Los cuentos conocidos popularmente como cuentos de hadas son mejores que otras narraciones ya que ofrecen al niño algo más que un rato agradable: una forma en la que acabar con los propios miedos usando la imaginación, y esperanza en el futuro.

Los detractores de este tipo de cuentos suelen decir que no proporcionan una imagen “real” de la vida siendo por tanto perjudiciales para la mente infantil. Pero quienes argumentan esto no se dan cuenta de que la “realidad” de la vida adulta es distinta a la de un niño, y que siendo muchas veces sus miedos irreales la mejor defensa es contar con poderes o defensas imaginadas.

Beneficios de los cuentos de hadas

Los cuentos de hadas advierten de peligros varios al niño, pero en vez de quedarse en una moraleja como muchos cuentos actuales más realistas, dan esperanza. Dejan saber que hay males temporales que pueden superarse a través de la buena voluntad, la inteligencia o el valor, y que después de todos los monstruos que acechan siempre habrá un final feliz.

El mismo Tolkien, amante y defensor de estos relatos, afirma que “los aspectos imprescindibles de un cuento de hadas son la fantasía, la superación, la huida y el alivio: superación de un profundo desespero, huida de un enorme peligro, y, sobre todo, alivio”.

La forma en la que se plantean los problemas es siempre velada: por ejemplo, si el héroe se enfrenta a un problema interno se puede representar como un bosque en el que el protagonista no sepa qué dirección tomar.

Evidentemente un niño no es consciente de la manera en que un cuento le ayuda a resolver un problema o a darle esperanzas, pues los significados ocultos de los cuentos suelen germinar en el inconsciente haciendo que el niño llegue a la solución por sí mismo de una manera a la que no podría haber llegado sin ese apoyo.

Temor de los progenitores a la fantasía

Muchos padres sienten un rechazo hacia los cuentos de hadas y no cuentan con ellos para educar a sus hijos, ya que consideran la fantasía inútil e incluso contraproducente. Esto puede deberse a varias razones:

  • Miedo a que el niño crea en la magia: en realidad todos los niños –salvo a los que en su vida la realidad se ha impuesto con tanta dureza que han visto su fantasía decepcionada desde siempre- creen en la magia hasta que crecen. Incluso sin conocer cuentos de hadas, un niño puede dar connotaciones mágicas a elementos de la vida real sin que ello sea negativo para su desarrollo.
  • Temor a que el abuso de fantasía haga que el niño se niegue a aceptar la realidad: en realidad cuanta más fantasía e imaginación tenga un niño más probabilidades tendrá de salir airoso en los enfrentamientos reales. Por ejemplo, un niño que conoce los cuentos de hadas tenderá más a la agresividad de tipo verbal que a la física.
Para evitar este tipo de miedos, hay que tener siempre en cuenta que los cuentos nunca tratan de dar una descripción de la realidad, pero que si se toman como símbolos de problemas o hechos psicológicos estos relatos tienen mucho de verdaderos.

Diferencia entre realidad y fantasía

Algo que suele preocupar a los padres es que los niños prefieran ese mundo de fantasía que se les plantea a la vida real. Sin embargo, los mismo comienzos de los cuentos –“En un país muy lejano, hace mucho tiempo…”- alejan la realidad de estos de la vida cotidiana. Además, por mucho que a un niño le gusten los dragones, no desearía encontrárselos de verdad en la cercanía de su casa, poniendo en peligro su mundo relativamente seguro.

Del mismo modo, un niño comprende que nunca va a ser Rey por mucho que lo consigan los personajes de los cuentos que ama. De hecho, el llegar a ser Rey es una metáfora del camino que sigue un niño hasta llegar a su propia madurez, cuando él dicta sus propias normas tras haber conseguido la sabiduría necesaria para hacerlo con justicia.

Consecuencias de no conocer los cuentos de hadas

La represión de ciertos sentimientos que el niño siente hacia su mundo y hacia sí mismo pueden crearle problemas posteriores que no tendría de haber podido afrontar sus temores a través de la fantasía de los cuentos, superándolos aunque sea en su imaginación.

Los críticos de los cuentos de hadas olvidan que además hay un monstruo que el niño teme por encima de todo lo demás: el que habita dentro de sí mismo. Si no se habla de esos monstruos y miedos interiores el niño no les podrá dar forma y no los podrá vencer.

Por ejemplo, si el niño teme ser devorado ese miedo se encarnará en la forma de una bruja, de la que puede librarse metiéndola en el horno como en Hansel y Gretel.

Leer cuentos de hadas a los niños

Otra característica de los cuentos de hadas es que es mejor que los padres los lean a los hijos que que estos los lean por sí solos. Evidentemente el potenciar el interés por la lectura de un niño es importante, pero que los padres lean este tipo de cuentos hace que sean más efectivos ya que al hacerlo el padre se pone del lado del niño, apoyándolo en sus miedos irracionales y dándole siempre la solución y la esperanza de un final feliz.

Es importante anotar que esa lectura debe hacerse con interés por parte del padre que la realice, ya que una participación activa por parte del progenitor enriquece la historia que se narra.

Además, el padre debe estar atento para saber qué cuento es el que su hijo prefiere que le lea. Todos los niños suelen tener algún cuento que prefieren por encima de todos los demás, y aunque la variedad es buena, la repetición de ese cuento favorito ayudará al niño a lidiar con su problema concreto.