La figura histórica de Nefertiti aparece como esposa de Amenofis IV, más tarde conocido como Akenatón, alrededor del año 1350 a.C. en plena Dinastía XVIII en el Imperio Nuevo. La cronología marca la duración del reinado, en diecisiete años (1364 – 1347 a.C.). Fue un periodo convulso en el que el país del Nilo, cambió su cosmovisión consagrando el culto oficial al dios Atón, en contra del clero oficial seguidor de Amón.

Siglos después, en el año 1912, durante unas excavaciones realizadas por la Orient-Gesellchaft (Sociedad Alemana de Oriente) en Tell–el-Amarna, y dirigidas por el egiptólogo alemán Ludwig Borcharden, un grito de un trabajador hizo estremecer a todo el equipo. Había encontrado el busto más hermoso de la historia, el busto de la reina Nefertiti. Estaba cabeza abajo, entre cascotes de piedras y arena, y aun así, hipnotizaba por su belleza y conservación.

Polémica

A raíz de este descubrimiento, comenzó una polémica que aun dura hoy en día, la de quién sería realmente su dueño. ¿Egipto o Alemania? Nadie quería desprenderse de la fascinante figura.

El busto salió de Egipto en manos alemanas, bajo el amparo de una ley según la cual, la expedición podía quedarse con el cuarenta por ciento de las piezas halladas. Se trataba de una operación legal, pero se realizó con suma cautela, ocultando la esfinge entre muchas otras piezas. De esta manera llegó a Alemania y de allí no se ha movido.

La discusión dura casi un siglo, y pese a los esfuerzos del gobierno egipcio y muy concretamente de Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, la figura, no tiene las trazas de abandonar Berlín.

El intrigante misterio del ojo izquierdo de Nefertiti

Después de diferentes y meticulosos estudios, se ha llegado a la conclusión de que el busto de Nefertiti, que apareció a la luz pública sin su ojo izquierdo, nunca lo tuvo en realidad.

Existen varias hipótesis al respecto. Una, que el escultor fue interrumpido en su trabajo y dejó su taller sin terminar la tarea. Otra, que la reina Nefertiti hubiera perdido su ojo en algún accidente, y que el artista habría querido representar una obra realista. Y aun se habla de que el artífice del busto, pudo enamorarse de la reina y al no ser correspondido, se negara a completar su trabajo artístico.

Algunos estudiosos, mantienen la teoría de que en el Antiguo Egipto, se tenía la costumbre de orientar las figuras hacia la derecha, por lo que pudo tener ese lado de la cara, un acabado más cuidadoso. En todo caso, esta curiosa faceta es un misterio más, para añadir a toda la bruma histórica que rodea a la reina egipcia.

El interés de Adolf Hitler por la estatua de Nefertiti

En 1939 hubo una ofensiva diplomática de Egipto para recuperar el busto de Nefertiti. Pese a las reticencias alemanas, todo parecía indicar que se produciría el anhelado regreso, ya que hubieron contactos diplomáticos del rey Fuad I, con Hermann Göering, mariscal del Reich y hombre fuerte del Führer.

Sin embargo, Adolf Hitler se negó en redondo a la devolución, ya que al parecer la figura ejercía sobre él una gran influencia, y le encontraba una vertiente de parecido con la belleza aria.

Repasando documentación del periodo nazi, se ha podido constatar que el dictador junto con el principal arquitecto del Reich, Albert Speer, habían diseñado un fastuoso proyecto de una cámara coronada con una gran bóveda, y que en el centro, se ubicaría la extraordinaria figura de la misteriosa reina de Egipto, Nefertiti.

El misterioso ir y venir del busto real egipcio

Desde su llegada a Alemania, el busto, ha estado ubicado en diferentes lugares. Desde 1912 a 1920, estuvo en poder del mecenas y coleccionista alemán James Simon.

En 1920, lo donó al Ägyptisches Museum de Berlín, para pasar unos años después al Neues Museum, donde estuvo expuesto hasta 1943, momento que fue trasladado a un lugar seguro a causa de la II Guerra Mundial, circunstancia que salvó la figura, ya que el museo quedó totalmente destruido por la acción de las bombas.

Los continuados ataques aliados del día 3 de febrero de 1945 sobre Berlín, no causaron ningún daño al busto, ya que el gobierno nazi lo había trasladado primero a Frankfurt y posteriormente a Wiesbaden. En plena retirada, al parecer la ocultaron junto con otros tesoros de arte, en una mina de sal de Turingia, al este de Alemania.

En 1956 volvió a Berlín, pero para que no cayera en manos de los soviéticos que tenían a su cargo la zona en donde estaba el Neues Museum, los responsables americanos, lo trasladaron a varios lugares itinerantes de la zona occidental, hasta que en 1967 se la ubicó en el Palacio de Charlottenburg, al que se le denominó Museo Egipcio de Berlín.

Después de pasar una temporada en el Altes Museum, en la Isla de los Museos, se ha mudado definitivamente al cercano Neues Museum, en donde se encuentra desde el 17 de octubre del 2009.

La enigmática mirada de Nefertiti, continua mirando hacia el infinito, con una media sonrisa, observando el paso del tiempo, ajena a toda la polémica que conlleva su definitiva ubicación.