La noción de primitivismo- es decir, amor a lo primitivo- se refiere a diversas poéticas y propuestas filosóficas contemporáneas, que comparten una postura crítica ante las sociedades modernas y que, desde tal juicio valorativo, ensalzan lo que es natural, originario y precivilizado. En especial, consideran como superiores las practicas de los pueblos alejados de la modernidad, a los más notables desarrollos actuales de la ciencia y la tecnología.

Ejemplos célebres de primitivismo filosófico son: el mito ilustrado del buen salvaje- tal y como lo abordó Rosseau, la idealización romántica del Medioevo, o bien, la añoranza de Nietzsche por el mundo de los presocráticos. No obstante, en el ámbito estético es en donde el término de primitivismo ha tenido una mayor importancia, puesto que ha servido para definir la predilección de varios artistas a encontrar inspiración en lo “primitivo”, concepto vasto en donde caben diferentes perspectivas.

Primitivismo en el arte

El primitivismo ha sido muy influyente en la historia de la pintura desde el siglo XIX. El arte de los pueblos no europeos inspiró a muchos grandes artistas. Van Gogh era un coleccionista de láminas japonesas; Gauguin viajó a Polinesia atraído por el estilo de vida de sus habitantes autóctonos; Picasso concibió la pintura cubista tomando como modelo el arte africano, y Jackson Pollock imitó los dibujos en la arena de los indios navajos, para desarrollar su action painting. De hecho, no existe una forma del arte tribal que no haya sido evocada por una de las vanguardias del siglo XX.

Discursos alternativos

El arte infantil es otra variante de primitivismo. Paul Klee recomendaba comenzar una obra de arte partiendo de la habitación de los niños. Desde una perspectiva estética, los niños son “primitivos”, seres autónomos y en cierta manera pre-culturales, con sus particulares discursos expresivos. Se puede hallar una coincidencia de miras, entre el arte infantil y el cultivado por maestros de la pintura como el propio Klee, Joan Miró o Jean Dubuffet, principalmente en lo que la piscología denomina como “etapa del garabato”.

Existe otro estilo pictórico relacionado con el primitivismo: el arte naif. Y es que si bien las obras inscritas en este tipo de expresividad, no son demasiado “exóticas”, sí se caracterizan por el autodidactismo de los artistas que las elaboran. Esa opción de basarse en el instinto - desconociendo la historia del arte y las maneras ortodoxas de pintar - para manifestarse de una manera ingenua y estéticamente pura, vincula al arte naif con el primitivismo.

El arte de los enfermos mentales es otra variación del arte primitivo y surge principalmente de los estratos marginados de las sociedades. Desde cierta exposición montada en 1947 por Jean Dubuffet, el arte de los dementes ha dejado de ser objeto de interés exclusivo para la psiquiatría, para catalogarse, rescatado para la cultura, en la noción de art brut, es decir, obras no intencionales y surgidas de un estado inconsciente. Pueden llegar a ser art brut, por ejemplo, los garabatos realizados en los muros de los manicomios.

Para quedarse y reconocerse

El primitivismo no es algo accesorio en el arte contemporáneo, sino un elemento que ha devenido constitutivo. Los modelos estéticos del siglo XIX eran verticales y jerárquicos y comprendían la historia del arte como un desarrollo evolutivo, muy relacionado con la idea de progreso. En cambio, las poéticas contemporáneas, todas ellas compatibles con el primitivismo, conciben la historia del arte como horizontal y por lo tanto, entre los diferentes estilos no existe avance alguno, sino diversidad libre, que se debe respetar y preservar. El primitivismo nos recuerda que, toda alternativa artística, en cuanto manifestación vivencial, resulta significativa y legítima.