Étienne de la Boétie se preguntaba qué es lo que determina que quien tiene el poder sea obedecido. Si se analiza esta cuestión con atención se verá que el objeto de reflexión es el origen del poder. Evidentemente, este poder puede ser político, pero hay que tener presente que el poder político no es la única forma de poder.

Michel Foucault

Michel Foucault considera que todos los ámbitos de la vida están impregnados de relaciones de poder: en el trabajo, la pareja, el sistema económico, la opinión pública, el sistema político. Todas las relaciones humanas son relaciones de poder, sin olvidar que el poder no consiste en mandar u ordenar, sino en ser obedecido.

El poder político

Al salir del ámbito de la antropología y entrar en el terreno de la sociología o la filosofía política, vemos que el poder político es el más trascendente, ya que la maquinaria del estado está lo suficientemente engrasada como para llegar a todos y cada uno de los ciudadanos. No olvidemos la definición que hace Max Weber de estado: la institución que reclama con éxito el monopolio de la fuerza y la violencia en un territorio determinado.

La legitimación del poder político

La legitimación del poder es aquello que hace que los poderosos sean obedecidos. Esta legitimación puede ser a través de la coacción, o puede ser a través del convencimiento. Aunque también puede ser una combinación de ambas, así, por ejemplo, Hacienda convence a los ciudadanos de que hagan la Declaración de la Renta de forma voluntaria, pero si no lo hacen, serán multados o, en el peor de los casos, procesados.

Formas de legitimar el poder político

Max Weber considera que existen tres formas de legitimar el poder político:

Tradicional. Según esta legitimación, el poder debe estar en manos de un elegido por la divinidad, debido a que posee unas características especiales (la de gobernar sabiamente) y estas características son hereditarias, por lo que el poder pasa de padres a hijos. Los Borbones,según esta visión, gobernaban Francia en el siglo XVII por el deseo de Dios.

Carismática. Algunos individuos poseen una serie de características (carisma) que les otorga la capacidad de gobernar. Esta característica no es hereditaria, pero justifica, por sí sola la autoridad del gobernante. El fascismo, el nazismo y otros sistemas revolucionarios justifican así el poder de los gobernantes.

Racional-legal. El gobernante está legitimado para gobernar sólo si tiene el apoyo explícito del pueblo, que es el origen del poder. Así, la democracia, a través de las elecciones libres y secretas, sería el ejemplo por excelencia de esta forma de legitimación del poder.

Max Weber considera que la forma Racional-legal de legitimar el poder es la única realmente justificada, ya que las demás hacen referencia a voluntades divinas o carismas individuales que van más allá de la racionalidad y del pueblo como auténtico origen del poder político.