Esos animales de pasos silenciosos, mirada atenta y curiosidad infinita han despertado amores incondicionales y odios irracionales fomentados por el misticismo de lo peligroso de tener un gato en el hogar. Estudios recientes demuestran que los felinos no son sólo animales de compañía sin peligro alguno, sino que, además, podrían aportar grandes beneficios a sus dueños.

El gato en la historia

La domesticación del gato comenzó en Egipto hace unos seis mil años, cuando los faraones vieron en estos animales los aliados perfectos en el combate de las plagas de ratas y ratones que amenazaban sus reservas de grano. Tal fue su utilidad que acabaron siendo animales sagrados, alcanzando la categoría de dioses. La adoración de los gatos no es exclusiva de la civilización egipcia; otras civilizaciones como la china, la india, la inca o la romana adoraban y protegían a estos felinos.

No obstante, estos animales que tantos beneficios aportaron en el saneamiento de las ciudades antiguas, fueron considerados seres obscuros portadores de desgracias y enfermedades a inicios de la Edad Media, cuando pasaron a ser símbolos del ocultismo y la brujería. Esta persecución coincidió curiosamente con la aparición de las grandes plagas de peste negra en las ciudades europeas, al no contar con una barrera natural ante la transmisión de enfermedades por parte de las ratas.

Los gatos reducen el estrés

Una vez abandonado el uso plaguicida de los gatos en las ciudades antiguas, los últimos estudios científicos efectuados por el Centro de Investigación de Interacción Humano-Animal de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Missouri han demostrado que tener un gato ayuda a las personas con problemas de hipertensión y riesgo de sufrir un infarto a reducir el estrés, mejorar la presión sanguínea y generar estabilidad mental.

En el estudio se demostró que cuando el gato está en presencia de sus dueños genera cantidades reducidas de la hormona cortisol que beneficia tanto a los seres humanos como a los mismos felinos. Además, al acariciar el pelaje suave de estas mascotas y generarse el ronroneo del animal, los seres humanos consiguen ir reduciendo sus niveles de estrés y calmando la ansiedad, del mismo modo que algunos psicólogos y terapeutas recomiendan el uso de bolas, peluches y accesorios antiestrés.

Asimismo, el bajo nivel de exigencia en los cuidados de estos animales ayuda a sus dueños a no sentir un nivel de estrés mayor al llegar a casa y tener que enfrentarse a los cuidados de sus mascotas, pues no tienen necesidad de estar sacándolos a pasear, limpiando sus "desastres" o aseando sus pelajes para evitar malos olores. En una época en la que la rutina está llena de presiones y obligaciones, poder sentarse a disfrutar de un momento de absoluta relajación es todo un regalo, sin tener que renunciar a los beneficios de tener una mascota en casa.

El ronroneo: una frecuencia curativa

El origen del ronroneo, sus causas y aplicaciones han sido fuente de estudio desde hace años. El mecanismo de cómo se produce aún permanece sin resolver por parte de la comunidad científica, aunque ya han señalado que el ronroneo es usado por el gato cuando siente miedo, alegría o está enfermo, pues al ronronear genera una frecuencia de entre 20-50 hercios que ayuda a estos animales a curar y fortalecer los músculos, los ligamentos, los tendones e incluso los huesos.

De este modo, muchos intuyen, como es el caso de la investigadora científica bioacústica Elizabeth Von Muggenthaler, que estas vibraciones u ondas podrían generar beneficios positivos en los dueños de los gatos. Es extraño observar cómo los gatos pueden intuir cuando al ser humano le duele alguna parte del cuerpo o padece algún tipo de desequilibrio emocional, corriendo a posicionarse cerca del paciente para comenzar inmediatamente a ronronear.

Las terapias con animales son un recurso frecuente en los tratamientos contra distintos padecimientos tanto físicos como psicológicos. Por ello no es de extrañar que estos animales tan adorados y al mismo tiempo tan mitificados posean beneficios notorios más allá de la compañía que ofrecen y de su cariño constante.