El plagio es un delito. No importa en qué nivel se efectúe. La figura delictiva es robo y quienes realizan el ilícito son ladrones. Decirlo de otra forma es simplemente señalar eufemismos.

Sin embargo, está apareciendo una nueva modalidad de plagio favorecida por las nuevas tecnologías que parecen favorecer la impunidad de quienes no descansan en la tarea de robar.

El plagio y sus raíces

El plagio no es nuevo, ha existido desde el comienzo de la historia. Siempre hay alguien que toma el camino fácil de contar o escribir algo como si fuera propio, cuando el dueño es otro. Sería ingenuo pensar que alguna vez se terminará, pero al menos, cada vez la tienen más difícil quiénes han hecho del robo de información ajena un negocio personal lucrativo.

En ocasiones en las universidades hay negocios asociados al plagio, gente que copia trabajos profesionales y que los presenta como propios, y personas que se dedican a este "negocio" de proveerle material a otros.

Con el acceso a las nuevas tecnologías el asunto del plagio está alcanzando niveles alarmantes. Estudiantes que presentan trabajos copiados directamente de internet o de enciclopedias electrónicas; docentes que presentan clases sin investigación, sólo copiando trabajos de otros; inclusive, alumnos de posgrado que entregan trabajos que han sido plagiados de otros. El asunto es cada vez más serio y está haciendo que se busquen soluciones más radicales frente al problema, o en los centros de estudio y de trabajo se ponen más reglas con tal de impedir esta situación.

Plagio de traducciones

La nueva modalidad que ha puesto en el tapete el problema es tomar trabajos, libros e investigaciones publicadas en otros idiomas, traducirlas con traductores automáticos, y luego, presentarlos en otro idioma como si fuera propio.

La idea es que los plagiadores parten de la base de que nadie notara el engaño, porque difícilmente se darán cuenta de la argucia.

Dos investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia, en España, han desarrollado un método que permite detectar automáticamente textos plagiados de fuentes traducidas. El proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno español, pretende detener de alguna forma este delito, o al menos, hacer más difícil su concreción.

El investigador Paolo Rosso, autor del proyecto, señaló en el Languages Resources and Evaluation Journal que el "problema del plagio, en particular el de texto, se ha incrementado debido al fácil acceso a grandes fuentes de información a través de medios electrónicos" por lo que se hace necesario "desarrollar mecanismos automatizados que permitan realizar la tarea de detección de plagio y así combatir la creciente tentación de plagiar desde la web".

El programa en cuestión trabaja con un algoritmo al que "se le pasa una cantidad bastante grande de pares de traducciones de un idioma a otro y cuando se le programa un texto traducido al castellano, por ejemplo, la base de datos donde está la fuente en inglés detecta cuántos similares o partes de ese texto hay en la traducción con respecto a la fuente".

El proyecto señala Rosso, pretende tener una aplicación en la investigación forense para proporcionar "la evidencia necesaria para que un experto tenga las mejores condiciones posibles para una decisión final respecto a si ha habido o no plagio".

La realidad del plagio

La verdad es que el programa es válido para información que se encuentre en la red, es más difícil para información que es plagiada directamente de textos no publicados en internet. No obstante, el programa tiene una posibilidad de recabar información e ir incrementándola con el fin de "aprender" nuevas formas de encarar el plagio. Se suma de esta forma a otras herramientas ya disponibles.

No se va acabar la lacra del plagio y la nueva modalidad del "plagio de traducciones", pero al menos iniciativas como la señalada harán más difícil el delito a los ladrones de información. Tiempos nuevos demandan nuevas alternativas y mejoras a los sistemas de detección.