Desde que el hombre camina con los ojos bien abiertos sobre la tierra no le ha pasado desapercibido el espléndido abanico de poderes que tienen las plantas. Desde el sencillo don de la belleza, por el cual la simple contemplación de algo bello le levanta el ánimo y le relaja el espíritu, hasta el interno poder que tienen las plantas como sustancias para sanar.

El secreto que encierra la savia

En cada rosa, en cada almendro, en cada flor de lavanda y en cada brizna de hierba reside el alma, en esencia, de cada elemento que le precedió. Como los animales, que van pasando de padres a hijos, a través de los genes, los conocimientos que les guiaron en su paso por la existencia, de igual modo las plantas transmiten en un proceso lento sus avances, de generación en generación. Dormir bajo la sombra de un roble, acariciar los pétalos de una rosa o beber una taza de mejorana nos cobijará como nos cobija una madre, en un abrazo de transmisión de ayuda, igual o superior a cualquier abrazo del mejor de nuestros amigos. No tenemos más que escuchar. Aprender. Ejercitar. Y vivir.

Acercarse con los sentidos

Después de la vista, para aprender a conocerlas y distinguirlas el siguiente de los sentidos que tendremos que ejercitar con ellas es el del oído. ¿No habéis escuchado nunca cómo silba el viento entre las hojas de cada planta? ¿No os habéis parado a pensar en lo diferente que suenan? Lo segundo en lo que habremos de fijarnos es en el olor. ¿Por qué la hierbabuena tiene un perfume tan agradable? No en vano, es de las plantas que más despiertan el deseo sexual. Como también lo hace la verbena, no por casualidad llamada la "hierba de Venus", cuyo secreto es combatir la impotencia y la frigidez.

Dicen que en la Edad Media el filtro de amor más usado utilizaba las flores y las hojas de la verbena ya secas, puestas a remojo un cuarto de hora en agua fría, dejándolo hervir un instante después.

Ellas tienen el remedio

Sabemos que el mundo actual no deja tiempo para estas preparaciones, pero quizás estemos gastando este preciado tesoro en cosas que en verdad no nos interesan tanto, y nos estemos engañando con toda impunidad. Porque no se tarda tanto en comer una manzana, y con ello estamos potenciando la fuerza de nuestro corazón. Buscamos tranquilidad que apacigüe las prisas en las que nos zambullimos sin saber que la tila, la amapola, la valeriana y la manzanilla nos relajan, mezcladas, hasta lo absoluto.

La tristeza la espanta el tomillo, como la camomila y la lavanda.

Persiguiendo la belleza

Buscamos la belleza en cremas y en inyecciones, operaciones y píldoras, que, a buen seguro, estarán muy bien, pero ¿nos hemos parado a observar lo bien que sientan ciertas costumbres a las mujeres, aparte de su sencillez y lo baratas que pueden llegar a ser?

Para dar luminosidad al rostro no hay nada como comer lechuga. El agua fría y el saúco son los mejores aliados para tener un pelo espectacular. La leche de pepino hervida limpia la piel; frotándonos con hammamelis nos quitaremos los granos; la hiedra proporciona los reflejos más lindos al cabello negro, y la camomila a los rubios. Para que el pelo crezca sano y fuerte la naranja es lo mejor; si queremos darle brillo, lo enjuagaremos con limón. El mejor laxante que existe es la canela, y para cortar el catarro, utilizaremos limón, miel, higos y menta. La calabaza cura las quemaduras, y la hierba de la salvia tranquiliza el corazón.

Persiguiendo el conocimiento

Hay plantas míticas, conocidas desde la más antigua oscuridad, preservado su poder exclusivamente a los seductores tratados botánicos ocultos en bibliotecas, como la mandrágora, cuyas propiedades parecen ser altamente gratificantes. La salvia es la mejor amiga para la matriz de la mujer. Las ideas absurdas se combaten con lúpulo, lavanda, valeriana y hojas de naranjo. Las ampollas se curan con hojas secas de hiedra; la tos y la ronquera, con el ajo. El sueño llega con leche tibia y angélica. La imaginación aumenta con el nenúfar...

La lista es abierta e infinita. De la misma materia que las piedras y las estrellas, las plantas nos completan y nos preservan de males. Ellas nos miman si las mimamos. Despiertan la magia del mundo. Perfuman el alma del ser.