepción del paciente fue cambiando, dejando de interpretarse a éste como un mero enfermo para pasar a concebirlo como una persona con derecho de elección acerca de lo que cree o no conveniente para su salud.

Si bien el profesional de la salud es quien tiene el conocimiento y la formación académica que le permite llevar a cabo las intervenciones que considere oportunas, el rol del paciente debe ser respetado, porque es quien tomará la decisión final acerca de lo que considera oportuno para sí mismo.

Conflictos entre beneficencia y autonomía

La medicina se enfrenta a un nuevo dilema, el conflicto acerca de la supremacía de dos principios: autonomía y beneficencia. Quienes defienden la supremacía de los derechos de los pacientes, sostienen que el médico debe brindar la información necesaria para que el consentimiento del paciente sea producto de una decisión autónoma y conciente. Por otro lado, quienes defienden la supremacía del principio de beneficencia, afirman que el médico siempre y en cualquier circunstancia debe actuar en beneficio del paciente, sin poner atención en promover decisiones autónomas por parte de éste.

En situaciones concretas, estas diferencias son difíciles de distinguir. Muchas veces, predomina la beneficencia frente a decisiones autónomas irresponsables. Asimismo, en los casos concretos, podría pensarse que la beneficencia y la autonomía no están enfrentadas sino que más bien tienen que incorporarse o vincularse entre sí, para no caer en ninguno de los dos extremos.

Beneficencia y paternalismo

El paternalismo se presenta cuando el profesional médico ejerce su poder sobre el paciente, sin tener en cuenta las decisiones y los deseos de éste.

La relación médico.paciente es una relación desigual, ya que el médico posee conocimiento, formación y preparación sobre algo que el paciente desconoce. Este conocimiento le da poder al profesional.

El paternalismo, en este sentido, es una mezcla de beneficencia y poder, que, en rpincipio, puede ser interpretada como positiva, ya que su fin último es la búsqueda del bienestar del paciente. Sin embargo, en algunos casos, puede parecer negativa porque ese poder anula los deseos que pueda tener el paciente.

Ciertamente, la medicina es una ciencia que trata con personas reales, la primacía de los principios y el supuesto ejercicio de paternalismo debe analizarse teniendo en cuenta las circunstancias concretas en las que se presenta el dilema.

Es preferible pensar una beneficencia no paternalista, que intenta hacer el bien y ayudar al paciente teniendo en cuenta sus deseos y necesidades, siempre que el paciente lo solicite. Es decir que se puede pensar una beneficencia que toma en cuenta el consentimiento del paciente. Asimismo, cuando el consentimiento es imposible por diversos motivos (por ejemplo, en el caso de nilños o deficientes mentales), la obligación moral de la beneficencia impone hacer el bien y buscar siempre el beneficio del paciente.