La palabra nace como consecuencia de la evolución del cerebro (¿o al revés?) la verdad es que son paralelos y simbióticos. De acuerdo con Jhosep T. Shipley, autor de Dictionary of Words origins "conocer cómo piensan los hombres, cómo han moldeado sus civilizaciones. La historia de la palabra encuentra el curso del compañerismo del hombre, los puentes entre los hombres y la mente, entre nación y nación."

La palabra y el lenguaje

En todo sentido, conocer el origen de las palabras es primordial para enriquecer el saber cultural, y al mismo tiempo, saber exactamente que se está diciendo.

Comúnmente se suele dar poca importancia al origen de las palabras, alegando significados contemporáneos, y muchas veces cambiados de las palabras, la palabra es un ente vivo que arrastra inexorablemente todo su pasado significativo y codificado.

Es cierto, que así como cualquier aspecto relacionado con el ser humano y la sociedad, el lenguaje está en cambio constante, día a día nuevas palabras ven la luz; ciertamente muchas nacen o se convierten en “jerga” son temporales y desaparecen con el tiempo. Pero a pesar de esta vorágine evolución del lenguaje no es posible desmerecer y no estudiar el origen y significado lo que cada persona dice diariamente (y con más razón si es una persona que ejerce poder de cualquier tipo)

La palabra tiene el poder de construir el futuro y está precisamente en ellas el destino, por una simple y gran razón que se remonta al nacimiento del homo sapiens:

Origen de los códigos, el significado y el significante, la palabra y el lenguaje

Cuando el ser humano concibió el uso de herramientas (y por lo tanto una mejor alimentación) tuvo la necesidad de pasar esos conocimientos para que no se pierdan en la muerte de quien lo descubrió.

Así se fue creando uno de los pilares de la semiótica, el código (base sustancial de la palabra y por ende del lenguaje) con un cerebro más desarrollado, el humano primitivo obtuvo una de las herramientas más importantes para su evolución: la razón, capacidad de determinar, conceptualizar y expresar códigos, así como decodificarlos de distinta índole, ya sean sonidos, expresiones corporales o pictográficas, entre muchos otros (ya que hasta la vestimenta y el modo de caminar son códigos)

Con la capacidad de crear códigos nació el significado, la cualidad de darle un nombre a las cosas y diferenciarlas usando como vehículo el significante (cualquiera que este sea) y entre otros nació la palabra y posteriormente un sistema de códigos socialmente aceptados, que es el lenguaje; dependiendo del contexto geográfico y social se diferenciaron las lenguas, es decir el sistema de códigos socialmente aceptados de cada sociedad)

El lenguaje en la sociedad

A partir del momento en el que el ser humano fue capaz de socializar los códigos, tuvo la oportunidad de que su cerebro se desarrolle más que el de cualquier otro animal; por lo que el aparecimiento del lenguaje, a fin de cuentas, representa la sobrevivencia de la raza humana.

Por lo que el lenguaje no es solo una forma de comunicación, sino la razón primordial de la evolución y construcción de lo que hoy es el humano, el homo sapiens sapiens.

Pero como nada es totalmente bueno, el lenguaje también trajo muchas cosas contraproducentes, pues al crear códigos definidos se formaron inmediatamente constructos sociales y mentales que coartaron en gran medida la capacidad total del cerebro.

Pues aun el más mínimo movimiento, pensamiento o costumbre que cada individuo considera como propia es una construcción de todo el bagaje histórico y codificado del lenguaje, así la afirmación de que el verdadero creador de la humanidad es el lenguaje, se convierte en irrefutable. Por lo que se puede comprender la diferencia de pensamiento entre cada cultura con distinta lengua.

El uso del poder-lenguaje

A pesar de ser el lenguaje un código socialmente aceptado aparentemente único, la complejidad del ser humano es tan grande y rica que para cada persona el significado de cada código puede variar; lo que socialmente se llama enfoque.

Tomando como referente todo lo anterior, la persona que esgrima la palabra debe estar consciente de la tremenda y afilada hoja que está tomando entre sus manos , jamás se debe tomar la palabra a la ligera y sin pensarlo; y aunque en muchos casos pueda parecer algo sin importancia, el uso de la palabra es lo que conforma el modo de pensar de cada individuo.

Responsabilidad con la palabra

La responsabilidad con la palabra es una labor de cada individuo, pero aun más de la persona que ejerce cualquier tipo de poder, desde hermanos mayores, padres, profesores, periodistas, gobernantes, etc. La influencia de la palabra mal utilizada por alguien que ejerza poder puede recaer en catástrofes inmensas tanto para el locutor como para la audiencia.

Por lo que, meditar cada palabra marca el contexto y fondo de lo que se intenta decir, y aun si se tratase de una broma o ironía, es indispensable hacer entender, que se trata de alguno de dichos casos.

El peso de cada palabra marca el contexto y fondo de lo que se dice, así por ejemplo no es lo mismo decir “prostituta” que ya tiene su fuerte peso social, a “persona que trabaja con la energía sexual”, el que habla debe saber exactamente a cuál de estos dos se está refiriendo.

Además, por si fuera poco, la forma en que se diga algo determina en gran medida lo que se decodifica, pues no es lo mismo decir una misma idea de forma elocuente a taciturna. Cambia totalmente el contexto y por lo tanto el significado.