El perezoso es uno de esos animales cuyo aspecto y temperamento juegan en su contra a la hora de despertar nuestra inestable admiración. Lo que jamás hemos sospechado es que es eso precisamente lo que ellos buscan de modo sistemático: pasar desapercibidos.

Sobreviviendo en la selva

La selva en general, y especialmente las selvas tropicales de Sudamérica (hogar de este singular mamífero), no son entornos en los cuales la vida consista en una plácida sucesión de días cálidos y noches paradisíacas. Muy al contrario, estas regiones son sin duda enclaves cuya inmensa belleza sólo es comparable en magnitud con la hostilidad derivada de la ingobernable lucha por la supervivencia.

Las características del oso perezoso no se antojan las más adecuadas para sobrevivir en este ecosistema. Con una estatura media normalmente no superior a un metro, impedido para desplazarse a más de 2 kilómetros por hora, generalmente quieto, durmiendo cabeza abajo en los árboles, da la impresión de ser un suculento banquete para los voraces emperadores de la región.

No obstante, su extraño comportamiento resulta tremendamente eficaz y podría decirse que responde a un alto grado de perspicacia. Siendo consciente de su incapacidad para huir y de las dificultades que encontraría a la hora de repeler ciertas agresiones, el perezoso trata simplemente de evitar que dichos ataques se produzcan. Estático y cromáticamente idéntico a la vegetación, los depredadores sencillamente no lo ven.

Por otro lado, y aun siendo básicamente pacífico, sus potentes extremidades que culminan en garras largas y curvas (dos o tres, dependiendo de la variedad), pueden causar graves lesiones a sus principales depredadores, las serpientes constrictoras, el jaguar, el águila harpía y el hombre.

Y por extraño que parezca, en determinados casos, cuando la ocasión lo hace preciso, el oso perezoso puede convertirse en un elegante y sorprendentemente rápido nadador.

Un ecosistema en movimiento

Una de las más fascinantes características del perezoso se halla en su pelaje, y no sólo por crecer de forma inversa, desde el abdomen hacia el lomo, sino fundamentalmente por constituir un pequeño universo a todos los efectos.

Debido a su estampado en forma de estrías y a la humedad del entorno, este tupido vello es colonizado por algas microscópicas y líquenes. De hecho son diversas las variedades de algas unicelulares las que encuentran en el oso perezoso un hogar perfecto; pero estos vegetales, en lugar de comportarse únicamente como parásitos, entran de modo involuntario en simbiosis con el animal, pues su color verdoso, más oscuro o más claro dependiendo de la estación, proporciona al perezoso un auténtico traje de camuflaje. Las algas, a su vez, sirven de alimento a los ácaros y a otros muchos insectos.

Tanto se confunde con una formación vegetal que, en palabras del inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente, “existe incluso una especie de mariposa que vive y deposita sus huevos entre el espeso pelo del mimético perezoso”.

Jardinero responsable y eficiente

Su perfecta adaptación a la vida arborícola, camuflado entre el follaje impenetrable de la selva y alejado de los peligros que acechan en la superficie, podría permitirle no bajarse nunca de los árboles en el caso de tener siempre suficiente alimento para sobrevivir. Sin embargo, la evolución de este mamífero dictaminó en su día que habría de descender al suelo a la hora de cubrir determinadas necesidades fisiológicas.

¿Por qué razón baja el perezoso de su guarida y se expone a las amenazas del entorno, a los peligros contra los que jamás podría defenderse debido a sus insólitas morfología y motricidad? ¿No es esa una actitud incongruente y temeraria?

La naturaleza, como diría Einstein, “no juega a los dados”. Una vez por semana, debido a su lento metabolismo, el perezoso desciende del árbol y con su corta y extraña cola cava un agujero junto al árbol que habita. Allí es donde deposita sus heces, proporcionando alimento a quien a su vez está alimentándole a él.

Como puede observarse, sin ni siquiera ser consciente de ello, el oso perezoso es todo un experto en lo tocante a la simbiosis.

Una singular vida amorosa

Incluso en este ámbito estos animales resultan sorprendentemente peculiares. Son las hembras quienes, a través de escalofriantes lamentos, llaman la atención de los machos. Y debido al sobreesfuerzo que todo desplazamiento les ocasiona, los machos acudirán a la cita una sola vez a lo largo de sus vidas.

La práctica del coito llega a durar veinte horas. Esto no se debe tan sólo a la lentitud de sus movimientos, sino principalmente al hecho de que los perezosos acostumbran a quedarse dormidos en pleno fragor sexual.

Preparando el viaje a la inexistencia

La extinción de estos maravillosos animales es inminente. “Su precaria actividad sexual hace muy reducida la variabilidad de su ADN y, en consecuencia, sus posibilidades de adaptación a cambios medioambientales”, afirma la genetista Nadia Moraes-Barros, concienzuda participante en las investigaciones realizadas por el Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo. Asimismo, la eminente bióloga Vera Lucia de Oliveira lamenta que “la caza furtiva y la deforestación los hayan situado en una coyuntura insostenible, y de un modo irreparable”.

Millones de años después, tristemente, parece ser que la aventura evolutiva del entrañable perezoso llega a su fin.