La primera representación del Nacimiento, se remonta al siglo XIII en las cercanías de la villa italiana de Greccio.

Se acercaba la Navidad de 1223 y el fraile Francisco solicitó autorización del Papa Honorio III para celebrar aquella Navidad con un Nacimiento viviente.

La historia relatada por el primer biógrafo de la vida de San Francisco

La manera en que conmemoró, el que más tarde se convertiría en Santo, aquella Navidad, tres años antes de su muerte, quedó plasmada en el trabajo de los biógrafos que centraron sus escritos en su vida.

Tomás de Celano, considerado el primer biógrafo de San Francisco de Asis, lo describe en la obra titulada Vida primera, escrita en 1228; después, San Buenaventura lo haría basándose en el relato de Celano, aunque en forma más explícita, en Leyenda Mayor, escrita en 1262.

Ambas narraciones hablan de una reproducción del primer belén con el buey y el asno, sirviéndose de una hendidura natural en la roca como cuna para el Niño Jesús.

Francisco pidió a un hombre piadoso, proveniente de una noble y honorable familia, a quién bien quería, porque no obstante su origen despreciaba la nobleza de la sangre aspirando a la nobleza del corazón, que le ayudara a celebrar en Greccio la fiesta de la Navidad.

Juan, como se llamaba este hombre, estaba encargado de llevar al lugar indicado por Francisco el asno y el buey, la paja para la cuna del niño y, en especial, pedir a la gente del lugar que la noche del 24 al 25 acudiera al lugar portando antorchas.

Tanto hombres y mujeres, como ancianos y niños, prepararon, según las posibilidades de cada uno, cirios y teas para iluminar la oscuridad y se dirigieron al lugar de la cita.

Todo estaba dispuesto, como lo había pedido, para cuando llegó Francisco al lugar y se alegró de ello, Greccio se había convertido en una nueva Belén.

Las teas iluminaban la noche con un resplandor que la convertía en día; las voces de aquellas personas se elevan entonando himnos de júbilo, se celebra la misa y las horas transcurren entre cantos y alegría.

De pie ante el pesebre Francisco viste de diácono, pues lo era, su voz sonora predica al pueblo y al hablar del nacimiento de Jesús su ternura se hace patente, al niño Jesús se refiere reiteradamente como “el Niño de Betheleem”.

El primer pesebre franciscano y el milagro

Es Juan, a quien otros historiadores nombran Giovanni, el hombre devoto amigo de Francisco, el que tiene una maravillosa visión. Aseguró haber visto recostado y dormido en el pesebre a un niño, extraordinariamente hermoso y al Santo despertándolo con gran ternura.

Una visión comprobada y confirmada, es la veracidad de los milagros que siguieron a la celebración del pesebre. La gente del pueblo guardó el heno utilizado y se convirtió en una milagrosa medicina para los animales enfermos y para los humanos.

Mujeres con partos largos y dolorosos encontraban alivio colocando sobre su vientre un poco de este heno y daban a luz felizmente y personas de ambos sexos, hallaron en ese heno, la curación de diversos males.

Una iglesia en honor de San Francisco

Francisco permaneció en Greccio hasta pasada la Pascua de 1224.

En el lugar donde se celebró la misa y se recreó el primer pesebre, se levantó un templo que luego fue consagrado en honor al santo.

A la antigua iglesia y convento del siglo XIII, se han añadido otras construcciones; la gruta, transformada en capilla el mismo año de la canonización de San Francisco, se conserva prácticamente igual, con la roca que sirvió de altar y pesebre en la Navidad de 1923.