Decía el escritor Antoine de Saint-Exupéry que "lo esencial es invisible a los ojos". Sin embargo, de todos los mensajes que transmite el cuerpo, las señales enviadas con los órganos oculares adquieren una importancia especial.

Se pueden utilizar los ojos y la expresividad facial para comunicar infinidad de sutiles matices emotivos, graduando así las ocho emociones humanas básicas: cólera, alegría, miedo, tristeza, amor, sorpresa, vergüenza y aversión.

Lo que se dice con los ojos depende generalmente de la duración del contacto ocular. Cuando dos personas mantienen la mirada, cada una es consciente de que ha captado la atención de la otra; si la mirada se mantiene cierto tiempo, también ha captado su interés.

Miradas esquivas

Las personas también miran fijamente cuando consideran que el objetivo de su mirada no se encuentra ahí, como a los individuos de una posición inferior (camareros, personal de limpieza...) y a aquellos a quienes se desea demostrar desprecio. Por su parte, la mirada fugaz, rápidamente desviada, expresa turbación.

Del mismo modo, la gente forzada a permanecer muy cerca en contra de su voluntad, como la que coincide en un ascensor, nunca utilizará el contacto ocular mientras pueda evitarlo. Como su espacio vital ha sido invadido, los ojos constituyen el único medio de defensa.

Ojos insinuantes

Según el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset, las personas con ojos insinuantes tienen un tesoro. Se trata de la mirada "somnolienta pero perfectamente despierta" de unos ojos entornados, semicerrados, que algunas estrellas cinematográficas, como Robert Mitchum, Marlene Dietrich, Steve McQueen o Simone Signoret, han intentado perfeccionar para favorecer su magnetismo sexual.

El lenguaje de las pupilas

Generalmente, cuando alguien miente, sus pupilas se contraen, y se dilatan cuando ve algo que le interesa. También se dilatan las pupilas al practicar sexo, y con algunas drogas, como éxtasis o LSD.

Aunque las pupilas dilatadas no indican necesariamente atracción sexual, sí pueden conseguir que quien las mira exprese más interés por su propietario.

Confianza

Con frecuencia, confiamos más en la gente que nos mira a los ojos que en la que evita nuestra mirada. El contacto ocular se utiliza con gran eficacia en el coqueteo y la seducción, aunque pueden convertirse en una fuerza destructiva si se llevan demasiado lejos.

Las claves del éxito

Según un estudio llevado a cabo por científicos de las universidades escocesas de Stirling y Aberdeen, es más probable que una persona nos parezca atractiva si sonríe y nos mira a los ojos. Al contemplar la belleza se activa la zona del cerebro asociada al deseo, por lo que desnudarse lentamente delante de la pareja y mirarla a los ojos durante el coito enriquecerá sin duda cualquier relación.

En definitiva, como sostenía el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, "el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada".