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Esta película está considerada una de las más importantes dentro de la ciencia ficción, junto a su contemporánea “2001, Una odisea en el espacio”. Ambas tienen un punto pionero, al rescatar al género del ghetto de la serie B, y aliarse desde el séptimo arte a esa nueva ola de la ciencia ficción, que en los años 60 experimentó en el campo de la literatura, tanto con el lenguaje, como con los contenidos filosóficos de las tramas.
Una novela de Pierre Boulle guionizada por Rod Serling
Pierre Boulle, escritor francés, ya conocía el éxito en Hollywood por su novela “El puente sobre el río Kwai” llevada al cine en 1957 por David Lean. El productor Arthur P. Jacobs compró los derechos de su nueva novela de ciencia ficción y contrató al genial Rod Serling para adaptarla a la gran pantalla. Serling ya había demostrado su valía como guionista en series como la genial “The Twilight Zone”, que el mismo presentaba, y llevó la novela de Boulle a su terreno, restándole solemnidad y dándole su característico tono irónico, introduciendo sus reflexiones socio-políticas sobre la sociedad humana. Más tarde, el también excelente guionista Michael Wilson (habitual de Lean y perseguido por los esbirros de McCarthy) completó la escritura, creando una historia redonda.
La importante ayuda de Charlton Heston
El incansable Jacobs intentó vender su proyecto por todas partes pero fue rechazado tanto por los estudios como por los directores. Nadie vio viabilidad en un proyecto tan costoso, complejo y minoritario. La ciencia ficción era en esos años un género marginado, sin grandes presupuestos y orientado al público juvenil.
Todo cambia cuando Charlton Heston, actor de gran éxito en esos años, se interesa por el proyecto al leer el guión y vislumbrar un filón. Queriendo interpretar al misántropo astronauta Taylor, se involucra rápidamente en la película, consiguiendo como director a Franklin J. Schaffner y a actores del prestigio de Edward G. Robinson. La 20th Century Fox acepta financiar el proyecto cuando ve los magníficos efectivos que se van sumando en torno a Heston.
El rodaje, plagado de anécdotas
Lo principal para llevar a buen puerto el proyecto era conseguir un maquillaje adecuado. El encargado fue John Chambers (y 80 ayudantes), que revolucionó el mundo del maquillaje en el cine al crear un sistema artesanal basado en múltiples capas de látex con el que los actores lo pasaron realmente mal. Pasaban horas bajo el sol, asándose bajo kilos de maquillaje y comiendo solo líquidos. La primera baja fue un agotado Edward G. Robinson, que no pudo encarnar al Dr. Zaius. El antagonista fue interpretado finalmente, y de forma impecable, por el inglés Maurice Evans, que hizo el papel de su vida.
Otra baja importante fue Rock Hudson encargado de encarnar al mono Cornelius, pero abandonó el proyecto por motivos de trabajo. Sería interesante ver al actor maquillado como un simio.
Cuenta Heston que era curioso que en los descasos del rodaje, los diversos simios se agrupaban según su raza. Los chimpncés comían separados de orangutanes y de gorilas, creando sus propias castas. Un Heston, que por cierto fue misteriosamente degradado en la versión española, pasando de comandante a capitán.
Un equipo de lujo
Junto a los grandes artistas involucrados en el proyecto, también trabajaron excelentes decoradores y localizadores, principalmente William Creber y Jack Martin Smith, que dotaron al film de su peculiar atmósfera creando esas construcciones futuristas influenciadas, entre otros, por el arquitecto Gaudí.
El delirante vestuario de la película fue ideado por Morton Haack, desde las jerarquizadas ropas de los simios agrupados en castas, hasta el taparrabos que luce Heston toda la película, pasando por los trajes de astronauta.
El compositor Jerry Goldsmith ("Chinatown", "Alien", "La profecía", "Desafío Total") contribuyó a esa atmósfera con su partitura extraterrestre y jazzística, perfecta para la película. Sin echar mano de la electrónica, compone mediante disonancias y reverberaciones unas sonoridades, que a veces recuerdan a voces de simios de verdad.
La simiomanía
El éxito de la película fue inmediato, creándose un nuevo mercado al dotar de importancia al merchandising, que supuso un enorme aumento de ingresos para la Fox y consolidaría una nueva forma de industria para el cine, hoy en día en plena vigencia.
No tardaron en hacerse secuelas de gran éxito durante los 70, algunas mejores que otras, en las que incluso participaron directores de la talla de John Huston o John Landis. Todas ellas formaron una saga con una mitología propia, hoy mitificada como obras de culto.
Tim Burton realizó en el año 2001 un olvidable remake de la película, en el que increiblemente desvirtúa todo el misterio presente en la obra original. El antaño confiable director, se pierde en escenas de acción que no aportan nada y un maquillaje ni la mitad de eficaz que el del 68, haciendo de su versión una película que no llega ni a homenaje digno para la mítica la saga.
