El kama es la parte o meta que se relaciona con el amor, el placer, la sexualidad y el deseo. Se trata, en consecuencia, del placer en estado puro, o sea, de la capacidad de alcanzar todo tipo de satisfacciones a través del libro del Kamasutra y de sus aforismos del amor. En ocasiones se ha relacionado el kama con el hedonismo occidental, pero el aspecto oriental se refiere más a los placeres sencillos de disfrute amatorio que a la práctica sexual propiamente dicha.

El kama es el disfrute de los objetos mediante los cinco sentidos: el oído, el tacto, la vista, el gusto y el olfato. La manera de conseguir el aprendizaje del kama es a través del Kamasutra y los aforismo del amor y por medio de la experiencia propia y vivida por cada persona. De hecho, el kama se encuentra en todos los lugares y rincones y no requiere un mayor aprendizaje o estudio detenido del mismo para poder ser capaz de practicarlo.

Si bien, el arte del acercamiento, el cortejo y la relación sexual dependen del hombre y de la mujer y, en consecuencia, requieren la aplicación de los medios adecuados para que el acto amatorio sea completamente placentero para ambos, por ello cuanto más se conozca o se haya estudiado, mayor será la satisfacción última de los amantes.

Necesidad humana

El propio autor del Kamasutra, Vatsyayana, afirmaba que “los placeres del kama son tan necesarios como el alimento para la existencia y el bienestar del cuerpo y, por tanto, igualmente legítimos”, aunque estima que estos placeres han de seguirse según los criterios de moderación y cautela.

La edad idónea de comienzo de aprendizaje del kama es en la adolescencia. El kama se encuentra íntimamente ligado con la sensualidad, el erotismo y el placer sexual que se encuentra recogido en el Kamasutra, por lo tanto la edad de inicio en la práctica del kama debe ser el comienzo de la adolescencia, porque el kama no supone únicamente recibir placer sino también dar placer.

En último término, el kama supone la consecución de una meta satisfactoria y placentera en donde ambos amantes consiguen cerrar el círculo de placer y de amor en un único cuerpo. El kama y el propio tratado del Kamasutra se ha desarrollado, sobre todo, en Oriente y ahora con más influencia en Occidente, a través de la escuela tántrica, por medio de su filosofía, su planteamiento vital y su realización sexual.

La amante perfecta

Según Vatsyayana, la mujer tiene el deber de aprender el Kamasutra en todos sus extremos, desde las distintas posturas sexuales hasta las prácticas relacionadas con las artes amatorias y sociales, como son el canto, los instrumentos musicales, la danza, escritura y dibujo, la decoración, los juegos de palabra, la lectura, la carpintería o la poesía, entre otras.

A pesar de que el kama ha permanecido en el tiempo como el principal tratado erótico de toda la historia de la humanidad, lo cierto es que Vatsyayana lo consideró el tercer pilar dentro de los tres fines y objetivos de la vida: el dharma, el artha y el kama. No en vano, el texto del Kamasutra ha perdurado en el tiempo gracias al reconocimiento más explícito de las partes enfocadas al tema sexual, obviando en ocasiones las observaciones filosóficas o los consejos prácticos que acompaña el tratado amatorio hindú.

El placer máximo

El kama, en conclusión, permite el aprendizaje de una técnica y la práctica de la misma con el objetivo primero y último de proporcionar y de recibir placer. En este sentido el kama y el Kamasutra proporciona ‘un todo’ para que los amantes se conviertan en seres más deseables y más aceptables.

Esta circunstancia se consigue a través del estudio, de la adquisición del conocimiento y de la experiencia por medio de la práctica. Además, una persona preocupada en el arte amatorio debe ocuparse no solamente de lo aprendido y de lo experimentado, sino también de ampliar su conocimiento y su práctica, y de demostrar su experiencia y su sabiduría sexual a su amante. Se trata, por tanto, en ser receptor y emisor de placer, al tiempo que prueba, experimenta, emociona y exhibe sus conocimientos y prácticas en conjunción con la otra persona.